En defensa del idioma

La Academia Panameña de la Lengua cumple hoy 90 años de existencia. Se estableció el 12 de mayo de 1926 en la ciudad de Panamá.

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En defensa del idioma Foto por: Jazmín Saldaña

El inmueble que alberga a la Academia Panameña de la Lengua conserva su estilo arquitectónico del primer cuarto del siglo XX. El inmueble que alberga a la Academia Panameña de la Lengua conserva su estilo arquitectónico del primer cuarto del siglo XX.

El inmueble que alberga a la Academia Panameña de la Lengua conserva su estilo arquitectónico del primer cuarto del siglo XX. Foto por: Jazmín Saldaña

Sus miembros resuelven consultas lingüísticas que los usuarios hacen llegar a través de diversos medios. Sus miembros resuelven consultas lingüísticas que los usuarios hacen llegar a través de diversos medios.

Sus miembros resuelven consultas lingüísticas que los usuarios hacen llegar a través de diversos medios. Foto por: Jazmín Saldaña

El miércoles 12 de mayo de 1926, hace hoy 90 años, la Real Academia Española aprobó la fundación de la Academia Panameña de la Lengua.

“Desde 1870 existía un acuerdo de la Real Academia Española relativo a la fundación de academias americanas correspondientes”, recuerda el académico Aristides Royo Sánchez.

En aquella primera junta se decidió que esta institución quedaría conformada por Samuel Lewis García de Paredes, director; Eduardo Chiari, tesorero; Ricardo Miró Denis, secretario; Ricardo Joaquín Alfaro Jované, Guillermo Andreve Icaza, Abel Bravo Martínez, Jeptha Brawner Duncan, Demetrio Fábrega, Julio José Fábrega Arosemena, Narciso Garay Díaz, José de la Cruz Herrera, Melchor Lasso de la Vega, Octavio Méndez Pereira, Eusebio Antonio Morales Magallón, José Dolores Moscote, Belisario Porras Barahona, Samuel Quintero y Nicolás Victoria Jaén.

En la segunda reunión, cuenta Royo Sánchez, se decidió que la Academia fuera un “organismo ajeno a principios políticos o religiosos”.

A las 8:30 p.m., del 19 de agosto de 1926, en el Aula Máxima del Instituto Nacional tuvo lugar su sesión inaugural.

Desde su fundación, añade Aristides Royo Sánchez, promueve “el estudio, el correcto y apropiado uso y la defensa del idioma español; colaborar con otras academias y la asociación de estas para que los cambios que experimenta la lengua española no quiebren su esencial unidad; esclarecer los modos peculiares de hablarla y escribirla en Panamá”.

ACONTECIMIENTO

El cumpleaños número 90 de este colectivo, de acuerdo con el académico Juan David Morgan, en un país como Panamá, “donde la cultura no es una prioridad de los gobiernos, representa un verdadero hito que una entidad dedicada exclusivamente a asuntos culturales se haya mantenido vigente por casi un siglo”.

“La variedad panameña de la lengua española es, con seguridad, el puntal idiomático de nuestra cultura e identidad. Es, además, timonel en la formación de valores y de la actitud social”, manifiesta Margarita Vásquez Quirós, directora de la Academia.

Esta celebración, opina la académica Gloria Guardia de Alfaro, significa que los numerarios de esta corporación siempre velan “por el buen uso del idioma”.

Su existencia y vigencia ha permitido, para el académico Justo Arroyo, “ser un aglutinante, una especie de engrudo para un idioma que utilizan más de 560 millones, según estadística del Instituto Cervantes. Impedir que el idioma español siga la ruta del latín, que se desintegró por la mera dimensión del imperio romano, fragmentándose en las lenguas romances, de las que el español es exponente”.

Para el académico Rodolfo de Gracia, que esta institución siga adelante “representa la voluntad de un grupo de intelectuales de preservar uno de los más preciados e invaluables tesoros intangibles con que cuenta una nación y un pueblo: su idioma. Representa que el ideal humanístico, la valoración de aquello que no sea lo meramente material, ha marcado el norte de los fundadores, así como de sus sucesores”.

Sobre comunicarse en español

La celebración de los 90 años de vida de la Academia Panameña de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española, es la ocasión perfecta para hablar sobre el idioma.

Los académicos istmeños Margarita Vásquez, Gloria Guardia de Alfaro, Justo Arroyo, Juan David Morgan y Rodolfo de Gracia comparten sus opiniones sobre cómo hablamos y escribimos en este país.

ENSEÑAR LAS NORMAS

-¿En qué medida la Academia debe adaptarse al habla común y en qué medida el habla común debe tomar en cuenta las observaciones de las Academias?

-Margarita Vásquez: Nuestra manera de pensar con respecto a las lenguas ha variado con el correr del tiempo. Ya no pensamos que hay una sola forma del español correcto, sino que en todos los países hispanohablantes, en cada uno, hay una forma de hablar que se considera la mejor, y otra que no es “culta”, y que evitan los buenos hablantes.

-Gloria Guardia de Alfaro: La Academia acoge en su Gramática y Ortografía, así como en su Diccionario de la Lengua Española, aquellas modalidades que cree de uso común generalizado en cada país. Todos los colegios del país, sin excepción, deben estudiar, acoger y enseñar las normas y los vocablos registrados en la Gramática, la Ortografía y el Diccionario de la Lengua Española. De otra manera, ya conocemos las pésimas consecuencias.

-Justo Arroyo: En Panamá se vive bajo el síndrome de la “desaparición”, como producto de la bipolaridad como a su vez se vive la nacionalidad, la historia. Solo hay que ver el tremendismo como se recibieron las prácticas de una firma de abogados local, algo que es moneda corriente universal. Aquí en ciertos círculos se tomó el escándalo como señal del fin de la República. Igual con el idioma, cuando se echó mano de él como medio para preservar la identidad ante la hegemonía de Estados Unidos y del idioma inglés. Ahora, menos esquizofrénicos, los burócratas panameños se dan el lujo de insultar a creadores de cultura como José Franco, además de eliminar horas en la enseñanza del español en colegios y universidades.

-Juan David Morgan: El idioma evoluciona y las academias de la lengua deben estar atentas a los nuevos vocablos que van surgiendo, especialmente en el ámbito local. Así surgen los panameñismos y demás palabras habladas en los diferentes países, que después de un largo proceso son incluidas en el Diccionario de la Real Academia. Los panameñismos surgen en el habla cotidiana del panameño que, sin darse cuenta, va logrando que el idioma se ponga al día con la realidad. Por ejemplo, rambulería. Algo parecido ocurre con aquellas palabras que comienzan a existir debido al desarrollo de nuevas tecnologías y que al cabo de un tiempo terminan por ser incorporadas al diccionario. Por ejemplo, tuitear.

Rodolfo de Gracia: Las Academias tuvieron que salir de su torre de marfil y hacerse más “humanas” y menos “herméticas” e “inalcanzables”, porque se comprendió que la lengua viva, la lengua cambiante, la lengua en todo su esplendor no se construye desde el Diccionario o la Gramática hacia afuera, sino al revés.

NIVELES

-¿Cuál es la salud del español que se habla en Panamá?

-Margarita Vásquez: Hablar bien es como vestirse adecuadamente según la actividad a la que voy a asistir. Hay niveles de habla… hay un lenguaje coloquial, hay un lenguaje rural, hay una forma de hablar culta que usamos en una entrevista de trabajo, en una conferencia. Hablar bien significa saber ajustarse a la situación en que nos encontramos al hablar; y al nivel del oyente para poder comunicarme. El español que se habla en Panamá está muy vivo; se adapta, toma formas nuevas llegadas con las personas que hablan español y que vienen a vivir con nosotros. También se adapta a las novedades de la tecnología, incorpora nuevos signos para la comunicación de sentimientos, por ejemplo, los emoticones.

-Gloria Guardia de Alfaro: El panameño en general, y a diferencia de muchos de los hispanohablantes de este continente y España, comete toda clase de errores de gramaticales y de lenguaje, tanto al escribir como al hablar. Es una lástima, y esto no es por la influencia del inglés, tal como suele decirse. Porque tomemos el caso de Puerto Rico, Estado Libre Asociado de Estados Unidos, que ha vivido una fuerte presencia norteamericana en su suelo durante más de cien años. Este país se ha empeñado y ha logrado mantener el uso apropiado del español en su territorio, al punto de que su pueblo recibió el Premio Príncipe -hoy Princesa- de Asturias de las Letras en 1992.

-Justo Arroyo: Todo idioma es un ser vivo, y funciona en un mundo multitécnico y multicultural. Su obligación es la de avanzar con los tiempos y adaptarse. Lamentablemente, todavía resuenan las nefastas palabras de Miguel de Unamuno de “que inventen ellos”, para referirse a la escasa participación de la hispanidad en la ciencia y la tecnología, algo que lamentablemente se sigue dando. Y mientras las terminologías tecnológicas y científicas vengan del inglés o el japonés o el ruso, o de cualquiera de los países inventores, seguiremos adaptándonos, es decir, a la zaga. Es de esperar que las próximas generaciones, con su plena inmersión en la ciencia y la tecnología, sean también las pioneras, logrando que el español marche a la vanguardia, como hace en las artes y la literatura.

-Juan David Morgan: En Panamá el español está en cuidados intensivos, próximo a quedar en estado de coma. El problema es la educación deficitaria a la que nos hemos ido acostumbrando. Mientras no mejoremos significativamente la educación, son pocas las probabilidades de que algún día alcancemos a hablar un mejor español. La Academia ha intentado hacer seminarios entre los comunicadores sociales, especialmente de los noticieros, para que ellos den el ejemplo de hablar un buen español. Es un esfuerzo que debemos continuar, aunque hasta ahora no hayamos tenido la acogida que esperábamos.

Rodolfo de Gracia: En el español que se habla muchos panameños hacen el esfuerzo por conservarlo, emplearlo con corrección, propiedad, elegancia, decoro y eficacia. Pero también hay un enorme grupo al que no le importa cómo habla y cada día destroza el idioma. Hace falta trabajar más en la expresión oral -no solo en la corrección- sino en hablar con coherencia, emplear las palabras adecuadamente, ser más preciso y conciso al hablar, saber argumentar, ordenar las ideas, mantenerse en el tema, refutar, pensar antes de emitir un juicio.

ANEMIA PERNICIOSA

-Escribir en español. ¿Qué tal lo hacemos en Panamá?

-Margarita Vásquez: El español escrito es diferente. Escribir bien el español, cualquier lengua, es una profesión hoy en día.

-Gloria Guardia de Alfaro: El español que se habla y escribe en Panamá sufre de anemia perniciosa aguda, aunque no terminal, porque aún hay esperanzas de que se encuentre una curación para el mal y no fallezca el paciente. Por esto, los hospitales y los médicos -léanse el Ministerio de Educación y los maestros y profesores- deban analizar cada caso -léase los colegios- de manera independiente y minuciosa para que el paciente reciba la dosis apropiada para el grado respectivo de la anemia que sufre.

-Justo Arroyo: El español hablado y escrito en Panamá goza de buena salud. Hay que dejar de sermonear ante la más mínima irrupción de un vocablo o giro. En vez, deberíamos enfocarnos en estudiar, por ejemplo, cómo la sensibilidad de un pueblo como el guna influye sobre la gravedad de un idioma como el español. Lo mismo con la experiencia afroantillana. Más estudios sobre la literatura del poeta guna Aristeides Turpana o del poeta afroantillano Carlos Guillermo Wilson. Los aportes de estas culturas al idioma español en cuanto a ritmo, tono o expresión, son mundos en espera de descubrimientos, de enriquecimientos.

-Juan David Morgan: Aquí estamos aún peor. Aparte de mejorar la educación en general, para escribir mejor podemos acudir a la lectura, que es una forma ideal de autoeducarnos. Si leyéramos más escribiríamos mejor, y esta afirmación es una que se aplica igualmente a los escritores.

Rodolfo de Gracia: Bastaría con salir a la calle, leer lo que escriben en televisión, contemplar la desfachatez de la publicidad y analizar cuán profunda y profusamente el error ortográfico va haciendo estragos por ahí. Nos encontramos lejos del ideal de un pueblo culto. Fuera de los espacios en los que “los de siempre” van a hablar y a escribir bien, en otros círculos estos son actos mecánicos, sobre los cuales no se detienen a razonar, simplemente ocurren.

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