LA VOZ DE LA ACADEMIA

El neologismo ´entreno´

El español tomó el verbo ´entrenar´ del francés (entraîner).

Fue en 1927 cuando la Academia incluyó por primera vez en su diccionario tanto el verbo ´entrenar´ como el sustantivo formado por derivación ´entrenamiento´ compuesto con el sufijo –amiento, que viene a significar ´acción y efecto´, es decir, la acción indicada por el verbo.

Para entonces, el Diccionario definía ´entrenar´ así: “Galicismo por ensayar, ejercitar, adiestrar, habituar, acostumbrar, amaestrar”. Y ´entrenamiento´ era definido como “Galicismo por ejercicio, ensayo, preparación”.

Curiosamente, la palabra ´entrenador´ apareció por vez primera en la edición de 1970, mientras que la marca femenina ´entrenadora´ fue incluida en la edición de 1984.

El banco de datos lingüísticos de la Real Academia (CREA, Corpus de Referencia del Español Actual) registra tres usos más antiguos de la palabra ´entreno´ en función sustantiva, entre los cuales se encuentra este, de 1987, del escritor español Javier Fernández de Castro, en su novela La novia del capitán: “Qué mujer, pensaba Laureano a la mañana siguiente cuando, por cumplir su plan de entreno diario, se disponía a atacar con visible desgana el pequeño puerto del Ordal”.

O este otro, de 1993, perteneciente al campo de la tecnología: “...lo que para los científicos de una época pasaba por ser un constructo teórico, en una época posterior (gracias al entreno y al desarrollo tecnológico) puede convertirse en observacional”.

De 1996 es este otro registro, cuyo medio de difusión fue un diario salvadoreño, en la sección deporte: “¿Pesado el entreno? “No, para nada, todo está tranquilo”, nos dijo Castro Borja.

La palabra ´entreno´, que tiene tal vez menos eufonía que ´entrenamiento´, a la que, además, estamos más acostumbrados, fue incluida en la edición de 2001 del DRAE y tiene, principalmente, un marcado uso en el lenguaje deportivo, sobre todo en la lengua oral.

Muchos hablantes se resisten a su uso y la deslegitimizan, a pesar de su inclusión en el Diccionario y sus numerosas apariciones, registros o entradas en los buscadores más importantes de internet.

En la formación de palabras en español no son pocos los casos en los que el hablante tiene dos o más posibilidades para decir lo mismo, con ligeros matices a veces. No obstante, siempre es el hablante el que decide, por

musicalidad de la palabra, por simple preferencia o por prestigio social.

Así tenemos ahogamiento y ahogo, acosamiento (desusado) y acoso, asolamiento y asolación, mantención y manutención, invención e invento, planeamiento y planeación, confinamiento y confinación, etc.

La Academia dice: Cuando tenemos dos o más formas para expresar un mismo concepto debemos elegir aquella que satisfaga nuestra necesidad comunicativa, basada en la comodidad del hablante, el conocimiento de esa palabra por parte del emisor y el receptor y la buena recepción del vocablo en la comunidad lingüística.

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