Lo que unió el calipso...

A pesar del rechazo inicial hacia el antillano, su música terminó siendo aceptada e incorporada dentro del quehacer cultural del país.

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Ilustración | Tury Gálvez. Ilustración | Tury Gálvez.
Ilustración | Tury Gálvez.

Al comenzar a hablar del ritmo antillano del banjo, el ukelele y el tambor, Gerardo Maloney no puede evitar el recuerdo de 1992, cuando su documental Calipso fue transmitido internacionalmente en conmemoración de los 500 años del descubrimiento de América.

“Se presentó en la Televisora Iberoamericana con el objeto de representar la evolución de los pueblos que habían sido del dominio español. Cada país tenía una franja”, detalla el sociólogo y escritor, quien recuerda algunas reacciones de rechazo en el Panamá de entonces, que no terminaba de aceptar esa expresión cultural como parte de su identidad, y no se sentía representada en el documental.

Esa realidad poco a poco empezó a cambiar. En el presente, el género es tentado ante el llamado a resurgir, pero para comprender cómo llegó hasta aquí habría que mirar atrás.

“El calipso, quizás por la identificación de los sectores populares, finalmente terminó siendo reconocido y aceptado por segmentos importantes en la mayoría de la sociedad panameña”, comenta Maloney, y “a pesar de que rechazaron al antillano, su música terminó de ser aceptada e incorporada dentro del quehacer cultural del país”.

La época en la que más se escuchaba esta música fue desde la década de 1950 hasta comienzos de 1970, calcula por su lado el musicólogo y vocalista del Grupo Amistad Leslie George.

“Los cantantes más atrevidos fueron contratados por orquestas musicales y tenían sus piezas dentro del repertorio”, recuerda George.

En esa época empezaron a grabarse discos y la música no solo llegaba a las zonas urbanas y suburbanas, sino también al interior del país.

Tampoco faltaban las presentaciones de grupos de calipso en los carnavales. “Se preparaban como se preparan hoy las bandas de guerra para los desfiles patrios”, rememora sonriendo el músico .

Luego, sin embargo, el entusiasmo por ese género caribeño fue mermando.

La competencia disquera, la migración de quienes vivían en la Zona del Canal y la persecución de los seguidores del género, por la costumbre que tenían algunos de tomar licor y fumar marihuana en los conciertos, hizo que los seguidores del calipso empezaran a dispersarse, de acuerdo con George.

No obstante, lo que unió la música no lo separaron estos factores. Más de 20 años después de la presentación de aquel primer documental de calipso en 1992, el ritmo es parte de la esencia musical del país, es también ese “algo” distinto que busca el panameño para diferenciarse del resto.

Hoy se reconoce que el estilo de interpretación del calipso en Panamá es “único”.

Esa identidad sin igual del calipso en Panamá fue lo que motivó a Damien Provoust a dirigir, dos décadas después, otro documental sobre el tema, Calipso en Panamá.

“El director francés decide llevar adelante esta película basándose en que el sincretismo cultural en Panamá es único y que el calipso fue la música que gestionó ese proceso de intercambio multiétnico”, comenta el productor Anghelo Taylor.

Pero esta no es la única iniciativa, pues Leslie George reconoce que han sido cinco los proyectos que han llegado hasta él para reactivar el calipso.

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