Sabiduría milenaria

El sitio arqueológico de Caral en el Valle de Supe en Perú, muestra cómo vivía la civilización más antigua de América.

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El complejo arqueológico se eleva como una gran lección en mecanismos sostenibles. El complejo arqueológico se eleva como una gran lección en mecanismos sostenibles.

El complejo arqueológico se eleva como una gran lección en mecanismos sostenibles.

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Cinco mil años atrás, la población de Caral ya entendía el valor de la sostenibilidad.

Su ubicación en las cercanías del Valle de Supe, en la provincia de Barranca, a unos 200 kilómetros desde la ciudad de Lima (Perú), aún sigue en pie como valor histórico.

En un recorrido organizado por el Ministerio del Ambiente de Perú, este medio visitó las ruinas de la llamada Ciudad Sagrada de Caral, para conocer los avances en el estudio del asentamiento más antiguo de América.

Tras su hallazgo en 1994, el complejo arqueológico fue reconocido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como un Patrimonio Cultural de la Humanidad.

El sitio, considerado como la capital de la civilización caral, fue contemporáneo de otras civilizaciones milenarias como la china, la egipcia y la mesopotámica, por su complejidad arquitectónica organizada con edificios piramidales, plazas y prácticas urbanas definidas, dijo el guía Marco Berzales, durante el recorrido.

Unas tres horas en autobús desde la capital peruana lo llevan hasta el Valle de Supe, donde los cerros dan la impresión de abrirle paso hacia un viaje en el tiempo.

El paisaje desértico labrado con dunas se desune del panorama citadino y revela los vestigios de una urbe perdida en otro espacio.

Los estudios liderados por la arqueóloga y antropóloga peruana Ruth Shady, quien desde hace 20 años se dedica a la investigación del complejo, evidencian que esta comunidad andina, formada entre el año 3000 y 1800 a.C. ya contaba con mecanismos y prácticas ecoamigables.

Las 68 hectáreas que componen la Ciudad Sagrada respetaban la naturaleza y sus recursos, gestión de la cuenca del Supe para garantizar el uso del agua sin afectar el cauce fluvial y una construcción sólida que prevenía cualquier evento sísmico, explicó Berzales.

La ciudadela, que se puede visitar por 11 nuevos soles (unos 3.70 dólares), fue edificada con material de la región con técnicas de quincha, canto rodado, plataformas antisísmicas y muros estructurales para darle solidez a las paredes externas, añadió el guía.

En el texto La ciudad sagrada de la civilización Caral, Shady detalla cómo los caralinos implementaron un sistema de cultivo en los espacios cercanos al valle, donde había tierra fértil. Las edificaciones, en tanto, se hacían en sitios alejados de los cultivos para evitar dañar los recursos naturales.

Por otro lado, agregó Berzales, los caralinos aprovecharon la energía solar y las corrientes de aire para lograr combustión para calentar el hogar y preparar los alimentos, con emisiones bajas de dióxido de carbono.

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