literatura

Tras el triunfo

Para la escritora Muriel Barbery, todavía hoy es un misterio sin resolver el porqué del éxito literario de su novela ‘La elegancia del erizo’ (Seix Barral).

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Muriel Barbery.  Muriel Barbery.
Muriel Barbery. CORTESÍA/Gallimard

Hay dos razones por las cuales Muriel Barbery (Casablanca, 1969) decidió escribir su novela más famosa, La elegancia del erizo, un verdadero éxito de ventas, no solo en Francia, donde se editó por primera vez, sino también en los otros 30 países adonde ha llegado esta pieza que a lo largo de los años ha sido elogiada por medios de renombre como Le Figaro, El País y L’Express.

El motivo inicial es el surgimiento de un personaje, una portera, que ya se encontraba en su primera novela, Rapsodia Gourmet (Seix Barral, 2000), premiada con el Meilleur Livre de Littérature Gourmande, y esa mujer se volvió finalmente la protagonista de La elegancia del erizo (2006 y reeditada en 2017 por Seix Barral).

“Sentía mucha simpatía por esta mujer erudita” que trabaja como una anónima portera, pero que era educada y sensible, cuenta Barbery en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México.

La segunda razón es que a través de esta obra su autora pudo expresar sus gustos y su opinión sobre la vida y el comportamiento de la sociedad francesa.

SIN RECETA

Visto a la distancia, no tiene una hipótesis de por qué pasó La elegancia del erizo a ser un fenómeno entre los lectores, ya que ha vendido más de 6 millones de ejemplares a lo largo del planeta. “No lo sé, honestamente”.

Siente que no hay ninguna receta para alcanzar el triunfo en el ámbito de las letras, aunque sí es todo un misterio para ella lo que ocurrió con esta obra. “Es más como un buen alineamiento de los planetas. No quiero hacerme esta pregunta, porque no creo que los escritores debamos interrogarnos de dónde viene nuestro éxito”.

“No hay ningún elemento en contra de tener éxito”, agrega Barbery, que fue por varios años profesora de filosofía en Bayeux, oficio que le enseñó a narrar historias sencillas y precisas, empleo que abandonó para dedicarse por completo a la literatura.

Muriel Barbery es una autora cálida y delicada. CORTESÍA Expandir Imagen
Muriel Barbery es una autora cálida y delicada. CORTESÍA Feria Internacional del Libro de Guadalajara

UNA VELADA MIRADA CRÍTICA SOCIAL

La novela La elegancia del erizo le dio la libertad a la francesa Muriel Barbery de redactar sus historias a sus anchas y sin presiones económicas de por medio.

“Compré el lujo de tener más tiempo para poder escribir y la posibilidad de viajar más. Todo lo que pasé después de La elegancia del erizo son solo elementos extras que agradezco al destino”, señala Barbery, que en 2015 regresó a las librerías con La vida de los elfos, un homenaje a la música, la naturaleza y la fantasía a través de dos niñas, María y Clara, quienes residen en un pequeño pueblo de la Borgoña.

Explica que en su caso la creación literaria ha sido “muy caótica. En mis tres novelas he escrito por etapas y estas etapas siempre fueron diferentes. Para la cuarta que estoy escribiendo ahora también me ha pasado el mismo caos”.

Es de las que piensa que solo se puede escribir una buena obra de ficción “cuando uno sale de su zona de confort”.

“Me gustaría poder decir que ya que escribí tres libros y que el proceso es más fácil, porque se supone que ya sé cómo hacerlo, pero no es así, sigue siendo algo difícil”, resalta Barbery, que no quiso dar su opinión sobre la versión cinematográfica de La elegancia del erizo (2009), dirigida y escrita por Mona Achache y que se presentó en festivales de cine de Valladolid, El Cairo, Palm Springs, Seattle y Washington DC.

SOLEDAD Y DESIGUALDAD

Hay mucha presencia de la soledad y la desesperanza en Renée y Paloma, las dos personajes femeninas centrales de La elegancia del erizo.

“No fue algo premeditado, salió de una manera bastante natural”. Solo al final se dio cuenta de la cierta oscuridad que había en las páginas de su texto.

Admite que en esta novela hay una velada mirada crítica hacia la burguesía francesa de estos días, que se debate entre ser solidarios por lo políticamente correcto y depender de las apariencias.

“Sí, porque eso lo experimenté como profesora y como alumna. Cuando era estudiante me di cuenta del hecho de que lograr algo en la vida muchas veces era debido a las familias que tenías de tu lado y no por tus propios logros, y que el éxito ellos lo tenían porque ya lo tenían desde antes sus familias”, plantea Barbery , quien tiene la costumbre de escribir, todos los días, desde las 6:00 a.m. hasta media mañana, y de ser posible, debe tener a su lado té verde y a sus gatos.

Como docente también conoció a más de un chico “muy dotado que tenía muchas oportunidades de lograr las mejores cosas en su futuro”, pero no tenían el respaldo económico necesario, manifiesta esta hija de profesores de francés y criada en una casa donde lo que sobraban eran libros para leer, compartir y opinar sobre ellos durante la cena.

MÁSCARAS

Una de las características de Renée y la inquieta Paloma, de 12 años, es que son más de lo que aparentan y que les cuesta entablar relaciones con sus semejantes. Por eso, de a poco, se vuelven cercanas.

La adulta es más que la portera de un inmueble de clase privilegiada del número 7 de la calle Grenelle, en París, porque adora la música de Mozart, las novelas de Tolstói y el rap de Eminem, mientras que la niña tiene una inteligencia sobresaliente y una curiosidad extraordinaria.

“Desde el principio lo quería así porque, por ejemplo, la conserje en medio del cubículo donde vive esconde una biblioteca enorme”, comenta esta amante de la poesía y el cine japonés de Yasujiro Ozu.

La intención que le rondaba mientras construía esta novela era recordarle al lector que en ocasiones tenemos y usamos máscaras para ocultar quiénes somos ante los demás.

¿Por qué tituló la novela de esa manera? Porque si le toca describir, desde la metáfora, a Renée y a Paloma, sería como dos erizos.

“Debo agregar que las quiero mucho a ambas. En la primera novela que escribí, Rapsodia Gourmet, el protagonista era detestable y es muy liberador tomar la voz de estos dos personajes tan entrañables”, plantea Barbery, que reparte su vida entre París, Kioto y Ámsterdam.

Resalta como un dato simpático que el personaje de la niña llegó después que tenía bastante adelantada la escritura La elegancia del erizo, llevaba como el 80% de avance.

Cuando empezó a escribir sobre Paloma descubrió que ella era la hija que Renée hubiese querido tener.

¿Cómo hizo para insertar a la pequeña más tarde? “Muy sencillo, en la alfombra de mi casa puse las pilas de hojas de cada capítulo de la novela y empecé a insertar los fragmentos de Paloma en cada uno de ellos. Totalmente artesanal, nada profesional, lo sé”.

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