El segundo corazón de Inniss

El panameño Cecil Inniss celebrará el próximo mes de septiembre, 30 años de haber recibido un trasplante de corazón.

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El segundo corazón de Inniss Foto por: Jazmín Saldaña

Cecil Inniss jamás conoció al donante de su corazón, pero sin lugar a dudas emulará esta acción. Cecil Inniss jamás conoció al donante de su corazón, pero sin lugar a dudas emulará esta acción.

Cecil Inniss jamás conoció al donante de su corazón, pero sin lugar a dudas emulará esta acción. Foto por: Jazmín Saldaña

Cecil Inniss se considera un hombre bendecido. La vida le dio una nueva oportunidad y hoy, a sus 76 años, coincide con aquella frase perpetuada por Antoine de Saint-Exupéry en su célebre novela El Principito: “Lo esencial es invisible para los ojos”.

El próximo 8 de septiembre, Inniss estará de aniversario. No es su cumpleaños, pero sí una celebración de vida, tras 30 años de haber recibido un trasplante de corazón.

Inniss nació en Panamá, en el antiguo Hospital Gorgas, en 1940.

Los poblados de Gamboa y Paraíso fueron sus hogares hasta 1958. Tras culminar la escuela secundaria, emigró a Estados Unidos e ingresó a la fuerza aérea, en donde trabajó por 20 años. “Inclusive, estuve acantonado por cuatro años en el istmo, entre 1970 y 1974”, añade.

Al finalizar este período, regresó a Estados Unidos y se estableció en la ciudad de Sacramento, California, donde aún reside junto a su familia.

Un infarto, en julio de 1986, lo cambió todo para Inniss.

Siendo militar, se consideraba un hombre saludable. Sin embargo, el diagnóstico médico indicaba lo contrario. “Padecía de miocardiopatía dilatada idiopática, me dijeron los doctores, quienes en agosto de ese mismo año recomendaron someterme a un trasplante de órgano”, apunta Inniss.

Treinta días después, el 8 de septiembre de 1986, Inniss recibió un segundo corazón, en el Hospital de Stanford, situado en California, de la mano del cirujano estadounidense Norman Shumway (q.d.e.p.), considerado por la Universidad de Stanford como un pionero de este tipo de cirugía desde 1968.

La vida después de la cirugía

Cecil Inniss tenía 47 años cuando le diagnosticaron la miocardiopatía dilatada idiopática que padecía.

“Siempre fui un hombre saludable”, recalca Inniss, aunque su cuerpo comenzaba a sucumbir a las dolencias de esta enfermedad.

“El tamaño de mi corazón había aumentado y tenía una arritmia rápida, como si fueran sacudidas”, explica Inniss sobre algunos de los síntomas que padecía.

La miocardiopatía dilatada idiopática es una enfermedad, que según el Stanford Medical Center, el hospital donde fue intervenido Inniss, yace en el músculo del corazón, resultando en el agrandamiento del órgano.

La Librería Nacional de Medicina de Estados Unidos (Ncbi.nlm.nih.gov) indica que el tratamiento de esta enfermedad tiene como objetivo mejorar la supervivencia del paciente, disminuir la progresión del padecimiento, reducir al mínimo los factores de riesgo y aliviar los síntomas.

En el caso de Inniss, la recomendación emitida por su médico de entonces, el cirujano Norman Shumway, era realizarse un trasplante. “Me lo plantearon como una cuestión de vida o muerte”, recuerda Inniss, quien asegura haber tenido suerte en conseguir un nuevo corazón al cabo de 30 días de espera.

CUIDADOS

Explica Inniss, panameño y exmilitar estadounidense de 76 años, que la enfermedad fue algo que “desarrolló de la nada”, pues aún desconoce cómo le ocurrió.

Sin embargo, el estar con vida y contar su experiencia, se traduce en una bendición que le toca atender minuciosamente, si desea mantenerse en buenas condiciones.

“Tras la operación, los médicos me dieron como expectativa [de vida] cinco años. Reconozco que la vida ha sido bondadosa conmigo”, asiente.

Dieta rigurosa, dos revisiones médicas al año y tomar medicamentos se han convertido en hábitos inflexibles.

“Como [una dieta] baja en grasas y procuro tener el nivel del colesterol al margen”, detalla Inniss, quien asegura comer “de todo un poco, pero mesurado”.

Entre sus medicamentos de rigor están Rapamycine (rapamicina) y Cellcept (micofenolato), para evitar el rechazo de órganos trasplantados.

Su vida había cambiado, por ello debía dejar atrás algunas prácticas.

Tras someterse al trasplante en 1986, Inniss intentó volver a su trabajo; sin embargo, en poco tiempo tuvo que retirarse.

En un artículo publicado recientemente por este diario, el médico panameño José Nativi-Nicolau señala la necesidad de una atención periódica posquirúrgica y agregó la importancia de la atención durante el primer año, pues el cuerpo tiende a rechazar el órgano que no es suyo y al que no está acostumbrado.

En la actualidad, Inniss pasa sus días viajando y dedicado a la fotografía, dos de sus grandes pasiones.

Cecil Inniss comparte residencia entre Panamá y Estados Unidos.

Su esposa, dos hijos y siete nietos forman parte de su día a día. Y aunque nunca conoció al donante de su nuevo corazón, sin duda consideraría emular la acción en un futuro.

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