MEDIO AMBIENTE

El planeta a la mesa

Análisis sobre el impacto ambiental por el consumo de alimentos de origen animal y las alternativas para reducir el daño al planeta.

Estadísticas de la actividad agrícola

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Para ayudar a mitigar los efectos del calentamiento global, la población debe reorientar su forma de alimentación. Fotolia Para ayudar a mitigar los efectos del calentamiento global, la población debe reorientar su forma de alimentación. Fotolia
Para ayudar a mitigar los efectos del calentamiento global, la población debe reorientar su forma de alimentación. Fotolia Fotolia

El crecimiento exponencial de la población mundial ha ocasionado que la demanda de alimentos sea cada vez más alta, en especial de los productos derivados de animales.

Hoy podemos observar cómo en una sola comida consumimos más de un tipo de producto animal, es decir, que en tan solo un día nos alimentamos de al menos cinco derivados de diferentes animales: de manera directa (con su carne) y de manera indirecta (productos derivados como leche, huevos, etc.); hemos desplazado nuestra alimentación hacia el consumo excesivo de productos de origen animal, lo cual ha traído consigo muchas consecuencias.

Actualmente la mayoría de la población experimenta una tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir alimentos, no siempre necesarios, en este caso de origen animal.

De acuerdo con estudios de la Red de Huella Global, Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y otras organizaciones, el consumo de animales es el principal causante del incremento de la huella ecológica, por la gran cantidad de recursos que se consumen en las actividades agropecuarias; igualmente por las implicaciones ambientales de los desechos que estas generan.

Informes de la FAO revelan que, de todas las actividades que generan gases de efecto invernadero (GEI), las agropecuarias son responsables del 9% del dióxido de carbono (CO2), 78% del metano y 65% de óxido nitroso; estos dos últimos con potenciales de calentamiento global entre 23 y 296 veces mayor que el CO2, respectivamente.

A nivel de producción de GEI por especie, el Modelo de Evaluación Ambiental de la Ganadería Mundial, avalado por la FAO, pudo determinar que el ganado vacuno genera alrededor de 5.0 gigatoneladas de CO2-equivalente/año, lo que corresponde al 62% de todas las emisiones de las actividades agropecuarias; mientras que la producción de huevos, carne de pollo, carne de cerdo y leche generan 31, 35, 55 y 87 millones de toneladas de CO2-equivalente/año.

En este punto podríamos pensar que el problema de las actividades agropecuarias son los desechos, sin embargo, no se escapa de ser un problema el uso excesivo de diversos recursos del planeta.

Las actividades agropecuarias usan alrededor del 40% de la tierra del planeta, inclusive el 70% de los bosques deforestados en el Amazonas han sido destinados para pastizales de ganado, cuyo 20% será degradado por el sobrepastoreo, la compactación y la erosión.

No podemos dejar de lado el gran consumo de alimentos que demanda la cría de ganado. Estudios de la FAO indican que el 36% de los granos (soja, harina de soja, maíz, sorgo) producidos en el periodo 2005-2015 fueron destinados para la alimentación de ganado, y se espera que para 2025 se produzcan alrededor de 2 mil 800 millones de toneladas, cuyo 70% será destinado a la alimentación del ganado. Esta cantidad de granos podría alimentar al 65% de la población mundial y erradicar el hambre.

Al sector agropecuario se le considera el mayor consumidor de agua del mundo. De acuerdo con Naciones Unidas, el riego representa el 70% de las extracciones de agua dulce, mientras que se debe utilizar alrededor del 30% de la energía para las actividades agropecuarias, que en su mayoría es generada hidráulicamente. Estudios realizados por Unesco han predicho que para 2050, el consumo de agua en las actividades agropecuarias se puede incrementar hasta un 19% (89%).

Y pensar que, con el aumento de la población, todos los recursos que se requieren para las actividades agropecuarias podrían aumentar en un 60%, así mismo los GEI que genera esta actividad.

La gran consecuencia climática y ambiental que generan las actividades agropecuarias han sido objeto de críticas y estudios que han propuesto que la población debe orientarse hacia una alimentación sostenible, es decir, una alimentación fundamentada en los requerimientos nutricionales de las personas y en la conservación del medio ambiente. En ese sentido, el 2 de junio de 2010, la ONU afirmó que, para salvar al mundo de los nefastos impactos del cambio climático, la escasez de combustibles y combatir la hambruna, es vital orientar a la población mundial hacia la dieta vegana.

Esta postura tan controversial ha empezado a ser aceptada por la sociedad y respaldada por diversos científicos y sus estudios. Jean Meyer, reconocido nutricionista de la Universidad de Harvard, afirmó que con solo reducir el consumo de carne en un 10% habría suficiente grano para alimentar a 60 millones de personas. Recientemente, investigadores de la Universidad de California realizaron estudios comparativos entre la dieta tradicional y vegana y concluyeron que la dieta vegana podría ayudar a reducir hasta un 17% las emisiones de GEI en Estados Unidos.

En Japón, científicos del Instituto Nacional de Ciencias de la Ganadería y la Agricultura estimaron que el consumo de 2.2 libras de carne roja producen el equivalente de CO2 que emite un auto europeo cada 250 km.

Recientemente, en un artículo publicado en la revista científica Nature, científicos advirtieron que si no se hacen cambios para mitigar los efectos de la demanda de los productos animales y sus derivados, el impacto de las actividades de producción podría aumentar a un 90% para el año 2050, lo que conllevaría a que nuestro planeta no seguiría siendo un espacio operativo seguro para la humanidad.

El Panel Intergubernamental del Cambio Climático ha ratificado constantemente que la dieta vegana es una de las principales soluciones para mitigar el cambio climático.

Todos estos estudios y muchísimos más nos alertan a considerar el verdadero costo de cada plato de comida que llevamos a la mesa y a pensar: ¿nos estamos comiendo el planeta?

(El autor es profesor del Departamento de Química Analítica de la Facultad de Ciencias Naturales, Exactas y Tecnología de la Universidad de Panamá)

Estadísticas de la actividad agrícola

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El planeta a la mesa

El ganado vacuno genera alrededor del 62% de todas las emisiones de las actividades agropecuaria.

De acuerdo con las Naciones Unidas, el riego representa el 70% de las extracciones de agua dulce del planeta.

Con el aumento de la población, todos los recursos que se requieren para las actividades agropecuarias podrían aumentar en un 60%.

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