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EDUCACIÓN

Un estudio sobre la desigualdad en el aula de clases

La directora Michéle Stephenson documentó en una película el devenir escolar de su hijo, desde los cinco años hasta cuando terminó sus estudios secundarios a los 18 años.

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Stephenson ha dirigido 10 producciones audiovisuales. Alexander Arosemena Stephenson ha dirigido 10 producciones audiovisuales. Alexander Arosemena
Stephenson ha dirigido 10 producciones audiovisuales. Alexander Arosemena

La cineasta haitiano-panameña Michéle Stephenson cuenta a través de su documental American Promise cómo su hijo y su mejor amigo fueron las víctimas de un sistema educativo que desfavorece a varias minorías étnicas de la población estadounidense como los afroamericanos y los hispanos.

American Promise, que se proyectó en el Festival África en América, fue un trabajo que tomó 13 años. Es un emblema de cómo la educación es considerada como un derecho humano que garantiza la igualdad de oportunidades y cómo esas oportunidades no son iguales para todos en algunos distritos escolares de Estados Unidos.

¿Qué buscó hacer con ‘American Promise’?

Documentar la trayectoria de mi hijo y su amigo, desde los cinco años hasta que terminara la secundaria, a los 18 años. Estos muchachos tuvieron muchos obstáculos dentro del sistema educativo, ya que eran víctimas de la percepción y los estereotipos que se le atribuyen a los afroamericanos. American Promise consistió en mucha observación. Después de algunos años, vimos que estos problemas iban en aumento. Cuando ellos tenían 10 años, decidimos participar en la película y mostrarnos en cámara para abordar esos problemas.

¿La filmación fue complicada?

Cuando la gente ve la película, inmediatamente piensa que filmábamos todos los días como si fuese el reality show Big Brother. No es así. Nosotros grabábamos en tiempos específicos y terminábamos con 900 horas de película, mientras que realizábamos cinco horas de filmación al mes, durante 13 años. Lo más difícil fue hacer un equilibrio entre nuestra responsabilidad como padres y nuestra labor artística como cineastas.

¿Su hijo estaba cómodo?

Para que la película sea auténtica tenemos que ser vulnerables. De lo contrario, el público percibirá el documental como un producto artificial. Si nosotros decidimos exponer la vida de mi hijo y la de la familia de su mejor amigo, también tenemos que exponer nuestras vulnerabilidades. En la película hay peleas y discusiones. A veces parecemos ser antagonistas como padres y la escuela toma decisiones que no son las mejores. A pesar de eso, nuestra relación con nuestros hijos es fuerte, transparente y amorosa y eso se resalta en la película.

La grabación complementaba los objetivos fijados en la educación que queremos para nuestros hijos. La película nos forzó a ser transparentes con nuestro hijo y así llegamos a diálogos que tal vez no hubiésemos entablado si la cámara no estuviera presente. Además, desarrollamos una conciencia crítica y analítica del sistema educativo al que enfrentábamos.

A pesar de que pensábamos que la privacidad era algo que estábamos poniendo de lado, al final ello degeneró en algo positivo e importante. El hecho de grabar la manera en cómo criábamos a nuestros hijos, hacia sentir al público identificado con lo que estaba viendo. Eso es lo que más queremos como documentalistas.

¿Hubo cambios significativos tras la película?

Hay algunos pasos dados hacia adelante y otros hacia atrás. La escuela a la que fue mi hijo tuvo que invertir en un cambio mucho más significativo después del estreno de la película. Ellos buscaban a consultores para implementar la equidad y la igualdad dentro del centro educativo y ser conscientes de los prejuicios y la parcialidad inconsciente que se manifiestan dentro de las aulas.

Lo lamentable es que se hicieron cambios a causa de las familias que vieron la película y del furor que generó. El sistema público de educación en Nueva York es el segundo más segregado del país después de Milwaukee, donde latinos y afroamericanos están en una parte del sistema con menos recursos. Para algunas personas esto resulta sorprendente, ya que generalmente se piensa que el área más segregada está situada en el sur de Estados Unidos. El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, intenta cambiar esta realidad, pero se está encontrando con muchos obstáculos en el camino puestos por familias que no quieren la igualdad de oportunidades para los demás.

De 1999 hasta ahora, se está haciendo una conversación que no había antes gracias a mucha gente. Incluso dentro de quién se dice ‘liberal’ o ‘progresista’, emanan unos comportamientos excluyentes que pueden terminar siendo discriminatorios.

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