Esas ubicuas bolitas de carne

El secreto para que las bolitas de carne queden suaves es agregarle un ingrediente especial, como pan remojado o avena.

De chiquita, las bolitas de carne se dividían en dos campos, con una línea claramente definida. Era como una contienda campal antaña, donde las huestes se paran en una línea recta sobre sus corceles.

Los caballeros de un lado llevaban sus lanzas erguidas, mientras que los del otro, simplemente las arrastraban.

Así veía yo el dilema que me acaecía, porque la línea divisoria era la puerta de mi casa.

Y es que Petra, la cocinera, lo hacía fatal. No sabía cómo, pero aún con buenos ingredientes a mano sus bolas de carne eran fa-ta-les.

Era como mordisquear, sin poder tragar, una “masacota” de papier mâché, un engrudo seco, sin sabor ni color. Ah, sí: eran grises.

Y al otro lado de la puerta de mi casa estaban las bolas de carne a la italiana (polpetti), y las que se servían en los cumpleaños, esas chiquititas con mucha, mucha raspadura, que me ponían los ojos como platos.

Por supuesto, mis horizontes gastronómicos se expandieron y vine a apreciar la diversidad de bolitas de carne y de tipos de carne, que hay por todo el mundo.

Y una vez que aprendí un poco más, supe que Petra nunca se enteró de que a las bolitas hay que añadirles un ingrediente que suavice la ecuación, sea trocitos de pan viejo remojado, sea avena o, como en la receta de hoy, que lleve panko (empanizado japonés).

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