Al rescate de lo antiguo

Abrir una puerta para adentrarse al pasado ofrece la posibilidad de encontrar maravillas que, en algún período anterior, fueron una novedad o una moda.

En el negocio de la antigüedad prepondera el amor por el arte y el gusto sobre la dificultad de no ser rentable. “El mercado no es lo suficientemente amplio y debemos dedicarnos a otras cosas, como enmarcados y venta de obras contemporáneas. Las antigüedades no son un negocio que te hará millonario”, dice Carlos Weil, rescatista de los objetos antiguos.

Natalia Vélez Covo es colombiana, y desde hace 13 años instaló en Panamá el anticuario Natalia´s Antiques & Modern, especializado en muebles y decoración.

Vélez se vio dentro del negocio de las antigüedades por el legado de su abuela, continuado por su madre en Colombia. Hoy, con el negocio bajo su mando, comenta que viaja constantemente a Europa, rastreando piezas decorativas de exquisitez: “Compro de casa en casa, que por diversos motivos desean vender piezas. Hay mercados especializados, pero con los años he ido adquiriendo mis contactos. Si alguna casa pone una pieza a la venta, voy y la evalúo. Hay veces en que compro en compañía con otros anticuarios de otros países, donde dividimos las piezas”, dice.

Elegir lo auténtico

Vélez asegura que la experiencia le ha preparado el ojo para distinguir la verdadera antigüedad de la falsificación: “Los muebles son originales cuando se nota la condición del bronce, la belleza de los detalles, de las bisagras y los acabados. Cuando se compra una antigüedad se tiene que buscar su marca: los artículos más valiosos tienen un sello o una firma. Hay muebles que tienen atrás adherido su certificado de autenticidad de la fábrica”.

Por su parte, Weil, del local Weil Art, afirma que las piezas más falsificadas y poco identificables son de la corriente del art nouveau; medallas, monedas y esculturas de bronce o marfil.

Sin embargo, hoy se tienen los recursos de la reputación de quien vende las piezas y de internet, en reemplazo de los libros antiguos, lo que puede ayudar a identificar las piezas originales y no caer en la charlatanería.

restaurar la belleza

Si se ha adquirido un mueble o detalle antiguo, es seguro que el paso de los años ­o incluso siglos­ haya opacado su esplendor, por lo que deberá restaurarla: “Esto consiste en devolver a la pieza su aspecto original, respetando el paso del tiempo, sin que aparente ser nueva; eliminándole todo elemento extraño y discordante”, explica Jorge Arosemena, arquitecto restaurador.

Advierte que quien lo ejecute debe estar documentado del origen, estilo y acabado de la pieza; utilizar materiales que no afecten su composición o acabado y respetar la forma, dibujos, policromías, que pueden aparecer en el trascurso de la restauración. No tratar de presentar una obra completa si la misma no lo está y, sobre todo, ser honesto en su trabajo.

En cuanto a la alteración de su precio, una vez restaurada la pieza, “si el trabajo es de buena calidad y se define la parte original de la restaurada, tiene un valor relativo. Nunca como si la pieza fuera totalmente original y se encuentre en un buen estado. Esta tendrá un valor superior a la restaurada”.

A la hora de elegir un restaurador, tómese en cuenta la siguiente recomendación del arquitecto: “Existen profesionales muy serios y científicos, y otros más de carácter más comercial, que alteran la obra para darle más realce y aumentando su costo. De esta manera, la pieza pierde su completa autenticidad. El comprador debe tener en cuenta dónde comprar la pieza y quién la ha restaurado previamente”.

UN LUGAR EN EL HOGAR

Según Weil, el gusto del panameño está orientado a lo moderno, al arte figurativo, fácilmente comprensible y todavía muy poca abstracción.

Aunque dichos gustos se desvíen por corrientes más actuales, hay rincones en casa en los que un detalle del pasado puede adecuarse.

“Tenemos la libertad de combinar varios estilos en una sola área: lo moderno con lo antiguo, lo clásico o lo contemporáneo. Solo tenemos que tener el cuidado de mantener un balance para no caer en el mal gusto”, opina Estela Arosemena, diseñadora de interiores.

Menciona un jarrón de porcelana, una figura de cristal, lámparas de techo o de mesa, un pedestal de hierro, candelabros de cristal o de plata, una pieza que tenga un valor familiar o mesitas auxiliares como detalles antiguos que pueden complementar un espacio moderno, otorgándole un toque de elegancia y belleza a la decoración, sin importar la tendencia del estilo deseado, teniendo cuidado de no ponerlo en ningún lugar que compita con otra pieza o adorno.

El recorrido iniciado desde un lugar con objetos olvidados, pasando por el proceso de “reavivarlos” e incorporarlos al estilo de vida actual, puede ser el futuro de una tendencia usual, recordando que a partir del pasado se crea el presente y un futuro.

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