arte visual

La fotógrafa del tiempo

La multipremiada fotógrafa mexicana, Graciela Iturbide regresa a Panamá con una selección de 40 retratos testigos del pasado y de la gente del campo.

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Consejos de Graciela Iturbide a los nuevos fotógrafos

Siguiendo las instrucciones de su maestro Graciela Iturbide al fin le ha dado la oportunidad de ver la luz a 40 fotos sobre Panamá que yacían engavetadas en su estudio hace cuatro décadas.

Iturbide fue pupila del fotógrafo Manuel Álvarez Bravo. A quien ella ha considerado un guía más para la vida, que para el ejercicio de inmortalizar instantes a través de su cámara.

En un rincón del Casco Antiguo, el Centro Cultural de España, Iturbide se mira en medio de una galería compuesta por 40 imágenes, en su riguroso blanco y negro, que ha revelado ella misma para la exposición llamada, a propósito, “Panamá en la mirada de Graciela Iturbide”, la cual repasa sus primeras capturas, a suerte de ensayos, que realizó en comunidades remotas, entre indígenas y campesinos, y otras más urbanas, en barrios populares como El Chorrillo y El Marañón, en la década de los setenta.

“En esa época me interesaba mucho conocer el lugar a través de mi cámara. Mi cámara es el pretexto para entender la vida y la cultura de otras personas”.

Graciela Iturbide Fotógrafa

“Si fuese por exigente, como lo soy ahora con mi trabajo, muchas ya no las pondría. Pero bueno, es un recuerdo, una nostalgia y es algo que es Panamá”, dice la experta constructora de símbolos, que le ha valido, en su exitosa carrera, ocho reconocimientos de fotografías en la esfera global. 

Graciela Iturbide es una fotógrafa reconocida por sus viajes a Latinoamérica. Entre sus destinos están Cuba y Panamá. Expandir Imagen
Graciela Iturbide es una fotógrafa reconocida por sus viajes a Latinoamérica. Entre sus destinos están Cuba y Panamá. Alexander Arosemena - LP

En la década de 1970, Iturbide era una treintañera, casada y madre de tres hijos. Por esos tiempos pensaba incursionar en la cinematografía, la estudiaba. Una invitación del político Carlos Calzadilla, por tener afinidad con el Partido Comunista de México, la hizo venir al istmo para un Congreso de Paz. Le interesaban los guaymíes -ahora denominados Ngäbe Buglé, indígenas cuyas mujeres visten textiles de colores vibrantes con detalles en forma geométricas. Su trabajo se compondría en lo sucesivo de acentuar en sus instantáneas “belleza, espontaneidad y dignidad en la gente de pueblo”.

En la muestra aparece una mujer indígena adulta, con rostro adusto, apoyando uno de sus brazos en una vara, la instantánea recibe el título de “Esperando al general Torrijos”.

Las fotos han contado con la curaduría de dos panameños: Mónica Kupfer y Walo Araújo. Ambos estuvieron en Coyoacán, México, en el estudio personal de Iturbide seleccionando las fotos de entre cajetas repletas de contenidos gráficos sobre un añejo Panamá.

El resultado: una secuencia de emociones, desde la alegría de una pareja de campesinos reunidos en un encuentro cubano-panameño, hasta la inventiva traviesa de niño de El Marañón, cuando otra mano infantil le apunta con un revólver de juguete en la sien y él, amenazado, portando unas gafas oscuras carente de uno de los espejos, sonríe y se burla soplando un silbato de cumpleaños; “Juegos prohibidos”, le titularon a la dinámica eternizada con un clic por Iturbide. 

‘Campesinos panameños,1974’, una de las 40 fotografías que componen la propuesta curatorial. Cortesía-Graciela Iturbide Expandir Imagen
‘Campesinos panameños,1974’, una de las 40 fotografías que componen la propuesta curatorial. Cortesía-Graciela Iturbide

La fotógrafa, en búsqueda de sus icónicas representaciones visuales, suele adentrarse por temporadas en la convivencia de los retratados. Su mirada no es común y siempre tiene el permiso de sus personajes para ser sorprendidos por el haz de luz. Explora la cotidianidad y se prepara para el momento clave. En sus incursiones a territorio panameño, estuvo al menos por un mes en la comarca Guna Yala.

‘El general Torrijos en una de sus visitas al campo panameño,1975’. Expandir Imagen
‘El general Torrijos en una de sus visitas al campo panameño,1975’. LP/ Cortesía-Graciela Iturbide

De los sitios que visitaste, ¿a cuál te interesaría volver?

-Me gustaría retroceder a la isla Tigre [en Guna Yala]. Estar allí con ellos fue muy bonito. Me gustó que los jueves se hacía el trabajo comunitario, en donde las mujeres, barrían las calles de la isla. Se comía langosta delicioso y los sailas se reunían, hablaban conmigo. Fueron el grupo indígena con quienes más tuve contacto. Me gustó estar un tiempo allí: viví dentro de sus chozas y dormí en hamacas, aunque he dormido en hamacas muchas veces en Juchitán, por ejemplo, y se duerme delicioso.

A Iturbide ni la era moderna, la ha hecho cambiarse a la fotografía digital por lo que aprecia cada clic, de su rollo convencional en su cámara Leica. Sin ser consciente de ello, aprendió a oprimir el obturador jugando. Su padre le regaló una camarita a los 11 años. Ahora, perfeccionada, continúa siendo una devota de la cámara convencional, que la restringe a doce oportunidades para captar el momento preciso. El tiempo sigue siendo un recurso preciado.

¿Qué haces antes de explorar los lugares y la gente de un sitio desconocido por ti?

-Cuando voy a algún lugar, trato de leer mucho sobre el sitio, porque eso me va a ayudar y es una manera de filtrar mis emociones cuando tomo las fotos.

‘Esperando al general Torrijos: Mujer ‘guaymí’, 1974’. Expandir Imagen
‘Esperando al general Torrijos: Mujer ‘guaymí’, 1974’. Cortesía-Graciela Iturbide

En su estadía en Panamá, Iturbide conoció al general Omar Torrijos, de quien se hizo amiga. “A él le gustaba que lo fotografiaran, de quien fuera”. Una de las imágenes, colgadas en la muestra aparece el líder de la revolución militar panameña apoyando una de sus piernas sobre una banca, con un habano humeante colocado en la boca y la mirada fija, concentrada.

“La tomé justo cuando él hablaba con los campesinos”, repasa la autora.

En la galería se hallan otras pocas fotos del general, una en la que se abre la camisa sofocado por el calor, y otra en la que portando su uniforme luce sonriente acompañado de niños campesinos y hasta un perro, en medio del grupo, muy cerca de sus pies.

Iturbide reconoce en otras fotografías a personajes cercanos de la cúpula de ese entonces como José de Jesús Chuchú Martínez y Rory González, pero sobre todo le fascina un campesino identificado a secas, como “Gregorio”.

“Al general lo vi trabajar con campesinos, hablar con ellos. Fue para mí interesante ver cómo un gobernante se acercaba a los campesinos, por ejemplo en el caso de Gregorio, que venía y lo consultaba, le preguntaba ¿Cómo ves Panamá?, y de acuerdo a lo que Gregorio le decía, veía cómo estaban las cosas”.

‘Juegos prohibidos,1974’ Expandir Imagen
‘Juegos prohibidos,1974’ Cortesía-Graciela Iturbide

Iturbide que sabe leer en imágenes nunca le gustó los personajes de poder, pero con Torrijos hace una excepción. “Conocí al general Torrijos de puritita casualidad. Pero vi un hombre que no le gustaba el poder. Es lo que vi. Vi que iba con Gregorio y, en Coclesito, como describe Chuchú en un libro: la escuela, se llamaba escuela, la iglesia se llamaba iglesia. ¿Me entiendes? Era como algo nunca visto para mí”, dice quien estuvo incluida en la comitiva panameña de una reunión de negociación sobre el Canal con el presidente estadounidense Jimmy Carter, para documentar gráficamente el episodio histórico.

Confiesa que probablemente habría perdido la vida en una de sus incursiones al Panamá salvaje, venía de Francia y se tiró al río como andaba, embotada, porque vio al general lanzarse al agua como si nada. “Tuvieron que rescatarme”, dice ahora divertida.

A ti, que te encantaría más tarde, fotografiar aves y naturaleza, ¿poco se encuentra de esa fijación en esta muestra?

Hay una foto de aves, una reunión de gallinazos frente a la bahía de Panamá.

Para mí esta foto, es como una premonición, el cielo nublado y a los lejos uno de los pájaros negros cruza el horizonte. Graciela se confunde por un segundo y piensa que el pájaro es un avión. “Es como un anuncio de la tragedia”.

Entonces, vuelve a recordarse del cartel que Álvarez Bravo, su mentor, tenía colgado en el laboratorio. “Hay tiempo, hay tiempo”. Y sus palabras le resuenan “Graciela, hay tiempo, no busques exposiciones, va a haber el tiempo suficiente”.

Ahora, que ve estas fotos en la exposición istmeña, reflexiona; “no creo que tenga tiempo, ya se me acabó”.

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