Las huellas del pasado en Chinina

Se retoma el trabajo arqueológico iniciado en 2011 al este de Panamá, que denota parte de la cultura antigua de la zona.

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Las zonas bajas eran los canales y las elevadas, los camellones. Las zonas bajas eran los canales y las elevadas, los camellones.

Las zonas bajas eran los canales y las elevadas, los camellones.

Hay que cruzar el Bayano y transitar por un camino de difícil acceso para llegar. Hay que cruzar el Bayano y transitar por un camino de difícil acceso para llegar.

Hay que cruzar el Bayano y transitar por un camino de difícil acceso para llegar.

Durante la época prehispánica, pobladores de Colombia, Surinam, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia utilizaron esta técnica agrícola en zonas inundables. Durante la época prehispánica, pobladores de Colombia, Surinam, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia utilizaron esta técnica agrícola en zonas inundables.

Durante la época prehispánica, pobladores de Colombia, Surinam, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia utilizaron esta técnica agrícola en zonas inundables.

La zona de camellones cubre unas 30 hectáreas. La actividad ganadera contribuye a la erosión. La zona de camellones cubre unas 30 hectáreas. La actividad ganadera contribuye a la erosión.

La zona de camellones cubre unas 30 hectáreas. La actividad ganadera contribuye a la erosión.

Llegamos al puerto de Coquira, en el distrito de Chepo, al este de la ciudad de Panamá. Unos hombres descargan cajas llenas de pescado fresco. Tomamos un bote y, en menos de 5 minutos, cruzamos el Bayano. Mientras esperamos al conductor que nos llevaría hacia nuestro destino –una finca en Chinina– nos acercamos a un sitio donde venden comida, y unos hombres descansan en hamacas en una terraza de madera sobre pilotes. Debajo, en la tierra, duermen dos perros. Gallinas, pollitos, un loro y unos pericos nos entretienen. En el fondo se escuchan los motores de las lanchas.

Hay varios carros de doble tracción a los lados del camino de tierra y cascajo. En la parte trasera se agrupan los pasajeros con sus insumos, que van desde un tanque de gas de 25 libras hasta materiales de construcción, maletas, herramientas, envases plásticos...

Debido a las condiciones del camino, con sus subidas y bajadas, rocas y polvo (dicen que no ha llovido por acá desde hace 22 días), y potreros a los lados, el viaje dura entre una hora y hora y media. Uno de los arqueólogos del equipo se cubre el rostro con un pañuelo. Entre los ruidosos saltos que da el vehículo modificado con carriolas que hace las veces de asiento, se observa la estela de polvo que va dejando detrás.

antecedentes

Probablemente, cuando el arqueólogo Rainer Schreg, del Römisch-Germanisches Zentralmuseum en Alemania, observó en fotos satelitales unos trazados que llamaron su atención en esta zona de Panamá, no imaginó la dificultad que habría para llegar.

Hace unos 15 años, el propietario de la finca donde está el terreno observado había desmontado para meter ganado y así se dio cuenta de que había unas ondulaciones en la tierra, pero no le prestó mayor atención.

En 2011, el arqueólogo Juan Guillermo Martín, de la Universidad del Norte de Barranquilla, Colombia, visitó el sitio junto con su colega Tomás Mendizábal, de Panamá, para hacer una prospección. Como resultado de la investigación, avalada por la Dirección de Patrimonio Histórico de Panamá, se confirmó que había una alteración del paisaje, que podría ser producto de la actividad humana.

Se trataba, como explicó Martín, de la primera evidencia de camellones en América Central. Los camellones eran campos de cultivos elevados que permitían aprovechar la humedad aun en la época seca (ver infografía).

El hallazgo fue descrito en el journal de arqueología Antiquity en el artículo “First evidence for pre-Columbian raised fields in Central America” (Juan G. Martín, Tomás Mendizábal, Rainer Schreg, Dolores Piperno & Richard G. Cooke).

“Hicimos un recorrido del área que habíamos visto en imágenes satelitales, y la zona transformada más o menos se estima en 30 hectáreas. En 2011 hicimos una trinchera, un corte para ver en perfil dos canales y el camellón, y conocer cuál era su disposición original. Nos dimos cuenta de que los camellones originalmente debían tener como un metro de altura y de largo, algunos podrían medir de 50 a 70 metros”.

Añade Martín que el haber tumbado el bosque y usar el área actualmente como sitio de pastoreo, ha llevado al deterioro de las estructuras, a la erosión, por eso ya no son tan evidentes.

DE VUELTA AL CAMPO

Es sábado y avanzamos por Tigre Abajo y Martinambo para llegar a Chinina. En estas zonas se hicieron hallazgos arqueológicos en la década de 1970 (ver mapa). Martín ha traído a dos arqueólogos jóvenes, quienes permanecerán en Chinina para continuar una prospección en el área que, estiman, era la de vivienda de los pobladores que hicieron los camellones. El trabajo de campo terminará al final de la semana próxima.

La idea es obtener muestras de cerámicas que puedan fechar para precisar la secuencia de esta zona. El sitio exacto no está marcado para evitar la huaquería.

“La gente tiene la idea de que cuando se hace un trabajo arqueológico, lo que encuentra uno es oro y tesoros”, dice Martín. “Hemos insistido, y al dueño de la finca le hemos dicho, que a nosotros lo que nos interesa es conocer cómo vivió la gente aquí en esta región hace mil años, cómo transformaron el paisaje y qué produjeron con este sistema agrícola”.

Ya se ha comprobado con análisis de fitolitos que aquí se cultivaba maíz. Hubo un proceso de quema del bosque, la introducción de maíz, y después, un abandono de la actividad agrícola y la recuperación de bosque secundario. Desafortunadamente, no se tiene una fecha exacta. El abandono pudo haberse dado para la llegada de los españoles.

Caminamos por el lugar, la vegetación ha crecido y apenas se nota un canal con agua y a los lados, un montículo de tierra con plantas. Del otro lado y a pesar de la hierba, se ve que el terreno tiene ondulaciones, unas zonas bajas que eran los canales y otras más elevadas, que eran los camellones.

Después de la prospección vendrá el trabajo de laboratorio, de conteo, clasificación y análisis de los materiales hallados, así como del procesamiento y limpieza de material orgánico para poder mandarlo a un laboratorio en Estados Unidos y obtener unas fechas precisas con radiocarbono.

“Tenemos dos fechas: una de 1400 años antes del presente que consideramos el inicio de la ocupación y transformación del paisaje, y una más tardía de 570 años de antigüedad”, dice Martín.

“La cercanía geográfica del este de Panamá con el noroccidente colombiano y, sobre todo, con los senúes, que transformaron el paisaje y construyeron unos sistemas similares a este, empieza a reforzar la idea de que no solo se intercambiaban cerámica u objetos de oro, sino también a lo mejor, el conocimiento en temas agrícolas y para la transformación del paisaje en zonas bajas como esta, que cuando llueve se inunda y que tiene las condiciones similares a la depresión Momposina en Colombia, que llevó justamente a la gente a transformar el paisaje para hacerlo productivo y habitable”, afirma el arqueólogo colombiano.

Ese sistema [de camellones] “se inició hace unos 2200 años, este quizás hace 1400 años, entonces podríamos pensar que es parte de ese intercambio de conocimiento que se dio en esta amplia región en tiempos prehispánicos”.

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