De gustos y colores

En Babilonia, existía la costumbre de cultivar zanahorias para que fueran para el consumo de la casa real.

Mi maestra de sexto grado amaba la historia, porque decía que era todo un enorme, maravilloso chisme. Nosotros los periodistas al chisme le llamamos información (con dos fuentes o más comprobadas), pero mis chismes favoritos son los que a historia gastronómica se refieren. En una pintura del holandés Pieter Aertsen, Cristo y las adúlteras (1559), aparecen unas zanahorias amarillas y otras moradas sobre una mesa, pero ya para el siglo XVII, las zanahorias anaranjadas comienzan a marcar su presencia en el arte holandés. Según un texto alemán del siglo XVI, la zanahoria solía ser blanca. Si nos remontamos más atrás, excavaciones suizas de la prehistoria han producido semillas de zanahorias y, en Babilonia, se cultivaban para el consumo de la casa real, ya que aparecen detalladas en las bitácoras de hierbas y especias. Probablemente, un antepasado de Bugs Bunny los asesoraba y les decía que la mejor parte de la zanahoria eran las hojas verdes (ver nota de portada). Pero ni Suiza ni Babilonia se llevan el honor de su origen: las originales venían de Afganistán (debe ser por eso que los talibanes tienen tan buena puntería, con esa tradición milenaria de engullir betacaroteno, que como todos sabemos, es fuente de vitamina A y buena para la vista).

Como muchos alimentos, las zanahorias viajaron hacia el este y oeste por la ruta de la seda, llegando a Europa con la expansión árabe de los siglos VIII al X. Ya en el siglo XII, Andalucía producía dos variedades, la rojiza morada y una amarilla verduzca más amarga. De ahí saltó al resto de Europa, dando brinco posterior al charco, porque para mediados del siglo XVI se cultivaba en isla Margarita, Venezuela. Los nativos del nuevo mundo tenían pocas raíces dulces, así que tomaron en gran estima a esta nueva adición a su dieta. Un inspector del Pacific Railroad, en Oregon, documentó que los indios Flathead, escrupulosamente honestos, se robaban las zanahorias de los colonos blancos.

Volviendo a los chismes históricos, una de mis historias favoritas de la Segunda Guerra Mundial, aparte de aquella en que los aliados y los alemanes hicieron un cese al fuego una Nochebuena y la celebraron juntos, es que los aliados estaban adelantados en la tecnología del radar, y los ingleses comenzaron a “desinformar” a los alemanes, haciéndoles creer que a los bombarderos, artilleros y francotiradores se les daba ración extra de zanahorias, por el rollo aquel de la vitamina A y la visión, para que no supieran que tenían la ventaja del radar.

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