El que indagó en lo desconocido

José Emilio Pacheco fue uno de los máximos exponentes de la literatura mexicana del siglo XX junto con los fallecidos Octavio Paz y Carlos Fuentes.
Pacheco escribió las novelas ‘Morirás lejos’ (1967) y ‘Las batallas en el desierto’ (1981), así como los poemarios ‘Miro la tierra’ (1987) y ‘Siglo pasado’ (2000), entre otras obras. EFE. Pacheco escribió las novelas ‘Morirás lejos’ (1967) y ‘Las batallas en el desierto’ (1981), así como los poemarios ‘Miro la tierra’ (1987) y ‘Siglo pasado’ (2000), entre otras obras. EFE.
Pacheco escribió las novelas ‘Morirás lejos’ (1967) y ‘Las batallas en el desierto’ (1981), así como los poemarios ‘Miro la tierra’ (1987) y ‘Siglo pasado’ (2000), entre otras obras. EFE.

José Emilio Pacheco, el poeta que amaban los mexicanos, el hombre bueno que ni siquiera se consideraba “el mejor poeta de su barrio”, como él decía, porque era vecino de Juan Gelman, su gran amigo, junto con Sergio Pitol y Monsiváis, y alimentó su palabra con la humildad y el entendimiento.

Novelista, traductor, ensayista, periodista, guionista de cine y teatro y, por encima de todo, poeta, género que consideraba “el arte total”, José Emilio Pacheco (ciudad de México 1939-2014) generaba emoción y fuego no solo con sus versos, sino con su pensamiento, su forma humilde y honesta de estar en el mundo, su mirada existencial y su ironía, que le llevaba a reírse también de sí mismo.

“Soy poeta, porque no sirvo para otra cosa. No sé dibujar planos ni repetir una melodía, como otros nada más oírla”, decía la víspera de recoger el Premio Cervantes, mostrándose en todo momento sobrepasado por los acontecimientos.

De cultura enciclopédica, Pacheco, considerado el poeta más importante de México tras Octavio Paz, creó uno de los poemas más emblemáticos de su país, Alta traición, que se convirtió en bandera de los jóvenes mexicanos y en donde mostraba las contradicciones de su país, su amor y sus reproches por una tierra por la que, según advirtió, estaría dispuesto a dar la vida.

EL GOLPE

La escritora mexicana Cristina Pacheco, viuda de José Emilio Pacheco, confirmó que el poeta se había golpeado la cabeza en una caída en su habitación dos días antes de su muerte, pero no quiso ir al hospital.

“Por un estúpido golpe en la cabeza no voy al hospital. Fue un golpe y ya”, le dijo Pacheco a su esposa, que no estaba en su hogar en el momento del incidente, pues se encontraba grabando un programa cultural.

En declaraciones a la emisora MVS, la también escritora se mostró dolida y triste por la muerte del Premio Cervantes 2009.

Cristina explicó que el pasado viernes 24 de enero se ausentó de la casa y al regresar, Pacheco, de 74 años, le contó que se había caído y golpeado la cabeza en su habitación.

IDIOMA ENTERO

Impartió clases en las universidades de Estados Unidos y Europa, y recibió todos los honores y premios de su país, entre ellos, la Medalla al Mérito Artístico, el Nacional de Poesía, el Octavio Paz, el José Donoso y el Xavier Villaurrutia.

Fue miembro de honor de la Academia Mexicana de la Lengua, y en España le concedieron los más importantes galardones: el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Cervantes, este por ser “un poeta excepcional de la vida cotidiana”.

“José Emilio Pacheco se puede definir como el idioma entero”, dijo el académico José Antonio Pascual, como presidente del jurado. “Este premio no es para mí; es para los libros. Yo soy un instrumento para escribirlos”, respondió al enterarse de que había sido galardonado con el premio más importante de las letras en castellano.

Autor de la mítica novela Las batallas en el desierto, Pacheco apenas ha sobrevivido dos semanas a su amigo Juan Gelman. Ambos vivían en el barrio de la Condesa, de ciudad de México, y, según una de sus hijas, los últimos versos que escribió estaban dedicados al poeta argentino fallecido el 15 de enero.

Autor de más de dieciséis poemarios, la poesía de Pacheco caminó entre el simbolismo y la introspección hasta el existencialismo; a veces irónico, a veces desesperanzado, pero siempre con la pasión puesta en cada palabra alimentada por la memoria y el tiempo.

Vida y lenguaje son los dos marcadores de la creatividad de Pacheco, que siempre estaba al tanto de lo que sucedía a su alrededor.

En 2010, Pacheco dejó claro que le habría gustado “detener la violencia y la maldad”.

Pacheco deja su forma de indagar, de bucear “con las palabras conocidas en lo desconocido”, como dijo Mario Benedetti, quien ponía a Pacheco como ejemplo de “poeta total”.

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