Un retrato humano de Lincoln

Steven Spielberg ofrece una mirada llena de claroscuros sobre quién fue el Presidente número 16 de Estados Unidos.

Lincoln muestra en qué situación se encontraba la Unión Americana en 1865, una guerra civil que llevaba cuatro años provocando luto y dolor, un Presidente reelegido (Abraham Lincoln) que pudo evadir un tema espinoso (la esclavitud) y así dar fin al conflicto bélico, pero este mandatario resolvió de una vez por todas el asunto en medio de las balas, hecho que, da a entender Steven Spielberg en su nueva producción, fue uno de los motivos por el cual fue asesinado.

Lo que tuvo que hacer Lincoln para conseguir su meta, es decir, seducir o convencer a políticos a favor de su enmienda constitucional, lo resume a la perfección el republicano Thaddeus Stevens en un parlamento lapidario: “La más grande reforma del siglo XIX obtenida, gracias a la corrupción, por el hombre más puro de Estados Unidos”.

Spielberg se nos volvió parco en esta ocasión, al darnos una panorámica sombría (gracias a la portentosa fotografía del maestro Janusz Kaminski) de esos días aciagos para el Presidente número 16 de Estados Unidos, aunque como es la marca de casa, hay escenas demasiado discursivas y de tono grandilocuente, lo que hace decaer en ocasiones el ritmo y el interés narrativo de este largometraje.

Spielberg consigue poner en evidencia cuán distintos eran los republicanos de la época de Lincoln, ya que eran figuras abocadas al liberalismo, distantes del conservador comportamiento de sus representantes actuales, motivo por el cual su candidato, Mitt Romney, no pudo contra Barack Obama en la pasada contienda electoral norteña.

El director, además, logra humanizar al huésped de la Casa Blanca. Brinda un retrato de un padre cariñoso, en especial con su hijo menor, de cómo era dado a las anécdotas, que era un tanto distante en su trato con los demás y que poseía un especial sentido del humor.

Este proceso de hacerlo gente se debe al extraordinario Daniel Day-Lewis, su Lincoln es ante todo mortal. Respira autenticidad en cada parlamento que dice este actor británico, quien de paso fue el “plan b”.

Originalmente el responsable de darle carne y voz a Lincoln era Liam Neeson, pero luego de casi dos lustros de esperar a que Spielberg tuviera todo listo, este prefirió renunciar a esta oportunidad que Day-Lewis aprovechó al máximo. La única condición del ganador del Oscar por Mi pie izquierdo y Pozos de ambición fue que le dieran un año para saber cómo era el mandatario, y vaya que ese tiempo valió la pena.

Otros dos colegas suyos también ofrecen una labor interpretativa elogiosa: Sally Field, quien encarna a Mary Todd, la esposa del presidente, y Tommy Lee Jones, quien hace un retrato estupendo del republicano radical Thaddeus Stevens.

Lincoln, un héroe nacional

Para Jonathan D. Farrar, actual embajador de Estados Unidos en Panamá, Abraham Lincoln es un héroe nacional para su país, ya que fue ficha clave en una época determinante para el devenir de su país, al ejercer la presidencia en medio de una guerra civil que dividió en dos partes su territorio, porque además fue un férreo defensor de los derechos de igualdad en la convulsionada Unión Americana que le tocó liderar y porque también pagó con su vida el hecho de defender sus ideales de que nadie es superior a otra persona.

Farrar no solo se declara un entusiasta de la historia en mayúscula, incluso la estudió como parte de su formación universitaria, sino que por igual es un gran admirador del cine firmado por su compatriota Steven Spielberg, tanto sus dramas como sus filmes de ciencia ficción.

Farrar está más que seguro que la película Lincoln gustará a los espectadores en el istmo, por los interesantes temas que aborda esta producción, así como por el desempeño de Daniel Day-Lewis en el papel de Lincoln.

DANIEL DOMÍNGUEZ Z.

Del libro a la pantalla

Esta película se basa en el libro Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln, de la historiadora Doris Kearns Goodwin. La ganadora del premio Pulitzer no había escrito la última línea de su obra y ya Steven Spielberg había comprado los derechos para la pantalla grande en 2001. Su plan era estrenarla durante la administración del republicano George W. Bush, pero esta empresa no pudo concretarla. Por un lado, porque pidió un guión que no le agradó. Después le encargó la misión al dramaturgo Tony Kushner (Pulitzer por su pieza teatral Ángeles en América), quien firmó el libreto de la producción Múnich. Más tarde se quedó sin Liam Neeson como protagonista, más los meses que debió darle a Daniel Day-Lewis para su preparación.

DANIEL DOMÍNGUEZ Z.

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