¡La niña buena se acabó!

Miley Cyrus, la ídolo de generaciones de niños y adolescentes, se separa de su pasado y se lanza con una nueva imagen para seguir su carrera como adulta.

Ella es la estrella del momento. Miley Cyrus, quien por cinco años encarnó a la tierna niña de buenos modales con su personaje de Hannah Montana de Disney y acumuló una gran ola de seguidores, en su mayoría, niños y adolescentes, ahora se transforma.

Como si se tratara de una imagen opuesta, la artista de 20 años se empeña en mostrar su lado excéntrico para convertirse en una sex symbol y dar que hablar, aunque sus actuaciones provoquen más comentarios en contra que a favor.

La nueva Cyrus ha sabido revolucionar la plataforma de Twitter con 14 millones de adherentes en su cuenta, luego de que el pasado 25 de agosto durante la premiación MTV Video Music Awards 2013 saliera al escenario semivestida de oso juguetón, atuendo que cambió después cuando prefirió lucir su ropa interior color beige. Su particular lengua blanca y puntiaguda, que se diferencia del aspecto redondeado como solía sacarla al interpretar a la ingenua Hannah, se suma a su look rudo que le da su cabello semirrapado, su larga manicura y sus collares cortos inscritos con letras al estilo callejero del hip hop. De la niña solo le queda el color de los ojos.

Cyrus no solo se viste diferente, sino que actúa distinto, profana también los símbolos existentes, como el guante que usualmente los estadounidenses usan para aclamar a sus equipos favoritos de béisbol, el mismo que Miley usó para rozar sus partes íntimas mientras bailaba el twerking (una especie de remeneo de pompis) y al que el cantante vestido completo de saco rayado, Robin Thicke, no puso resistencia.

Las letras de sus canciones son abiertamente rebeldes, como la de We Can´t Stop, cuyo disco Bangerz saldrá a la venta mañana. Sus movimientos, sus tatuajes y sus gestos grotescos minan el renacimiento de la estrella hacia su etapa adulta.

Cyrus no se queda callada, y para no dar pie a interpretaciones, incluso se autodenominó “una perra mala” en un documental Miley: The Movement, publicado por MTV hace unos días.

La intérprete de Wrecking Ball (video en el que se columpia desnuda sobre una bola de demolición) no es la primera de las egresadas de Disney que se rebela. En su momento lo hicieron Britney Spears, cuya transición se vio reflejada en el desorden de su vida personal; Cristina Aguilera, quien protagonizó junto con Britney un beso lésbico en un show con Madonna; y Lindsay Lohan, cuya figura está más asociada con la cárcel, las drogas, el alcohol y el pésimo manejo al volante.

¿Qué es lo que sucede con Cyrus? ¿De qué se trata su espectáculo? ¿Qué pueden hacer sus inocentes seguidores frente al cambio radical?

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