Por la convivencia con mascotas sanas

Científicos panameños realizaron un estudio a felinos y perros en busca del parásito ‘toxoplasma gondii’.

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Mariángela Soberón, abogada del proyecto; Zuleima Caballero, parasitóloga molecular; Edwin Pile, veterinario epidemiólogo; Claudia Rengifo, veterinaria, y Valli de La Guardia, médica interna, conforman el equipo de investigadores. Mariángela Soberón, abogada del proyecto; Zuleima Caballero, parasitóloga molecular; Edwin Pile, veterinario epidemiólogo; Claudia Rengifo, veterinaria, y Valli de La Guardia, médica interna, conforman el equipo de investigadores.
Mariángela Soberón, abogada del proyecto; Zuleima Caballero, parasitóloga molecular; Edwin Pile, veterinario epidemiólogo; Claudia Rengifo, veterinaria, y Valli de La Guardia, médica interna, conforman el equipo de investigadores. Jazmín Saldaña.

Los pasos de los felinos domésticos y callejeros en Panamá Centro y Panamá Oeste se volvieron más sigilosos que nunca. Una pandilla de científicos andaba tras su rastro.

Llevaban cajas trampa para atraer a los miembros de la comunidad gatuna y perruna también, para llevarlos al laboratorio.

La misión consistía en dar con la presencia del parásito toxoplasma gondii en el organismo de los felinos y perros a través de una prueba de sangre. La toma de muestras de sangre se practicaban en medio de la operación de esterilización, durante las convocatorias masivas realizadas por la Fundación San Francisco de Asís.

En la cruzada por mascotas sanas participó la parasitóloga molecular Zuleima Caballero; el veterinario epidemiólogo Edwin Pile; la médica interna Valli de la Guardia; la veterinaria especialista en enfermedades transmisibles Claudia Rengifo; la asesora legal Mariángela Soberón y la becaria de la fundación Deveaux, Anabel García, fueron los especialistas dedicados al estudio de la Toxoplasmosis en Panamá.

La investigación se extendió por un año. Se temía que las mascotas fueran transmisoras del parásito toxoplasma gondii y consecuentemente esta condición pudiera afectar la salud de los seres humanos. Especialmente el contacto de ooquistes (especies de esporas o huevecillos) liberados en el aire por medio de las heces de gatos era aún más riesgoso para cualquiera embarazada cercana al animal.

El resultado fue que 30% de las mascotas salió positivo, es decir, tenía el parásito en su organismo. Por cada 10 animales hay 3 que tienen el toxoplasma gondii, resume Rengifo del estudio.

Cada mascota evaluada ahora tiene un distintivo.

Los perros tienen un diminuto tatuaje con el logo de la fundación y los gatos tienen un pequeño piquete en el lóbulo de la oreja izquierda o derecha, que los identifican como esterilizados y participantes del estudio de toxoplasmosis.

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Para realizar las pruebas, el grupo de científicos panameños recurrió a reactivos más sensibles a la presencia del parásito. “Cada prueba de sangre tuvo un costo de 12 dólares por unidad”, explica Rengifo. “Hemos utilizado pruebas con mayor sensibilidad y especificidad, las cuales son importadas de Estados Unidos y Europa”, detalla la científica colaboradora del proyecto.

A pesar de que los gatos tienen mayores probabilidades de contraer el parásito, el grupo incluyó a perros en el estudio, pues también son susceptibles al contagio y al estar expuestos a las esporas del toxoplasma gondii en el ambiente (alojadas en la tierra, el agua no potable y las plantas).

En el estudio se analizaron las muestras de 576 mascotas y la mayoría salió airosa en los resultados.

Sin embargo, los especialistas aconsejan continuar atentos, ya que en Panamá se han reportado casos de toxoplasmosis en mujeres luego de dar a luz, lo que complica o trae consecuencias para la salud de sus bebés, como el abultamiento anormal del cráneo, afectaciones en el sistema neurológico, fallas asociadas a la visión o hasta la muerte.

En el Hospital del Niño se atendieron unos 70 casos de toxoplasmosis, detalló el pediatra infectólogo Xavier Sáez Llorens, durante el simposio “Toxoplasmosis: Nuevos desafíos ante una infección silente y su impacto en la salud pública”, celebrado en octubre pasado.

El doctor colombiano José Montoya, de la Stanford University School of Medicine de Estados Unidos, explicó en su exposición “El diagnóstico de laboratorio de la toxoplasmosis congénita: presente y futuro”, que la muerte del bebé se puede producir en el vientre, por aborto o luego del nacimiento.

Aunque no siempre el parásito es agresivo, admitió. “El riesgo mayor en las mujeres es adquirir el parásito durante el estado de gestación porque puede pasárselo al bebé. Sin embargo, la dama que se ha infectado antes del embarazo está protegida, porque en su sistema inmune desarrolla resistencia y lo mantiene [al parásito] quieto, por tanto su bebé se mantendrá a salvo”, destacó el especialista.

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