Aventuras escultóricas

‘Obra reciente’, que se inaugura hoy en la galería Mateo Sariel, es el nuevo acercamiento de la artista panameña Isabel De Obaldía con la escultura en vidrio.

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La elaboración de sus obras en vidrio puede tardar entre un año y hasta tres años, de acuerdo con la complejidad de cada una. Cortesía La elaboración de sus obras en vidrio puede tardar entre un año y hasta tres años, de acuerdo con la complejidad de cada una. Cortesía

La elaboración de sus obras en vidrio puede tardar entre un año y hasta tres años, de acuerdo con la complejidad de cada una. Cortesía

Obras hechas de rituales y procesos Obras hechas de rituales y procesos

Obras hechas de rituales y procesos

De cuadros de una fuerza agresiva durante las décadas de 1970 y principios de 1980, Isabel De Obaldía pasa luego a realizar esculturas de una belleza entre calmada y enigmática.

En años más recientes su ojo está puesto en las bondades del vidrio, material transparente que le atrae mucho porque es sólido y frágil al mismo tiempo.

Un nuevo capítulo de su aventura con las esculturas de vidrio se deja ver en su individual “Obra reciente”, que inaugura hoy miércoles, a las 7:00 p.m., en la galería Mateo Sariel (Coco del Mar, calle 79, este).

Esta muestra, compuesta por una docena de piezas, es para la artista panameña el final de su etapa de los metates como tema de inspiración y exploración.

En 2011 tuvo una retrospectiva, “Primordial: Paintings and Sculpture”, en el Museo de Arte de Fort Lauderdale (Florida) y en 2013 lleva a cabo una muestra en la Mary-Anne Martin Fine Art de Nueva York.

Ambos acontecimientos ocurridos en Estados Unidos le exigen buscar en su memoria y es cuando recuerda que de joven ya había abordado, principalmente desde el dibujo, los metates, objetos, cuyas formas y antigua herencia indígena le han conquistado su imaginación, su ingenio y sus desvelos hasta este 2014.

Este proceso deja en evidencia que todo creador evoluciona, crece y avanza, pero siempre, más tarde o más temprano, de alguna manera mira al pasado, lo retoma y lo reiventa.

Obras hechas de rituales y procesos

A finales de la década de 1980, justo antes de los momentos más álgidos de la dictadura militar, de pensar en óleos, la curiosidad de Isabel de Obaldía pasa a las texturas de las esculturas.

Entonces, un tío suyo le aconseja tomar cursos de verano en la Pilchuck Glass Studio en Washington (Estados Unidos). Ella escucha, hace maletas y para allá va.

En uno de los salones de esta institución académica encuentra su destino. Observa a un estudiante alemán que talla en vidrio y queda asombrada.

Entre señas, porque el chico no sabe inglés, este le enseña lo básico, y eso le gusta tanto a la istmeña, que en más de una ocasión en sus siguientes vacaciones, su predilección era ir por tres semanas a estudiar tallado en vidrio y poco a poco aprende la exigente técnica.

Paciencia y azar

Las esculturas de Isabel De Obaldía cuentan a los sentidos del espectador algo por fuera, pero si tiene la curiosidad de mirar dentro de ellas, verá otras formas, otros mundos, otras historias.

Cada pieza suya, compuesta por fascinantes hormigueros, caimanes, panteras y cocodrilos, tiene su propia personalidad, vida y carácter.

El resultado final es exquisito, aunque pocos deben saber lo complicado de hacerlas. Es que para ser escultor se requiere de una personalidad especial.

El suyo es un arte de paciencia y riesgos. La palabra fácil no tiene espacio en esta clase de propuestas. Mientras que el azar sí aparece sin que se le invite.

El de escultor, es un oficio regido por secuencias y etapas precisas. En su caso, sus esculturas, las más recientes puede verlas desde hoy en la galería Mateo Sariel, parten de bocetos que plasma en una hoja en blanco y después traslada a una maqueta en barro o yeso.

Luego hace el prototipo en cera, como se realiza cuando se trabaja en bronce. Construye por separado el cuerpo y el resto de las partes de sus animales para después armar un todo.

Hace otro molde con el vidrio que será el que terminará en el horno por días o semanas, de acuerdo con sus dimensiones y complejidades.

Con el vidrio, el control de la parte técnica, admite, no basta. De la mano del sorprendente azar le salen formas que no espera o planea, o salen a la superficie colores nuevos a partir de introducir plata, cobre o aluminio.

Acto seguido, libera con cuidado y cariño la pieza del molde. Se hace una primera limpieza a la que le seguirán otras más, sin olvidar pulir y limar hasta cuando sea necesario.

El resultado último lleva a la conclusión de que vale la pena la espera, seguir los pasos, y los esfuerzos físicos y emociones.

Este año, Isabel De Obaldía quiere ir más allá. Ha comenzado a concentrarse más en el bronce, un pendiente que tenía desde hace años y que ahora se promete a sí misma cumplir.

Aunque ya ha hecho algunas pruebas, su idea en un futuro cercano es profundizar en su deseo de unir el vidrio con el bronce en sus esculturas. Lo tiene en agenda y promete hacerlo a corto plazo.

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