Un oasis para playeros migratorios

El proyecto regional de monitoreo invernal del playero occidental avanza e impone nuevos desafíos localmente.

Cada año, durante el invierno boreal, miles de aves playeras y acuáticas provenientes de Alaska, Canadá y Estados Unidos pasan por Panamá en su migración hacia el sur del continente. Muchas van a Colombia, Ecuador o Perú y vuelven a Norteamérica en marzo o abril para reproducirse en la primavera. Los juveniles de varias especies ­que no están listos para reproducirse­ se quedan en Panamá hasta el siguiente año y se reúnen con sus congéneres cuando estos vuelvan a migrar.

En 2011, representantes de asociaciones conservacionistas de Perú, Colombia y Ecuador se reunieron en un taller en Panamá para compartir con miembros de la Sociedad Audubon las iniciativas que han realizado en sus países para monitorear aves playeras.

Desde entonces, Panamá se sumó a un proyecto regional de monitoreo invernal del playero occidental (Calidris mauri), promovido por el Programa Internacional del Servicio Forestal de Estados Unidos y en el que se busca evaluar tendencias poblacionales en sus sitios de invernada.

PRIMEROS RESULTADOS

Localmente, el trabajo de campo comenzó en enero de 2012 en Costa del Este, Panamá Viejo y Juan Díaz.

“En el primer año se acordaron los pasos a seguir para el monitoreo, pero nos dimos cuenta de que habría que ajustar el protocolo debido a las diferencias entre las zonas costeras de los países”, explica la directora ejecutiva de la Sociedad Audubon Panamá Rosabel Miró.

Cuenta Miró que a finales de 2011 habían visitado Panamá Viejo y Costa del Este, y como aún llovía, el fango estaba suave y había muchas aves. Pero al mes siguiente, el fango estaba reseco y los pájaros estaban muy lejos de la playa. “Parte del protocolo era contar las aves en un rango de los 200 m de distancia y estaban como a 500 o 600 metros, y era muy difícil identificarlas”.

La experiencia fue desalentadora porque, según investigaciones previas realizadas por expertos canadienses en la década de 1980, esos eran sitios de gran importancia para los playeros y se esperaban grandes números, pero entre enero y febrero de 2012 apenas se contaron en los tres sitios un total de mil 404 playeros (incluyendo playero occidental, playero semipalmeado, playero aliblanco, playero arenoso y chorlo semipalmeado, entre otros).

“Fue muy triste. Eso nos obligó a comenzar a estudiar la costa y hacer más visitas a esas zonas para conocer el comportamiento de las mareas, del fango y dónde descansan las aves, y así comenzar a ver los posibles cambios en el protocolo”, dice Miró.

A finales de diciembre de 2012, en una gira por Costa del Este, vieron una bandada de aproximadamente 80 mil playeros occidentales y playeros semipalmeados.

Y en el segundo censo, del 21 al 25 de enero de este año, usaron los datos previos para comparar tendencias de distribución de las aves, explica la bióloga Michelle Caballero, colaboradora de Audubon Panamá. Esta vez, en los tres sitios, Panamá Viejo, Costa del Este y Juan Díaz, contaron 8 mil 717 playeros.

Una novedad es que se incluyeron dos lugares más: Río Chico en Pacora y Punta Chame. “Entre el río Pacora y el río Chico este año contamos más de 150 mil playeros occidentales, vimos hasta patos migratorios posados en el fangal”, narra Miró.

En Juan Díaz, donde habían filmado en 2012 “enormes cantidades de aves” después del río Juan Díaz, este año no vieron esos movimientos en la misma época.

“Pareciera que, cuando las aves playeras recién llegan aquí, sí usan estos sitios, pero cuando están de residentes, no sabemos si por las condiciones del lodo, la disponibilidad de alimento o por la amenaza de rapaces, se mueven de esta zona. Además, las condiciones de los fangales son tan variables que un día están acá cerca de la ciudad y otro, a varios kilómetros al este, como el caso de Pacora”.

Como las aves son indicadoras de la calidad del ambiente, este proyecto regional de monitoreo permitirá tener un mayor conocimiento sobre las poblaciones, si están saludables o declinando, y dónde están los focos de amenazas para ellas.

“Necesitamos levantar información sobre los sitios que usan las aves en las diferentes épocas del año para poder asesorar a las autoridades en las medidas de conservación y hacer campañas de educación ambiental. En este esfuerzo regional estamos partiendo de cero, creando un protocolo que se mantenga a través de los años, estamos aprendiendo cómo hacer estimaciones, y esperamos que se involucre la Autoridad Nacional del Ambiente y que se estudien las migraciones también en la bahía de Chame, el golfo de Parita, Montijo, en los manglares de David en Chiriquí y en Garachiné, Darién”, expresa Miró.

Para 2014 se espera hacer una convocatoria más amplia para que el público también participe del conteo de los playeros y fomentar así la “ ciencia ciudadana”.

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