industria cinematográfica

Dos talentos de cuidado

Detrás de una importante generación de directores del cine estadounidense (de Tarantino a Soderbergh) están las tácticas de los hermanos Weinstein.

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Los productores Harvey Weinstein y Bob Weinstein. Los productores Harvey Weinstein y Bob Weinstein.
Los productores Harvey Weinstein y Bob Weinstein.

El cine independiente estadounidense hecho entre mediados de la década de 1990 e inicios de los 2000 no se puede entender sin la presencia de Bob y Harvey Weinstein.

Estos hermanos lograron que una serie de películas de bajo presupuesto, firmadas por directores jóvenes o desconocidos y con temas más liberales, llegaran a más salas y, por ende, recibieran más dividendos en la taquilla norteamericana.

Estos polémicos productores crearon una plataforma de promoción, que además permitió que varios de los largometrajes que ellos financiaron o distribuyeron o protegieron recibieran mayor atención de los grandes medios de comunicación.

También tener de su lado a los Weinstein era alcanzar más nominaciones a premios importantes de la industria audiovisual como el Globo de Oro y el Óscar, y varios de sus filmes se quedaron, en ambos certámenes, con categorías relevantes como mejor película, director, actor y guion.

Por eso, todo realizador, guionista o intérprete quería trabajar con los Weinstein y aceptaban o toleraban sus métodos. ¿Por qué? Ellos representaban un triunfo casi seguro, aunque, claro, como le ocurrió al Fausto de Goethe, más de un artista sabía cuál podía ser el precio a pagar por conocer la gloria por el sendero planteado por Harvey y Bob.

Era un secreto a voces en Hollywood que en ocasiones los Weinstein desarman la estructura de un filme, incluso si ya está rodado; también, si es necesario, incluyen nuevas escenas de contenido violento o sexual para despertar el morbo de la gente a la hora de la promoción, o llevan a cabo agresivas campañas de publicidad, que incluyen, se dice, el desprestigio de sus competidores.

Aunque se escuchaban algunas de esas historias por los pasillos de los estudios cinematográficos que integran la llamada meca del cine, casi nadie lo manifestaba de forma directa porque temían que el poder de estos caballeros acabara con las carreras de sus detractores.

En un buen año, durante la década de 1990, podían distribuir o producir hasta 40 películas. Expandir Imagen
En un buen año, durante la década de 1990, podían distribuir o producir hasta 40 películas. LA PRENSA/Archivo

REGLAS PARA PRODUCIR CON ÉXITO

Harvey (1952, Nueva York, Estados Unidos) y Bob Weinstein (1954, Nueva York) son los creadores de la compañía más influyente del cine independiente que existió en el mundo durante la década de 1990: Miramax.

Esta historia comienza a finales de la década de 1970, cuando estos dos hermanos compran el cine Century Theater, en Buffalo, donde organizaban conciertos y piezas teatrales y proyectaban películas.

Sus sueños crecen y se mudan a Nueva York. Fue entonces cuando se les ocurre fundar y dirigir una productora y distribuidora en la década de 1980: Miramax

Al principio de sus gestiones, un poco menos ahora que su influencia no es tan evidente en Hollywood, fueron especialistas de la desmesura, la intuición financiera y la arbitrariedad en el mercado audiovisual.

Le pusieron Miramax a su nuevo emprendimiento por los nombres de sus padres, Miriam y Max.

La empresa fue creciendo gracias a la distribución de filmes en salas comerciales, productos que antes solo lograban en la unión americana, salvo excepciones, presentarse en salas de museos, centros culturales y salas de arte y ensayo (lo que sería en Panamá el Cine Universitario).

Se unieron a los estudios Disney en 1993 tras venderle a la casa del ratón Micky su compañía por 80 millones de dólares. Llegaron a sus límites de inversión y decidieron fundar The Weinstein Co.

Reglas para producir con éxito Expandir Imagen
Reglas para producir con éxito

PRIMEROS PASOS

La vida y el poder de los Weinstein cambió para siempre cuando compraron, en festivales europeos, los derechos de distribución en Norteamérica de dos clásicos del cine: Cinema Paradiso (Italia, 1988) y Mi pie izquierdo (Irlanda, 1989).

Mi pie izquierdo, de Jim Sheridan y basada en la historia real del artista Christy Brown, obtuvo cinco nominaciones al premio Óscar y ganó en dos categorías: mejor actor principal (Daniel Day-Lewis) y actriz secundaria (Brenda Fricker).

En tanto, Cinema Paradiso, dirigida y escrita por Giuseppe Tornatore y todo un homenaje a los desaparecidos cines de barrio, logró el Óscar y el Globo de Oro en la categoría de mejor película de habla no inglesa.

Cinema Paradiso tuvo un éxito moderado en su Italia natal. Cuando Miramax desarrolló una astuta y sentimental campaña de promoción la lanzó en Estados Unidos y más tarde fue adorada en otros 33 mercados internacionales.

Por ejemplo, los Weinstein le pidieron al director Jim Sheridan que promocionara Mi pie izquierdo entre los veteranos de Hollywood, que entonces eran los más numerosos votantes del Óscar, y que muchos de ellos estaban alojados en lujosos o modestos hogares de ancianos.

Hicieron las gestiones necesarias para que Daniel Day-Lewis, el protagonista, declarase ante el Senado a favor de la necesidad de consolidar la Ley de los Discapacitados.

Después, la influencia de Miramax aumentó con filmes como Sexo, mentiras y cintas de video (1989, Estados Unidos), firmada y rodada por Steven Soderbergh; Juegos de lágrimas (Irlanda, 1992), escrita y dirigida por Neil Jordan; Pulp fiction (1994, Estados Unidos), de Quentin Tarantino, y Clerks (1994, Estados Unidos), dirección y guion de Kevin Smith.

Otra muestra. Como Sexo, mentiras y cintas de video tenía de primera la palabra sexo, la vendieron, entre otras, como que era una especie de antología de los más destacados filmes pornográficos de tipo casero, por más que la película de Steven Sodebergh era una historia sobre la pasión del humano.

TÁCTICAS

Sus mejores éxitos fueron cuando compraron las películas acabadas y las estrenaban más o menos intactas a como las imaginaron los cineastas.

Esta táctica fue tan rentable que luego sería la rutina a seguir por las majors en la meca del cine: 20th Century Fox, Warner Bros., Paramount, Columbia, Universal y Walt Disney Studios.

Los hermanos, a veces sin consultar o aprovechándose de la necesidad financiera de los directores a los que le compraban sus películas, volvían a filmar o a quitar escenas a las películas. ¿Por qué? Por lo general, para hacerlas más cortas y más digeribles para la audiencia promedio de Estados Unidos.

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Reglas para producir con éxito

En la década de 1990 pagaban entre cientos de miles de dólares y 7 millones de dólares por películas independientes, cantidad suficiente para que el director pagara la inversión de su filme, después los Weinstein obtenían en ganancias en taquilla entre 20 millones y 50 millones de dólares en Estados Unidos.

En la década de 1990 llegaron, entre distribuir y producir, hasta 40 películas por año.

Fueron los primeros en estrenar cine independiente en 300 y 400 salas de la unión americana en los 90 y luego en 700 o 800 salas en 2000.

Fueron también primeros en promocionar este tipo de cine por la televisión, pues la norma era ignorar a la caja tonta y solo se ponderaba a los periódicos.

Los Weinstein, cuando tenían una cuenta bancaria suficientemente holgada, fueron los primeros en enviar cintas de video de sus filmes indies a todos los miembros de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood, que entrega cada año el Óscar. En el pasado eso solo lo hacían las majors.

En la década de 1990, los productores de las películas pequeñas invertían entre miles y hasta un cuarto de millón de dólares en promocionar sus creaciones.

Los Weinstein tiraban la casa por la ventana. Se estima que en la campaña de Shakespeare enamorado (1998, Estados Unidos), de John Madden, gastaron 5 millones de dólares y 2.5 millones de dólares para La vida es bella (1997, Italia), de Roberto Benigni.

Cada centavo tuvo su recompensa. La mayor gloria de los Weinstein fue cuando Shakespeare enamorado venció en siete categorías, entre ellas, mejor película, actriz, actriz secundaria y guion, y los tres Óscar para La vida es bella: actor principal para Roberto Benigni, película en habla no inglesa y banda sonora.

MÉTODOS

De acuerdo con el escritor y periodista Peter Biskind, autor de libros como Down and Dirty Pictures: Miramax, Sundance, and the Rise of Independent Film, que fueron los responsables de ataques contra la rival de Shakespeare enamorado, Salvando al soldado Ryan, de Steven Spielberg, aduciendo que promovía la guerra y el reclutamiento de jóvenes a la Armada, cuando su comedia invita al amor.

El drama bélico de Spielberg terminó aquella noche con cinco premios: director para Steven Spielberg, así como fotografía, montaje, sonido y efectos sonoros.

Peter Biskind por muchos años fue el único investigador que acusó a los Weinstein de forma directa y lo hizo antes de que el diario The New York Times publicara el pasado 5 de octubre un artículo sobre los abusos de Harvey contra jóvenes actrices y asistentes principalmente.

Biskind señaló al departamento de prensa de los Weinstein cuando se propagó una noticia falsa: los niños que participaron en el drama Slumdog Millionaire (2008, Reino Unido) habían recibido salarios ridículos, y que el filme de Danny Boyle había provocado una ola de odio entre las castas de la India.

No les resultó la jugada porque la película de Boyle se llevó ocho premios Óscar, incluyendo película y director.

Los Weinstein eran conocidos por presionar mucho a los directores y productores que estaban bajo sus órdenes. De allí que más de un cineasta no repetía la experiencia dos veces con ellos.

Según la revista Newsweek, agobiaron en su lecho de muerte al director Sydney Pollack y dieron lata a la viuda del cineasta Anthony Minghella en el funeral del primero. Ambos producían The Reader (2008, Estados Unidos) y pedían hacer modificaciones en el planteamiento  de este drama de Stephen Daldry que obtuvo cinco nominaciones al Óscar y logró uno como mejor actriz principal para Kate Winslet.

Como otras productoras en la unión americana, los Weinstein también señalan en sus contratos que está prohibido hablar de ellos antes, durante o después del rodaje de las películas.

De acuerdo con Peter Biskind, como hacen algunas otras productoras, los Weinstein también ejercían intimidación entre los dueños de salas en Estados Unidos para que sus largometrajes tuvieran más tandas y en horarios óptimos.

Ahora, con las acusaciones de acoso sexual contra Harvey Weinstein, pareciera que, de los dos hermanos, el único que tuvo un comportamiento impropio fue él, y que, salvo este delito –que pequeño no es– pareciera que los hermanos no hubiesen hecho –fuera de esto– nada cuestionable en Hollywood.

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