El heredero musical de Taboga

El ganador del Concurso de Acordeón Infantil Didio Borrero, Alexander Boutet, se ha propuesto llenar de gloria el suelo de Taboga.

No hay muchos en en la isla de Taboga que desconozcan a Alexander Boutet Cárcamo o que no hayan escuchado los acordes de su acordeón Hohner, en los casi 12 kilómetros que mide este pequeño punto en medio del mar en calma.

Los hits de Dorindo Cárdenas son sus favoritos, y cada fin de semana refresca con Si Tenchi se va y otros covers folclóricos el agobiante calor del quiosco de artesanías de su familia, quizás sin enterarse de la curiosidad que su ritmo alegre logra despertar en el viajero, tal vez innoto de la música popular de su tierra.

Raíces

Alexander es hijo de Harmodio Boutet y María Maruca Cárcamo, este último apellido es uno de los más honorables por ser originario de Taboga e, incluso, hasta fundador, por lo que se plasma en varias placas de reconocimiento ciudadano, todas repartidas entre los siete barrios que comprenden esta ciudad isleña.

Su bisabuelo Cruz Cárcamo “trabajó mucho por la isla”, comenta Maruca. “Él fue quien trajo de Italia todos los santos de la iglesia de Taboga: la Virgen del Carmen, el Nazareno, el Resucitado...”, asegura.

Tal fue el legado que dejó en la comunidad, que el día que don Cruz falleció lo distinguieron colocándole la bandera nacional sobre su féretro en su entierro.

Tiempo después su hijo Ceferino Cárcamo, padre de Maruca, también sería una figura de importancia, ya que fungió como alcalde de Taboga en la administración de Mireya Moscoso.

Sin embargo, hace siete años, don Ceferino murió repentinamente de un fallo renal al ser una de las víctimas del jarabe dietilene glycol. Días después le siguió una de sus hijas ­hermana de Maruca­ quien también falleció por la misma causa.

“Fue un golpe muy duro para nosotros”, confiesa la tabogana, quien se desempeña como jefa de domésticas en la Caja de Seguro Social de Villa Cáceres.

apellido con orígenes

A pesar de que es un apellido que data del siglo pasado, son aún muchos los Cárcamo que permanecen en la isla. “Somos una familia grande, desperdigada por toda la isla”, afirma Maruca.

Al no tener Taboga un colegio secundario formal, los Boutet Cárcamo han residido mayormente en la ciudad capital para que sus hijos Harmodio, Joel y ahora Alexander culminen sus estudios. Todos los fines de semana, sin falta, se embarcan al que consideran su verdadero hogar. Lo más importante para Maruca es que Alexander no pierda “eso” de ser tabogano.

“Nosotros, a donde vamos, nos identificamos como taboganos. Es un orgullo, sobre todo por las raíces de nuestros abuelos. Siento que el verdadero tabogano nunca pierde su esencia”, agrega su madre.

Cuando Alexander conoció el acordeón

Al ser Maruca miembro del coro Santa Rosa de la iglesia de Taboga y su hermano Joel guitarrista de la iglesia de Santa Ana, la música ha sido una constante en la familia Boutet Cárcamo.

Alexander, por su parte, se enamoró de este instrumento gracias a un vecino compositor “que ejecutaba el acordeón todos los días”, cuenta.

“Desde pequeño lo observaba; me empezó a gustar cómo sonaba y llegó el momento en que dije que quería aprender. Me decidí y busqué un profesor”, cuenta.

Ese primer maestro fue el macaraqueño Eddie Gutiérrez, compositor de más de 50 temas de Osvaldo Ayala.

“Con él aprendí lo básico y después me recomendó a Aceves Núñez, profesor de la Universidad de Panamá”, relata. De ahí, continuó su aprendizaje con el grupo Los Juglares, que lo corrige y ayuda a tocar mejor.

Desde enero del año pasado, Alexander se ha presentado con Los Juglares en esta universidad, en hospitales y actividades privadas.

sin embargo...

Si bien el gusto y deseo por aprender estaban, hacía falta el medio para su práctica: el instrumento.

Para aprender, tanto Gutiérrez como Núñez le hicieron préstamos de sus acordeones para la enseñanza y ejecución musical.

Hasta hace tres semanas, el último con el que ensayaba era propiedad de Aceves Núñez. Era un Hohner rojo, con el que empezó a soltarse y a conocer diferentes piezas.

Hace dos sábados, la Asociación Cívica de Taboga, presidida por Patricia Owens y por medio de Valerio De Sanctis, presidente de Panalang Unión, le obsequió un nuevo acordeón Hohner Corona III, valorado en más de mil dólares.

“El Club de Leones se me acercó y me habló de él”, afirma Patricia Owens. “Al segundo de conocerlo me di cuenta de su calidad de persona. Me acerqué a quien le obsequié el acordeón; le expliqué la causa y me dijo: ´me comprometo”.

“Le expliqué que tenía un interés en esta causa, sobre todo por el hecho de que un tabogano llegara al tercer puesto de un concurso en Guararé y también por el sacrificio de sus padres”, comenta Owens.

El sábado antepasado, el músico y el acordeón fueron bendecidos por el padre Ovidio en la catedral, ocasión que sirvió para interpretar la primera canción que compuso con su acordeón, dedicada a su isla.

“El tabogano es muy especial, muy atento y alegre en toda situación. Si una persona no sabe donde queda algún lugar, el tabogano lo lleva a donde tiene que ir; no se queda tranquilo hasta que llegue, y la canción de Alexander se refiere a eso”, afirma Maruca.

de legados y sacrificios

“Lo que más me gusta es la tranquilidad de esta isla”, afirma Alexander, mientras camina por la orilla del mar manso esmeralda. “Y para el futuro, voy a dejarle un gran legado de cultura, porque hay mucha escasez de eso, por la falta de interés en el folclore panameño”, agrega.

Como negocio extra para solventar los gastos tanto de la casa en la capital y la otra en la isla, Maruca y Harmodio dirigen un quiosco frente a la playa, compuesto por artesanías hechas con conchuelas y conchas que se consiguen al bajar la marea.

“Se venden más durante el verano en enero, febrero y marzo”, afirma Maruca, y aunque la venta actualmente está baja, no deja de atender el puesto en el que también colabora Alexander en distintas asignaciones.

Para su madre, este oficio paralelo es un agregado más a un listado de renuncias admirables, las que Alexander está más que consciente.

“El sacrificio va desde no comprarme ni ropa para mí, sino solamente dedicarme a lo que él va a necesitar en sus estudios y en su música, así sea trabajar los fines de semana para mantener dos casas. Mi esposo no está trabajando y por su edad [56 años] es difícil insertarlo en un trabajo”, confiesa.

Pero, ¿cuál crees que será la mejor manera de recompensarlos? Alexander contesta con firmeza: “Siendo un buen acordeonista y agradeciendo todo lo que han hecho por mí, convirtiéndome en un gran acordeonista”. Así concluye, encaminándose hacia esa meta con esta primera victoria.

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