Un hombre de este mundo

´Mi hogar es donde estoy y donde puedo escribir, donde tengo esa tranquilidad y esa infraestructura mínima que necesito para escribir´.

Fuera de bibliófilo, el autor de Travesuras de la niña mala es melómano. Adora la música clásica, que escucha en cedés, conciertos y festivales de música, porque le da una tranquilidad que no tiene en su vida corriente. Su existencia es tan agitada y movediza que, teniendo dos nacionalidades, la peruana y la española, Vargas Llosa es casi un apátrida.

“Mi hogar es donde estoy y donde puedo escribir, donde tengo esa tranquilidad y esa infraestructura mínima que necesito para escribir. Puede ser Madrid, Lima, Panamá, Nueva York, París, Londres. Mi rutina me la llevo conmigo a donde voy: me levanto muy temprano; camino una hora y, en esa hora, planeo el trabajo del día; después, leo periódicos.

Sus ideas liberales, que resume como una actitud fundamentalmente pragmática, no sectaria, han sido una constante en su vida; pero no es el suyo un liberalismo de ´todo vale´. “Es fundamental que la cultura tenga una dimensión ética y una dimensión moral, porque, el puro pragmatismo no basta para preservarnos de la catástrofe a la que nos puede llevar la pura ciencia, por ejemplo. “Pensadores liberales, empezando por Adam Smith, siempre tuvieron presente la dimensión moral de la vida social y política”.

El hijo de Dorita Llosa, la más devota en una familia de católicos, se declara agnóstico según la definición de Jorge Luis Borges. “Agnóstico es el hombre que declara su perplejidad sobre la trascendencia. No niega que Dios existe, ni tampoco lo afirma. Declara que es perplejo frente a ese tema”.

Por otra parte, considera absolutamente indispensable, para que una sociedad democrática funcione, que haya una intensa espiritualidad y reconoce que, para la mayoría, eso es inseparable de la dimensión religiosa. Además, es partidario de que haya una enseñanza religiosa en las escuelas, porque cree que, “sin ella, esa dimensión moral puede desaparecer completamente y la barbarie se tomaría la ciudad”.

Por razones más pragmáticas que espirituales, el novelista y su mujer practican un ayuno anual en una clínica en Marbella, en el sur de España. Van en los meses de verano, ayunan 17 días y luego pasan cuatro a punta de sopitas y ensaladas, para re acostumbrar al estómago al alimento. “Es una limpieza extraordinaria”, pero no es buena para el trabajo intelectual, explica, “porque la concentración se debilita muchísimo, y la memoria también se ve afectada”. Esas tres semanas son, probablemente, las únicas en que la escritura, esa obsesión en la vida de Vargas Llosa, se ve más o menos contenida.

El autor de Conversación en la Catedral ha recibido todos los premios correspondientes al oficio de escritor; ha viajado por todos los continentes; se ha subido a las tablas; y participó en una campaña política cuyo fruto más valioso resultó ser un libro: El pez en el agua. Aun así, declara intacta la curiosidad y el deseo de explorar las inagotables posibilidades que ofrece la vida.

Por otra parte, reconoce que, a sus 75 años, se ha vuelto selectivo. “Ahora, cuando un libro no captura mi atención, lo dejo. Antes no me atrevía. Yo un libro sentía la obligación moral de leerlo hasta el final”.

Hablando de libros, hay uno indispensable, e inevitable, en la vida de un hombre excepcional; y Vargas Llosa lo sabe.

-Don Mario, ¿ha autorizado o sabe de alguien que le esté siguiendo los pasos para escribir su biografía?

-Un crítico inglés me escribió diciéndome: ´voy a hacer esto: si me da permiso y me ayuda, muy bien y, si no, también lo voy a hacer, así que queda advertido´.

Se trata de Gerald Martin, biógrafo de García Márquez. Vargas Llosa le dio permiso para que consulte sus documentos. “Acaba de pasar un tiempo en Lima. No le he dado ninguna entrevista todavía; hemos quedado en que, dos años después de haber comenzado su investigación, le daré la entrevista, pero que primero vaya avanzando con el trabajo”.

Por lo demás, Mario Vargas Llosa no hace planes para después de...

-¿Ha escuchado esa ranchera mexicana que dice ´que me entierren en la sierra´?

-(Risas) Mi tierra es el mundo entero, no me importa dónde me entierren. En absoluto.

´Yo conozco las ciudades por sus bibliotecas´

“La de Nueva York es una maravilla, porque las mesas son muy cómodas y la iluminación es buena; el problema es el ruido. Cuando estaba en el museo británico, el Reading Room de la Brittish Library era, para mí, el sinónimo de la felicidad. Ahora tiene un edificio muy cómodo, pero de una gran fealdad por fuera.

La antigua biblioteca francesa era incómoda porque los asientos estaban muy pegados, y si uno levantaba un brazo bruscamente, golpeaba al vecino. La nueva, la Biblioteca Mitterrand, me parece que fue construida por unos arquitectos que jamás leyeron un libro. Los libros están colocados en torres y la sala de lectura está en un sótano fuera de la luz y del aire. Es una especie de sarcófago de libros que construyó Mitterrand para satisfacer su egolatría”.

Mario Vargas Llosa

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