ARTE

Dos viajeros que son escultores

Tanto Armando Granja García como Gladys Sevillano Guerrero nacieron en Colombia, y ambos crean y residen en Panamá desde hace más de 35 años.

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Las obras de ambos artistas se presentan en la galería Allegro. Cortesía Las obras de ambos artistas se presentan en la galería Allegro. Cortesía
Las obras de ambos artistas se presentan en la galería Allegro. Cortesía

Armando Granja García nació en 1957 en Colombia y llegó a Panamá en 1981. Gladys Sevillano Guerrero nació tres años después, también en el vecino país, y reside en el istmo desde 1979.

Ambos son artistas. Los dos son escultores, y este dúo, que luego se encontró en este suelo, presenta obra reciente en la colectiva Quimeras en la galería Allegro.

“Sus obras son maravillosas, pero creo que lo que más me emociona de todo es que, a pesar de haber trabajado juntos toda una vida, de compartir taller y familia, Quimeras es la primera muestra en la que se expone el trabajo de ambos, una suerte de bipersonal que es, en realidad, el balance perfecto de lo que son ellos como artistas, como seres humanos y como pareja”, explica la galerista Mirie de la Guardia.

“Como si hubieran estado esperando justo este momento para hacerse uno con cada uno de los ensamblajes. En ambos trabajos hay años de oficio e investigación, de búsqueda afuera, pero sobre todo de búsqueda dentro de cada uno de ellos”, indica.

Se complementan y conversan como “esos dos viajeros de una de las piezas de Gladys: navegan de forma paralela, sin perderse de vista, como una pareja que respeta el camino del otro, pero que tienen un destino común, dos quimeras que han construido juntos todo un caminar como artistas, maestros, como pareja y familia. Quimeras que hoy son realidad, en una muestra conjunta, en una vida compartida que nos invita a ser parte de ella”.

A NAVEGAR

La labor de Gladys Sevillano Guerrero, indica Mirie de la Guardia, explora “el tema de los navegantes, el traslado permanente de la humanidad, pero también el viaje a nuestro interior. Estos trashumantes son parejas, familias; algunos viajan solos transitando ese camino individual que es la vida de cada uno”.

También están sus monjes: “figuras serenas que son presencia y ausencia al mismo tiempo”.

Para esta muestra trae, además, “obra en vidrio –con diferentes técnicas de trabajo-, así como mezclas de vidrio y bronce. Su forma de trabajar el material es muy ella: se siente la espiritualidad y el balance en cada una de sus piezas. Algunos personajes se sostienen por sí solos: otros flotan en columpios o en canoas”.

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Dos viajeros que son escultores

MEMORIAS

Mientras que la labor de Armando Granja García para esta exposición la siente Mirie de la Guardia como “100% él. Siempre ha cuidado mucho los acabados, ya sea en sus piezas de arcilla, vidrio o bronce. Para Quimeras nos trae una propuesta novedosa, más atrevida, que recoge su caminar como artista y como ser humano”.

En principio, le llama la atención el material que escogió como base de estas series: el concreto. “Un material aparentemente basto, crudo, pero con las imágenes de sus mujeres y corazones cobra una calidez y fuerza muy particular”.

Para De La Guardia, este creador “es el balance perfecto entre alguien que aprecia la experiencia y las memorias y un niño que jamás deja de descubrir y maravillarse. Un hombre de una ternura palpable y una candidez que se nota en cada uno de sus trabajos y relaciones”.

Tanto la serie de los boleros como la de los corazones “recoge justo esa esencia: sus temas de siempre –el amor, la mujer y la belleza–, junto a los objetos que lo han acompañado toda una vida y que, en cada pieza, cobran un protagonismo que complementa la propuesta”.

ENCUENTROS

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Dos viajeros que son escultores

“Empecé a recoger cosas como testigos y que están conmigo desde hace años. Objetos que resultaban muy interesantes y evocadores, pero a los que todavía no había logrado darles su puesto”, plantea Armando Granja García en torno al inicio de Quimeras.

Varios de esos elementos estaban en su casa, “muchos en alguna tablillita en el taller, muchos los regalé y los desregalé: me arrepentí y tuve que pedirles que me los devolvieran. Hasta que les fui encontrando el sentido en este proyecto. No los pensé originalmente para este proyecto: eran encuentros”.

En tanto, sobre el bolero, dice que es la música con la que se educó, “es una expresión latinoamericana de gran importancia que trasciende: no solo generaciones –porque eso viene de los abuelos– y en estos días que estaba investigando el tema, hay muchas cosas de la música contemporánea que si bien musicalmente no sean estrictamente un bolero, sí lo son conceptualmente”.

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