Ser sordo no es obstáculo para hablar

Si la pérdida auditiva es detectada en el niño antes de sus cuatro años, las probabilidades de que este aprenda a comunicarse hablando son altas.

La pérdida auditiva es el trastorno congénito (al nacer) más común. Incluso, es más frecuente que el síndrome de Down o la parálisis cerebral infantil.

Así lo afirma la otorrinolaringóloga Stella Rowley, jefa del Departamento de Otorrinolaringología del Hospital del Niño, quien añade que el cerebro aprende el lenguaje durante los dos primeros años de vida, por lo que si el niño nace con una pérdida auditiva o la pierde en grado variable por infecciones, no podrá desarrollar la habilidad del habla por sí mismo.

Si al bebé no se le hace el tamizaje auditivo durante los primeros días de vida, los padres podrían detectar que el niño no oye cuando este tenga un promedio de dos años y medio, una edad “muy avanzada” si se toma en cuenta que entre más pronto se detecte, mayores probabilidades de éxito tendrá este bebé para hablar.

Por la “plasticidad cerebral”, en el área auditiva hay una “primera ventana de oportunidad” para enseñarle al niño a comunicarse hablando, la cual “se va cerrando como a los cuatro años”, explica la doctora Rowley. “Obviamente, dentro de ese grupo de menores de cuatro años, a los menores de dos o de un año les irá mejor porque llevan menos tiempo teniendo esa privación auditiva”, agrega.

El grupo de niños tratados entre los cuatro y siete años todavía obtiene una buena rehabilitación.

En contraste, los niños entre siete y diez años con pérdida auditiva no tienen resultados tan buenos si empiezan su tratamiento a esas edades. Y si tienen entre 10 y 15 años y no han recibido algún tipo de rehabilitación, prácticamente los resultados serán nulos, revela la doctora Rowley.

“Cuando se toma la decisión de implantar a un niño de 13 o 14 años, se han tomado en cuenta una serie de criterios como, por ejemplo, si el niño ha recibido terapia, si tiene un buen soporte familiar, si ha utilizado algún tipo de aparato auditivo, etc. Todos esos elementos al final llevan a una comisión que decide que se le va a hacer el implante (...) Pero, realmente, si uno quisiera tener 100% de casos exitosos tendría que comenzarse la rehabilitación antes de los cuatro años”.

ALGORITMO DE PRUEBAS

Un niño de cuatro años que no escuche y que tenga una terapia escasa demorará en comunicarse oralmente, señala Giovanna Troncoso, presidenta de la Fundación Oír es Vivir, pues una vez con algún dispositivo auditivo “posiblemente escuchará bien, pero demorará para hablar”. Por eso, la combinación de factores como la detección temprana y la tenacidad de unos padres que se ocupen de la terapia es importante, indica.

Para detectar tempranamente la sordera, se necesita realizar un algoritmo de pruebas, las cuales se ofrecerán en la Fundación Oír es Vivir a partir de este mes, señala la doctora Rowley.

Estas pruebas son: audiometría, logoaudiometría, timpanometría, emisiones otoacústicas, emisiones otoacústicas junto a potenciales evocados auditivos automatizadas, potenciales evocados auditivos diagnósticos y evaluación audiológica completa.

En este sentido, la tecnología actual facilita la evaluación temprana y la rehabilitación. En la década de 1990, evaluar la audición de un bebé podría tomar cerca de dos horas, mientras que hoy toma entre 10 y 20 minutos, indica. Incluso, antes solo se evaluaba la audición de aquellos que nacían con enfermedades como toxoplasmosis, citomegalovirus, meningitis o aquellos que eran puestos en ventilación, etc. Los especialistas “se dieron cuenta de que analizando solo estos bebés todavía quedaba un 50% de niños con pérdida auditiva que no eran detectados –aquellos que son sordos por causalidad hereditaria o genética– y otro 25% que se desconoce la causa de su pérdida.

Haber ampliado la detección ha venido a revolucionar el manejo, señala.

La doctora Rowley agrega que el primer implante coclear se hizo en 1957, y a medida que avanza la tecnología ha mejorado el implante y, con esto, la calidad de la persona que lo recibe.

TERAPIA integral

La terapia no debe ser brindada solo en un centro de atención, sino que el padre tiene que aprender a hacerla en casa, asegura Troncoso. “Cada actividad representa un momento para el juego y enseñarle al niño sordo nuevas palabras. El padre que asume ese rol tiene mayor éxito con su niño, mientras que el que no lo asume demorará con el pequeño, independientemente de la edad del niño”, dice.

Según Troncoso, poner un audífono al niño o colocarle un implante coclear es solo la punta del iceberg. “Allí inicia la posibilidad de la rehabilitación, en el apoyo que se le dé al chico para que utilice su aparato y que se ejercite en terapia, lo cual constituye el 90% del éxito”.

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