teatro

Un elefante que improvisa

El proyecto de teatro de improvisación ‘El elefante de Venus’ lleva casi dos años de desarrollo y funciona a través de frases escritas por su público.

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La puesta en escena de ‘El elefante de Venus’ consta de dos actores y dos músicos que interactúan durante todo el espectáculo. CORTESÍA La puesta en escena de ‘El elefante de Venus’ consta de dos actores y dos músicos que interactúan durante todo el espectáculo. CORTESÍA
La puesta en escena de ‘El elefante de Venus’ consta de dos actores y dos músicos que interactúan durante todo el espectáculo. CORTESÍA Alejandro Schoffer

El público entra a la sala, escribe una frase cualquiera y la introduce en un cofre. Minutos después, Alejandro Schoffer y Claribel González sacan uno de los tantos papeles y lo leen. A veces es una frase filosofal, como “la vida hay que disfrutarla”, y otras veces algo desconcertante, como “me gustan las manzanas con vinagre”. A partir de allí, ellos, El elefante de Venus, desarrollan una escena con aquella frase como punto de referencia. Durante más de una hora, sacan los papeles y los actúan. Es el arte de la improvisación. Y es también su aporte al teatro panameño.

El elefante de Venus tiene casi dos años de existir. Comenzó como un escape para Alejandro, español que estudió teatro en Buenos Aires y que había llegado a Panamá con la ilusión de comenzar una nueva vida en un nuevo lugar. La realidad, sin embargo, le pegó en la cara y lo sometió a un trabajo de oficina: publicidad. Comenzó a frecuentar eventos culturales y en uno de ellos conoció a Claribel.

Ella era un alma más libre. Desde la escuela mostró interés por las artes. La pintura, con exactitud. Su familia, en lugar de obligarla a buscar un oficio común y cualquiera, la apoyó en su camino artístico. Luego se interesó por el teatro y fue en una de esas noches de actuación que conoció a Alejandro.

Un hombre y una mujer surfean sobre un mar infestado de tiburones en la tarima. Al menos ese es el rol que representan en aquel momento. La escena surge después de leer un papel e improvisar hasta lo más que se pueda. El repertorio de actuación es acompañado por melodías perfectos y sonidos bucales. Se trata de Kevin Fuchs y José Zavarse, quienes instrumentalizan los episodios que desarrollan Alejandro y Claribel.

El proyecto surge como respuesta a una necesidad, cuentan ambos desde el patio de una casa en Ancón. Allí conviven con otros artistas, con los que se reúnen, conversan, comparten. Se inspiran.

“Entramos a Trama (Laboratorio de Innovación en Cultura, de la Ciudad del Saber) y ahí comprendimos cómo era el camino que debíamos emprender. Todo se hizo más claro”, asegura González. El principal reto de sus primeras presentaciones, añaden, era lograr que el público comprendiera la mecánica de la presentación. “Cuando se trata de teatro experimental, la gente no lo comprende tan rápido. En Panamá hay un teatro muy ligero y cuesta que haya apuestas distintas”, dice González.

Las primeras presentaciones fueron gratis y abiertas. En la calle, en restaurantes o en cualquier espacio que encontraran. Y luego comenzaron a cobrar entrada. “Esta es la carrera que escogimos, y tenemos cuentas por pagar. Hay que comer”, dice Schoffer. Es la gran batalla del teatro nacional: mostrar que es más que un hobby, que es una profesión.

Alejandro y Claribel se mueven por toda la sala. Simulan que vuelan sobre una espada que también se convierte en escoba. Se mueven con cierto cuidado, pues la sala está llena. El teatro panameño, aseguran, ha crecido en los últimos años. “Hay un avance, aunque a veces no se siente. Lo que pasa es que hay poco dinero en la escena artística. Este año hubo varios festivales de teatro, por ejemplo”, cuenta Schoffer. Y pone como ejemplo al cine nacional, que últimamente ha visto un gran repunte que ayuda a su vez al teatro.

Cree, sin embargo, que hay un elemento básico que el teatro panameño necesita reforzar para realmente elevar su nivel. “La unidad es importante en el gremio teatral, entre los artistas. Si cada uno va por su parte, rema solamente su ola, la cosa no resulta. Hay que apoyarse”, explica. El elefante de Venus ha participado en documentales, videos musicales, lecturas abiertas, micrófonos abiertos. En fin, en un amplio mosaico de la movida cultural local.

El nombre del proyecto, explican ambos, surge de la fascinación que tienen hacia los elefantes. “Son animales sensibles, inteligentes. En el teatro se trabaja mucho con las emociones”, cuenta Schoffer.

Y es precisamente las emociones lo que impera en las presentaciones de esta compañía de teatro, que se presentará a pleno (Schoffer, González, Fuchs, Zavarse, Ana González, Marián Ortiz y Amit Nathani), hoy desde las 9:00 p.m. en El Sótano.

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