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La fotógrafa de la cruda realidad

Susan Meiselas, aclamada por sus históricas instantáneas, expone los resultados de sus salidas a escenario de conflictos en un museo de París.

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ha retratado episodios de la revolución nicaragüense, hechos de violencia en Irak e incluso el drama de la violencia doméstica en Estados Unidos. ha retratado episodios de la revolución nicaragüense, hechos de violencia en Irak e incluso el drama de la violencia doméstica en Estados Unidos.
ha retratado episodios de la revolución nicaragüense, hechos de violencia en Irak e incluso el drama de la violencia doméstica en Estados Unidos.

Esperar sin alterar la realidad y disparar. Durante casi cinco décadas, la fotógrafa estadounidense Susan Meiselas, ícono de Magnum, ha retratado desde los conflictos en América Central hasta el dolor de las mujeres maltratadas, historias que mantiene vivas regresando a ellas años después.

Meiselas, de 69 años, se pasea con una pequeña cámara colgada al hombro, mientras supervisa la retrospectiva que a partir del martes le dedica el museo Jeu de Paume de París.

La sala está consagrada a la revolución sandinista, de la que fue un testimonio insigne, cuando las imágenes todavía no viajaban a la velocidad actual.

“Mi interés por mí misma no es como el que puede tener un artista contemporáneo. Quiero ser solo un puente con otros mundos, como los fotógrafos de antaño”, explica Meiselas, cuya exposición lleva por nombre Mediaciones.

Convertida en el símbolo de la revolución nicaragüense y una de las 100 fotografías más influyentes de todos los tiempos, según la revista Time, El hombre molotov se ve aquí como en ningún otro lugar. Junto a la instantánea en la que el joven nicaragüense Pablo Bareta Araúz se apresta enardecido a lanzar un cóctel molotov contra uno de los últimos reductos de la Guardia Nacional, un video muestra a este revolucionario 12 años más tarde.

Sonriente, con su hijo en brazos, Bareta aparece como un hombre normal y corriente, “sandinista para siempre”, pero alejado de toda militancia. Más allá de inmortalizar, Meiselas ubica su imagen en el contexto de cada historia, revelando un interés mayor por el sujeto que por su representación.

“La primera vez que sostuve una cámara y me puse en frente de alguien, me sentí incómoda. Estaba franqueando su espacio personal y necesitaba saber cómo se sentía”, admite.

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EL PROCESO

Documentos, testimonios, fotos tomadas por terceros... Meiselas ejerce a la vez de documentalista, pese a que sus instantáneas se bastarían por sí solas.

Los muertos de la revolución sandinista yacen ahí, hombres, niños. “Delante de una masacre, nunca movería un cuerpo. Tampoco dirigiría a nadie ni le pediría que repitiera lo que acaba de hacer, si se me escapa (el momento), no hay nada que hacer”, afirma.

“Lo que hago es esperar”.

Su cobertura en Nicaragua, publicada en los principales medios del mundo, fue la primera de una serie de trabajos en otros países latinoamericanos, como El Salvador y Chile.

En 1991, dio a conocer con su objetivo la masacre cometida en Irak por Sadam Husein contra los kurdos, pueblo sobre el que acabó constituyendo un verdadero archivo de memoria colectiva.

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EL INTERIOR INGLÉS

Hace dos años, retomó en Inglaterra la violencia doméstica, un drama que había empezado a retratar en Estados Unidos.

En una sala escalofriante, entre fotografías de cuerpos machacados y brutales descripciones policiales, las imágenes de las habitaciones donde las víctimas creyeron que iban a ser felices transpiran sufrimiento.

“Cuando entro en sus espacios, percibo los retratos de su estado mental, ladisrupción de sus vidas y cómo estas mujeres tienen que arrancarse de sus raíces y volver a ser”.

EL DESNUDO

Meiselas ha abordado igualmente la industria del sexo desde dos vertientes: siguiendo en los años de 1970 a mujeres estadounidenses empleadas en una feria itinerante de striptease, y retratando en 1995 un club sadomasoquista de Nueva York.

La sala dedicada a esta temática ha sido prohibida a los menores de 18 años. “¿Por qué no podemos mirar estas fotografías como las pinturas?”, lamenta Meiselas, señalando unas fotos de mujeres desnudas.

“¡Imagínese que el museo de Orsay (de París) fijara la mayoría de edad para admirar ‘Olympia’ de Manet!”, agrega, en alusión a un célebre desnudo del artista francés.

En esta exposición fotográfica, previamente exhibida en la Fundación Tàpies de Barcelona, solo destaca una instantánea de Meiselas. Sobre una silla, está sentada ella, joven, de silueta etérea. “Estoy presente, pero invisible”, apunta.

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