El elegido del ‘ballet’ georgiano

El bailarín principal del Ballet Nacional de Panamá, Solieh Samudio, ha encarnado una variedad de personajes en una decena de funciones como solista invitado en el State Ballet of Georgia.

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CORTESÍA Foto por: Shaddai-Alym Samudio

El bailarín Solieh Samudio, de 25 años, tiene tres meses de haber sido fichado por el State Ballet of Georgia, en Tiflis. El bailarín Solieh Samudio, de 25 años, tiene tres meses de haber sido fichado por el State Ballet of Georgia, en Tiflis.

El bailarín Solieh Samudio, de 25 años, tiene tres meses de haber sido fichado por el State Ballet of Georgia, en Tiflis. Foto por: Gabriel Rodríguez

Solieh Samudio, el que habría sido tenista profesional, se posicionó como primer bailarín en el Ballet Nacional de Panamá en 2011.

El panameño, de 25 años, hijo de una bailarina y profesora de danza española, Mayuli Marín, quien corregía sus pasos cuando vestía el uniforme de malla, se codea desde hace dos meses con bailarines rusos, al ser parte del State Ballet of Georgia, cuya sede está en Tiflis, un país que perteneció a la extinta Unión Soviética.

Samudio en el territorio nacional logró ser bailarín principal de una compañía huérfana de casa propia, debido a la clausura del Teatro Nacional -por el deterioro en su estructura-, y ahora es una de las estrellas de un teatro que es siete veces más grande al que sus ojos conocían. “En State Ballet of Georgia hay excelentes bailarines internacionales, contamos con el majestuoso e imponente Teatro de Ópera y Ballet de Tiflis”, afirma Samudio.

Con su entrada a este colectivo pasa a ser el primer panameño, y actual representante latinoamericano, que ingresa a las filas de un elenco de prestigio en el ámbito de la danza clásica.

En una maratónica agenda de compromisos, el solista invitado inicia sus rutinas a las 11:00 a.m., tomando clases, asistiendo a ensayos, presentaciones o giras, siendo modelo para tomas de fotografía artística, y finaliza su jornada entrada las 7:00 p.m. con una sesión en el gimnasio, jornada que realiza incluso los domingos.

“Desde el momento que inicié como bailarín soñé, como todo el mundo, con estar en la cumbre. Lo he logrado gracias a Dios y a quienes me apoyaron”, reconoce sin pretensiones sobre una posición que logró con sacrificios y esfuerzos.

Samudio estuvo interesado en proyectar la figura varonil dentro del Ballet Nacional de Panamá y conformar una nueva generación. Quería perfeccionarse en sus técnicas para despertar el interés en otros chicos hacia la incursión en el disciplinado arte. Era, además de líder, uno de los 10 integrantes del cuerpo de baile de hombres en la compañía local, la cual tiene 43 años de fundada y está adscrita al Instituto Nacional de Cultura.

Su hermano, Shaddai Alym Samudio, un año menor, es integrante del grupo en la posición de corifeo (tercero en la jerarquía después del aprendiz y el cuerpo de baile). “Mi hermano me animó a seguir esta carrera”, dice el también fotógrafo.

Solieh Samudio mantiene su título de primer bailarín del Ballet Nacional de Panamá aún estando en Georgia. Está consciente de que esta condición permite visibilizar el talento de los istmeños en otros confines y la experiencia le ayudará a enriquecer su calidad como artista.

Samudio, cabecilla latino en Georgia

Tras una gira de ocho días por ciudades españolas como León, Vitoria y Bilbao, el bailarín panameño Solieh Samudio hace una parada en Alemania. Desde allí reflexiona sobre su entrada al State Ballet of Georgia, considerada una de las cuatro mejores compañías de ballet de la antigua Unión Soviética, del cual es miembro desde octubre de 2014.

En el tour, y en calidad de solista invitado, interpretó parte del repertorio de El Cascanueces, la suite de Don Quijote, piezas ya conocidas por él y otras obras nuevas como Serenade, Espectro de la Rosa y Six Dance.

Aclara que el repertorio le supuso un reto, puesto que la compañía fusiona la danza clásica con otras influencias como el Balanchine (neoclásico), el Kylián (holandés) y el estilo característico del ballet georgiano.

¿Cómo sucedió tu paso de Panamá a Georgia?

Tuve la oportunidad, por unos mecenas del arte, de viajar al XXVI Varna International Ballet Competition, en Bulgaria. Nunca un panameño había competido allá. Sin embargo, tuve la suerte de competir y quedar entre los primeros aspirantes que optábamos por un primer lugar en la categoría mundial. A través de ciertos contactos muy queridos por mí, como la señora Olga Smoak de La Guardia (bailarina panameña) y Valentina Kozlova (bailarina rusa), se tuvo la oportunidad hablar sobre mi talento al staff del State Ballet de Georgia, que vio mi currículum y creyó posible contratarme. Lo demás es historia (risas).

¿Cómo es tu relación con la directora del ‘ballet’ georgiano, Nina Ananiashvili, quien tiene una trayectoria envidiable en su carrera como bailarina?

Puedo decir ante todo que es una persona a la cual admiro día con día. Verla tomando la clase con nosotros, a sus 50 años, y a la misma vez llevar una agenda muy ocupada como la que tiene, es admirable. Todo el tiempo está preocupándose de cada detalle, de que todo salga perfectamente bien para las presentaciones. Mi relación con ella es cercana y buena parte de su tiempo lo dedica a corregirme.

¿Consideras que el ‘ballet’ sigue siendo una profesión elitista?

Tengo que reconocer que en Panamá sí se han abierto las puertas a mucha gente; soy ejemplo de esas personas con talento. Los hay que tienen el talento pero no son descubiertos o no tienen la oportunidad. Sin embargo, teniendo el talento y presentándose la oportunidad he podido escalar acá.

¿Qué crees que debe hacer un bailarín para que la perfección de su técnica sea notada incluso por quien desconoce de este arte?

Precisamente por todas estas cosas que se hacen para hacer a un bailarín: la perfección del cuerpo humano, la distinción entre los movimientos de un baile popular a un baile de clase, y sobre todo, el amor a lo que se hace (la pasión que se le impone). Además, cada quien con el rol que le toque desenvolver; si el papel es de carácter tienes que demostrar energía y fuerza. Igual en el caso de las mujeres, si le toca un baile etéreo tiene que manifestarse como tal, diferente de un rol de una niña, pese a que lo desempeñe una adulta. Cada quien en su momento, a través de su cuerpo, de su expresión o la mímica, involucra al espectador en este caso y lo hace partícipe de la obra, a tal punto de que se sienta parte de ella y que quiera sentirse invitado a participar.

¿Películas taquilleras como ‘Cisne Negro’, crees retratan bien o deforman la realidad de los bailarines profesionales?

La deforma. Pero no todas, en mi caso películas como Billy Elliot y Center Stage (Camino a la fama) fueron las que de alguna manera determinaron mi decisión de tomar esta carrera.

¿Te irrita que un bailarín principal, la primera figura del ballet, no goce de la misma popularidad en Panamá que un cantante de ‘reggae’ local?

No me irrita, pero precisamente por eso se llama música popular urbana. Desgraciadamente -y hablo de esta manera porque da mucho dolor- nuestro país es inculto debido a que los que pueden propiciar la cultura la omiten precisamente para dar pie a sus caprichos o ganar de una manera propia.

He podido ver en estos países que he visitado a una primera figura (bailarín) haciendo, por ejemplo, un video para un comercial o siendo la cara del turismo de su país. Esto permite que el mundo nos conozca y empiece a ver que el ballet es parte de la cultura. Porque en un país hay de todo, pero también hay gente buena y noble que merece este tipo de reconocimiento y respeto.

Luego de finalizado el período de 12 meses en Georgia, ¿cuál es tu expectativa de vuelta a Panamá?

He tenido esta gran oportunidad, la cual estoy viviendo día a día. En algún momento determinado de mi vida tendré que tomar decisiones muy serias y responsables, pero, al mismo tiempo, para hacer que las cosas brillen para mi país, para que nosotros (los bailarines) no seamos vistos como que practicamos el ballet muy básico o de una forma tipo hobby. Me gustaría que, así como hablan del Canal de Panamá, se hablara del Ballet Nacional de Panamá.

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