Esos latidos cerebrales

Los científicos han logrado explicar cómo funciona el amor romántico a nivel cerebral y el porqué de la euforia o la tristeza.

El amor. Ese sentimiento que ha inspirado millones de canciones, poemas y otras expresiones artísticas, así como tragedias alrededor del mundo, no es una simple sensación que experimenta en el corazón, como se creyó por mucho tiempo.

Ya varios estudios han confirmado que es en el cerebro en donde neurotransmisores y sustancias químicas son las que producen ese “flechazo” que puede mantener a dos personas juntas.

Aunque la llamada ciencia del amor es relativamente nueva, las herramientas tecnológicas han logrado ver dentro del cerebro humano y han descifrado algunas reacciones.

Los científicos John Pickrell, Lucy Middleton y Alun Anderson publicaron en 2006 varios hallazgos sobre el amor en la revista científica New Scientist.

Adicción

Por muy cursi que suene para algunos, cuando Noel Schajris canta Nadie me hace más feliz que tú, tan solo está describiendo una de las sensaciones que se producen durante el enamoramiento.

En esa fase se incrementa el cortisol y la feniletilamina, una sustancia parecida a las anfetaminas, que hacen que aumente la emoción y la euforia.

Sin embargo durante esta fase, también caen los niveles de serotonina y los centros de recompensa del cerebro se inundan de dopamina, produciendo un efecto similar al de las drogas, detalla el estudio.

Así que cuando en la canción Addicted, de Simple Plan, dice I´m trying to forget that I´m addicted to you, but I want it and I need it, I´m addicted to you (Estoy tratando de olvidar que soy adicto a ti, pero lo quiero y lo necesito, soy adicto a ti), no es una exageración.

Y es que según la investigación, el amor se refleja en el cerebro de forma similar al desorden obsesivo compulsivo.

La psiquiatra panameña Delia de Ycaza explica que además de la feniletilamina, durante el enamoramiento también se produce oxitocina, que a su vez se relaciona con sustancias como dopamina y esto produce placer, una emoción adictiva.

Es por eso que cuando una relación termina, se produce algo parecido a un síndrome de abstinencia y si hay deficiencia de los niveles de serotonina (que también está asociada con la ansiedad, la depresión y la compulsión), el displacer puede llevar a la obsesión.

“No hay manera de comprobar cuándo es esto lo que está pasando, pero si es algo muy severo, que lo lleva a tomar acciones que le estén dando problemas, entonces se hace terapia”, aconseja.

No obstante, la bioquímica no es lo único que rige nuestras vidas.

La psiquiatra explica que la fisología o la neurofisiología logra explicar al amor desde el punto de vista científico, sin embargo hay otros factores que influyen en el individuo, como la crianza, las vivencias y los estímulos.

La biología del cerebro no es exactamente igual para todas las personas. “Hay un patrón neurofisiológico, pero cada uno reacciona diferente de acuerdo a sus vivencias”, explica la psiquiatra.

“El amor tiene que ver con la memoria emocional. El placer de estar enamorado se produce cuando se recuerdan experiencias anteriores, se activa la memoria emocional y se reacciona de una u otra forma”, detalla la especialista.

Otro hallazgo del estudio es que al momento de seleccionar una pareja no solo es la apariencia física lo que cuenta, sino que la persona se les parezca a ellos mismos y a sus padres.

El amor puede tener una raíz evolutiva, que es el amor maternal, agrega el estudio.

Además, un artículo, publicado por el diario El Clarín, a comienzos de este año, afirma que el clima también influye en las reacciones cuando de fechazos se trata.

“El aumento de temperatura, los días más largos y la exposición a la luz solar aumentan los estímulos, influyen en el erotismo y provocarían una mayor predisposición a la erección y el deseo”, según el diario.

Fases

El sitio web de la BBC tiene, por su parte, una sección dedicada a la ciencia del amor. En ella detalla tres fases: la de la lujuria, manejada por las hormonas testosterona y estrógeno; la atracción en donde trabajan la dopamina, la norepinefrina y la serotonina; y el apego (que es la fase que determina si la relación va a durar o no), en la que intervienen la oxitocina y la vasopresina.

Ningún estudio científico ha logrado predecir, sin embargo, si una relación va a ser exitosa o no.

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