remembranza de uno de los jugadores de la selección DE FUTSAL

El año de El Acrobático

Dentro del grupo de 14 jugadores que estuvieron en el Mundial de Tailandia, hubo uno que estuvo más feliz que todos, fue el más maduro.

Apolinar Gálvez tuvo un año 2012 de película. A sus 36 años de edad el futsal le dio la oportunidad de estar en un Mundial en Tailandia, de jugarlo, de marcar un gol y de conseguir junto al equipo la proeza de haber avanzado a una segunda fase.

Fue el futbolista panameño que a una edad madura consiguió el sueño de todo jugador.

“Me sentí feliz por todo lo que se logró, fue algo muy grande que me pasó”, recuerda Gálvez como el mayor logro que le deja el año que está por finalizar.

Llamado El Acrobático, Gálvez recogió en el futsal lo que jamás le hubiera dado el fútbol tradicional: un Mundial.

Comenzó jugando fútbol a la edad de 17 años, pero desde los 24 se inclinó por el futsal, fue una especie de amor a primera vista, nunca más lo dejó de practicar, hasta coronar con el Mundial de Tailandia.

Comenzó a jugar el futsal desde que se dieron los primeros brotes en Panamá, con un torneo de Pablo Cotito, cuando apareció con el nombre de fútbol toque.

El jugador reconoció que por su mente jamás le pasó jugar un Mundial, pero todo llegó tan de repente que fue una “experiencia maravillosa”.

A los 16 años comenzó jugando fútbol en la Liga Distritorial de San Miguelito, en el Deportivo Junier; más adelante, a los 17 estuvo en la primera división con el Cosmos en la desaparecida Linfuna. Jugó unos años y después lo hizo con el Atlético Nacional, pero antes estuvo a prueba en Costa Rica con el Santos de Guápiles en 1998, y terminó jugando con el Alianza hasta 2002.

“En el 2000 había comenzado a jugarse futsal, tenía como 24 años. Fue un torneo que comenzó con Cotito en 1998 y 1999, se le llamaba fútbol toque, más adelante en el 2000 se implementó el futsal que promovieron Julio Shebelut y Gabriel Castillo”, recuerda Gálvez.

Señala que por esos años jugaba en Anaprof con el Alianza y en la noche lo hacía con el futsal.

“Me decidí por el futsal porque me di cuenta que era mi fútbol, era más dinámico”, agrega el jugador.

“ Donde yo crecí en mi barrio había una cancha chica, la de sector 3 de Samaria, algunos de los que pisaron esa cancha han estado en la selección”, indicó.

Gálvez formó parte de los tres premundiales en los que Panamá ha participado en los torneos de la Concacaf y estuvo en una eliminatoria contra Canadá que se disputó en el gimnasio Roberto Durán.

“Comenzamos en Costa Rica en 2004, Heredia, antes echamos una eliminatoria con Canadá, en el Roberto Durán”, destacó.

En el premundial de 2008 en Guatemala marcó dos goles a Costa Rica y en el Mundial de Tailandia le anotó uno a Marruecos en el debut de los panameños que ganaron 8-3.

LA MISMA RUTINA

Gálvez es padre de cinco hijos, hoy continúa su rutina de ebanista y pintor en un taller. La alegría y la fama que consiguió durante los primeros días de noviembre le sirvieron para que lo conocieran.

La satisfacción de haber jugado un Mundial quedó en la euforia de representar al país, porque económicamente no representó mayor cosa. Recibió 500 dólares de la Federación por haber avanzado a la segunda fase.

“El futsal es una disciplina que necesita de apoyo, hoy hay jugadores que están haciendo bien las cosas”, dice.

“Jugar en la LPF es más rentable ahora mismo, porque los equipos están mejor estructurados; en el futsal no pasa lo mismo, porque son equipos de barrios en los que se juega por orgullo”, apuntó.

De la selección, dijo, que ha decidido retirarse, “el Mundial fue mi último paso con la selección, ahora quiero instruirme en seminarios, cursos para más adelante hacerme entrenador”.

Recordó que casi que no juega en el Mundial, porque pensó retirarse.

“Casi que no lo juego, porque pensé que había que darle la oportunidad a varios jugadores jóvenes que vienen haciendo un buen papel. Había dicho que no voy más. La cosa es que yo jugué el último torneo y allí me di cuenta que todavía tenía para aportar y eso me motivó a llegar a una preselección donde fui llamado por el cubano Agustín Campuzano. Me di cuenta que la experiencia es un factor muy importante”, explicó.

Gálvez apuntó que nunca se sintió viejo en el Mundial, porque había equipos con jugadores de 40, 39, 38 años. Eso me motivó para hacer las cosas mejor.

Hoy Apolinar Gálvez sigue en su trabajo diario, su día a día no ha cambiado, de su casa al trabajo y viceversa. Pero en su recuerdo quedan esos días en Tailandia donde junto a un grupo de jugadores representó a Panamá en un Mundial.

Haber jugador el Mundial 2012 por su país le representó mucho orgullo.

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