Un reflejo panameño en África

´De Marruecos a Kenia´ es la obra del periodista panameño Ángel Ricardo Martínez en su recorrido por nueve países de África en ambientes de guerra.
La obra será presentada hoy a las 6:00 p.m. en el salón Bejuco Chocoe en el centro de convenciones Atlapa. La obra será presentada hoy a las 6:00 p.m. en el salón Bejuco Chocoe en el centro de convenciones Atlapa.
La obra será presentada hoy a las 6:00 p.m. en el salón Bejuco Chocoe en el centro de convenciones Atlapa.

Contar cómo transcurre la vida en África, su cultura y sus conflictos, a través de una perspectiva istmeña, fue el propósito del periodista Ángel Ricardo Martínez al concentrar en su obra De Marruecos a Kenia, crónicas de un panameño un resumen de su travesía durante cinco meses en territorio africano.

De Marruecos a Kenia, crónicas de un panameño es el resultado de una serie de 21 reportajes en que Martínez describe su viaje por vía terrestre, pasando por Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Sudán, Sudán del Sur y Uganda hasta llegar a Kenia, y que fueron publicados en 2011 en el periódico La Estrella.

“Para el diario, cada crónica era distinta por semana. Acá [en el libro] como se leen todas seguidas, incluí ciertos artículos que explican temas que se necesitaban aclarar”, describe el periodista que se desempeña desde enero como editor de coberturas internacionales en el diario La Prensa y que presenta todos los domingos un análisis con temas de carácter mundial.

Septiembre de 2011

Martínez se encontraba en la recta final de su maestría en Periodismo y Globalización con especialización en guerra y conflictos, para la cual permaneció dos años en Dinamarca, Holanda y Gales; la hora de volver a casa se acercaba y, al mismo tiempo, se sentía invadido por la nostalgia. “Cuando pasas mucho tiempo fuera, sientes que has cambiado radicalmente, pero al volver a tu país ves que todo sigue igual y por eso entras en un estado de shock”, describe.

Evitando ese trance, tomó la decisión de usar todos sus ahorros para emprender un nuevo rumbo hacia África en busca de aventuras que contar.

La pasión por el periodismo siempre había existido en él, y lo que le parecía más fascinante en esa profesión era la cobertura de guerra. Ya lo había experimentado en octubre de 2010 cuando entró en Bosnia por ser parte del proyecto piloto de un reality show en el que intentaría vivir con 10 dólares al día en territorios de guerras.

Y así, en agosto de 2011, empezó su viaje desde Gales, tomó un vuelo a Holanda, siguió por tierra hasta Granada en territorio español y, posteriormente, en Cádiz abordó el ferry que lo conduciría a Marruecos, país ubicado al norte de África.

Aunque el libro se refiere a África, “la primera crónica que escribí fue acerca de Granada”, confiesa Martínez.

La guerra como hábitat

El autor del libro vivió de cerca acontecimientos como la caída del líder libio Muamar el Gadafi. “Entramos a la guerra civil de Libia, ya hacían 10 días que los rebeldes habían tomado Trípoli y nadie sabía dónde estaba Gadafi, no aparecía. Cuando yo entré el Estado estaba en total anarquía, no había gobierno, ni nada, eran milicias que controlaban ciertos puntos del país”, relata.

Una oportunidad que le rindió ganancias debido a que la televisora iraní Press TV lo contrató para hacer reportajes en ese lugar por 10 días.

La plaza de Tahrir en El Cairo, Marruecos y Túnez fueron puntos de visitas estratégicas. “Allí estuve en batallas campales en donde las multitudes tiraban piedras contra policías”, comenta.

Sin embargo, pisar una aldea de Uganda para hablar con los habitantes que habían sido atacados por el hombre más temible de la región, Joseph Kony, un criminal de guerra conocido por secuestrar a niños para introducirlos a la guerrilla, ultrajar a las mujeres y mutilar a hombres fue, sin duda, una de sus vivencias más impactantes.

“Ese había sido un conflicto que siempre llamó mi atención, poder ir a esas aldeas en medio de la nada, en donde tenías que ir en moto, fue para mí como un sueño”, plantea.

Sin diferencias marcadas

El escritor de 29 años, que defiende la idea de que las fronteras entre los países son un invento, asegura que encontró características muy particulares de los latinos en África. “Marroquíes, argelinos, egipcios, físicamente y culturalmente nos parecemos mucho. El árabe es una persona muy apasionada, le gusta la bulla (en esos países hay ruido por todos lados), la única diferencia es que debido a su religión prácticamente no existe el alcoholismo, la prostitución o la chinguia”.

“En las discotecas de las capitales como en Nairobi (Kenia), en Kampala (Uganda), la gente baila reggae y en Sudán, los buses llevan un pavo”, recuerda al tiempo que justifica que los reporteros de cadenas estadounidenses o europeas jamás encontrarían el común entre un latino y un africano por desconocer a fondo nuestra cultura.

En general, Martínez concluye que “la humanidad es un continuo, todo el mundo tiene las mismas aspiraciones: ser feliz, vivir en paz, independientemente de que seas negro, blanco, musulmán, cristiano o hindú”.

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