FÚTBOL FEMENINO

La ´dinastía Romero´

Cuatro hermanas futbolistas cuentan sus experiencias tanto en la selección nacional, como en varios clubes de la liga femenina panameña.

Cualquier jugador de fútbol aseguraría que llegar a la selección nacional de su país no es una tarea fácil. A pesar de ello, en Panamá, dos familias han logrado que tres hermanos hayan vestido la camiseta nacional. En la masculina está el reinado de los Dely Valdés, siendo Armando, Julio y Jorge los tres representantes de una historia ya conocida por muchos. En la rama femenina, la dinastía es conformada por la familia Romero, encarnada por Ruth, Raiza y Yarukin.

Además, el linaje futbolista en esta familia no se limita a ellas tres, ya que Raquel, a pesar de no haber podido jugar para el combinado nacional por haber finalizado su carrera en el fútbol muy temprano, también tuvo la oportunidad de militar en varios equipos de la Asociación Nacional de Fútbol Femenino (Anafufe).

“Llegamos a jugar juntas las cuatro en dos equipos de la liga”, cuenta Ruth. “La primera vez que coincidimos, el director nos decía que éramos la dinastía Romero, y de ahí en adelante nos comenzaron a llamar ´las Romero´”.

RUTH, LA PIONERA

La historia de esta familia con el fútbol tuvo sus primeros contactos a través de Pedro Romero, quien tras haber servido en la Policía Nacional, militó con el Atlético Nacional en la ya difunta Anaprof.

Pedro, quien falleció en 2008, fue el primer hijo de la unión entre Pedro Romero padre y Modesta Cunningham.

Cuenta Ruth, de 26 años, que Pedro fue el que le inculcó el amor por el fútbol. “Mi hermano siempre me llevaba a jugar con sus amigos y me ponía ´porterear´. Siempre que terminábamos llegaba a la casa toda hinchada por los pelotazos, pero me gustaba y seguía yendo”.

Apenas a los 12 años, Ruth comenzó a dar sus primeros pasos en el fútbol organizado. “Comencé jugando con el Cost Park, con quienes estuve por una temporada, y luego me fui al Santa Ana”. De allí, militó en otros varios equipos panameños, incluso en la liga femenil de México, y ahora está con el Chorrillo, equipo con el que consiguió el último título de la Anafufe.

Raiza, la menor en edad, con 21 años, fue la primera que le siguió los pasos a su hermana, y desde los nueve años comenzó a dar sus pininos en el fútbol nacional. “Anafufe no permitía a jugadoras menores de 15 años, pero cuando yo entré, tenía 12”, añadió Raiza, quien militó en Sporting, Cosmo y Santa Ana, entre otros.

Al ver el éxito que habían tenido dos de sus cuatro hermanas de padre y madre, Yarukin, de 23 años decidió también incursionar en el balompié. “Yo jugaba voleibol, era lo que me gustaba. Un día hice la prueba en el San Cayetano, y quedé. Allí jugué hasta mis 15 años”.

A pesar de ser la mayor de las cuatro hermanas futbolistas, Raquel, ahora de 27 años, fue la última en probar suerte en este deporte. “A los 16 comencé a jugar en el San Cayetano, luego me fui a la Ulacit, donde estuve por tres años”, cuenta Raquel, quien señaló que tras su embarazo se tuvo que retirar del fútbol. “Intenté regresar a jugar, pero no tenía tiempo y lo decidí dejar ya”.

Aun cuando no empezaron a jugar al mismo tiempo, las cuatro hermanas futbolistas pudieron coincidir en un equipo en dos oportunidades: con el San Cayetano y con el equipo de la Ulacit.

“Cuando recién todas estábamos comenzando, pudimos jugar con el San Cayetano. Fue una gran experiencia haber podido estar cuatro hermanas jugando en la cancha al mismo tiempo”, señala Raquel, quien dice que fue más divertido la primera vez.

ENTRE HERMANAS

A sus 14 años, Ruth, quien es volante de creación, fue nuevamente la primera en lograr ser convocada a la selección nacional de Panamá, en aquella oportunidad, en la categoría Sub 19.

“Estuve también con la Sub 20 y la mayor”, dice Ruth, quien ya lleva 10 años con la camiseta istmeña, con la que ha visitado 14 países. “Ha sido una muy bonita experiencia”.

Casi que con la misma línea cronológica con la que incursionaron en este deporte, Raiza fue la siguiente en ser convocada a la selección, en las categorías Sub 20 y la mayor. “Aprendí tantas cosas. Pude conocer Brasil, un lugar que siempre había querido visitar”, señala Raiza, la goleadora y única que juega delantera en la familia.

La otra convocada a vestir los colores de la camiseta nacional fue Yarukin, quien juega en la defensa. “Fue muy hermoso haber podido jugar con el equipo nacional”, afirmó Yarukin, quien jugó con la selección Sub 20.

Si bien las tres no pudieron coincidir en un solo equipo a nivel de selección, Raiza sí lo pudo hacer con Ruth en la mayor, y con Yarukin en la Sub 20.

“Fuimos juntas al panamericano y a un proceso eliminatorio”, cuenta Ruth. “Yo me sentía como una mamá y quería protegerla”.

“Adentro éramos profesionales, mientras que afuera sí compartíamos cualquier problema”, añadió Raiza.

En la Sub 20, con Yarukin, Raiza vivió casi que el mismo cuadro sobreprotector. “Como yo soy la más chica, siempre me quieren proteger”. Yarukin reafirmó esta teoría al solicitar que en los viajes las asignaran a ambas a un mismo cuarto.

UN PADRE ORGULLOSO

Mientras las cuatro hermanas recordaban sus principales anécdotas en las canchas de fútbol, en una esquina, con una sonrisa dibujada, Pedro Romero las escuchaba.

“Mi papá siempre estuvo muy orgulloso de nosotras y nunca se perdía un partido”, recuerda Raquel. “Siempre se las ingenió para comprarnos implementos a las cuatro, y lo va a seguir haciendo, porque ahora quiere que sus nietos también jueguen fútbol”.

“Yo tenía amigos en la política que siempre me ayudaron a comprar implementos”, argumentó Pedro, quien también militó en el Atlético Nacional.

Alegre de todo lo alcanzado por sus hijas, Pedro recuerda algunos de los galardones que obtuvieron. “A Ruth la nombraron, junto con Amarelis De Mera, como las mejores jugadoras de fútbol”, contó. “Raiza también obtuvo un premio como la mejor novata del fútbol femenino nacional”.

Y es que además de haber sido jugadoras, las hermanas Romero también han cumplido otros roles dentro del fútbol nacional.

Ruth, por ejemplo, fungió como árbitro de varios partidos femeninos, además de haber sido juez de línea en un compromiso de pretemporada de la Liga Panameña de Fútbol. “Estuve en eso durante año y medio, y aprendí que tomar una decisión como árbitro es algo difícil, ya que siempre vas a tener gente protestándote”.

Además, todas han tenido equipos bajo su mando en sus facetas como directoras.

Raquel dirige la Sub 9 y Yarukin la Sub 11 del Sporting, Raiza la Sub 7 de Centenario y Ruth es asistente de la selección Sub 13 de San Miguelito.

FALTA APOYO

“Cuando comenzamos a jugar cobrábamos dos dólares por juego y por práctica, que los utilizábamos para los pasajes”, afirmó Raquel. “Lo más que llegamos a cobrar fueron 70 dólares por quincena”.

Ruth, por su parte, señaló que con las selecciones siempre se cobró viáticos. “Nunca nos faltó nada”.

“No hay mucho apoyo en la liga, la gente juega es por ganas. Falta iniciativa de la empresa privada”, aclaró Ruth. “Los dirigentes en la liga tienen buenas intenciones. Yo he estado en equipos en que los directores tienen que sacar dinero de su propio bolsillo para ayudar a las jugadoras”.

Raiza también coincidió en la falta de apoyo, y lo comparó con el fútbol masculino. “El fútbol masculino sí recibe gran apoyo de las empresas. Acá, en cambio, la gente ni siquiera sabe ni cuándo ni dónde se juega la liga”.

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