SEGURIDAD ALIMENTARIA

Lluvias agudizan pérdidas en el Mercado de Abastos

El 40% de los vegetales como lechuga, repollo, apio, brócoli y coliflor se bota todos los días en el recinto agrícola, por las infraestructuras precarias.

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El transporte en cajas de madera y la falta de refrigeración incrementan el deterioro de los productos. El transporte en cajas de madera y la falta de refrigeración incrementan el deterioro de los productos.
El transporte en cajas de madera y la falta de refrigeración incrementan el deterioro de los productos.

Dieciséis mil panameños complementarían su dieta con las 30 toneladas de vegetales, hortalizas y frutas que a diario se pierden en el Mercado Agrícola Central de Panamá (Mercado de Abastos), en Curundú, ciudad capital.

Las precarias infraestructuras del recinto agrícola, el mal manejo después de la cosecha y el transporte en cajas de madera agudizan la pérdida de alimentos durante la temporada de lluvias, manifestó Yoris Morales, presidente de la Asociación de Productores y Comercializadores Agrícolas del Mercado de Abastos.

Durante la estación seca se descartan por día entre 20 y 23 toneladas de productos agrícolas, y en la estación lluviosa la cifra asciende a 30 toneladas, asegura Morales.

Sin tener una cifra exacta de las pérdidas económicas, los comerciantes del Mercados de Abastos aseguran que por día se descarta en promedio el 40% de vegetales como lechuga, repollo, apio, brócoli y coliflor. También se bota tomate, zanahoria, habichuela, cebolla y frutas como papaya y melón, entre las más comunes.

El transporte en cajas de madera y la falta de refrigeración incrementan el deterioro de los productos.

Los vegetales y hortalizas que se comercializan en el recinto agrícola se cosechan a temperaturas de entre 12 y 18 grados. Pero cuando llegan a la capital se exponen a temperaturas que superan los 30 grados.

Los alimentos se marchitan y en algunos casos los que vienen en la parte inferior de las cajas de madera se pudren, comenta Morales.

Las pérdidas se perciben con mayor frecuencia en las ventas al por mayor. De una caja de madera con capacidad para 30 libras de lechuga se descartan como mínimo 12 libras.

El desperdicio de los productos también incrementa su costo. Una libra de lechuga que se vende a 50 centésimos, cuando el comerciante la limpia y descarta las hojas podridas el costo sube a 80 centésimos por libra.

Igual pasa con el brócoli, que se vende a 90 centésimos la libra, y limpio a $1.35, el repollo se cotiza a 35 centésimos por libra y sube a 60 centésimos.

Las pérdidas de alimentos agrícolas no solo se registran en el Mercado de Abastos. En el campo se pierde el 60% de la producción por malos manejos después de la cosecha, lo que refleja una tragedia en términos de producción alimentaria.

En tierras altas de la provincia de Chiriquí, de donde proviene el 80% de los productos que se comercializan en el mercado de la ciudad capital, se descartan por mes mil 500 quintales de alimentos.

Según los comerciantes, una alternativa para reducir las mermas es el cambio de las cajas de madera por las de plástico.

Los recipientes de plástico, además de tener una vida útil más extensa, son más higiénicos, asegura Morales.

Actualmente, recurren a las cajas de madera con capacidad para 30 libras porque cuestan 2.50 dólares, pero su vida útil es más corta. En promedio se pueden hacer dos envíos, con el riesgo de que la mercancía se deteriore, advierte.

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Lluvias agudizan pérdidas en el Mercado de Abastos

Las cajas plásticas tienen capacidad para 25 libras y su costo es de 8.50 dólares, pero se pueden utilizar por un año. Además de que la canasta se puede lavar.

Otro factor que está incidiendo en la pérdida de alimentos son las malas infraestructuras del mercado más importante del país.

Los 965 comerciantes (entre permanentes y eventuales) que operan en el Mercado de Abastos no cuentan con módulos acordes con la actividad. No tienen acceso a fuentes de agua ni tampoco a refrigeración, por lo que urge la mudanza al Merca Panamá de la Cadena de Frío, denuncia Morales.

La administración del presidente, Juan Carlos Varela, ha tenido tres años para solucionar los inconvenientes del nuevo mercado, pero esto no es prioridad para ellos, asegura Yoris Morales.

Roque Maldonado, gerente general de la empresa estatal Mercados Nacionales de la Cadena de Frío, S.A., informó que están a la espera de que el Cuerpo de Bomberos de Panamá emita el permiso de ocupación y se prevé que la mudanza ocurra en enero de 2018. Cinco meses después de la última fecha establecida para el traslado de los arrendatarios del Mercado de Abastos.

“El Merca Panamá ya cuenta con el suministro de agua, ya los bomberos hicieron la inspección de las infraestructuras y la empresa contratista debe hacer unos ajustes para que se emita el permiso de ocupación”, dijo Maldonado.

Mientras se definen estos detalles, los comerciantes y agricultores advierten de que la crisis del sector agropecuario se agudiza y las pérdidas continúan en ascenso.

La merma en los productos en algunos casos crea una escasez ficticia de alimentos y una especulación en los precios.

Esto ha motivado a que los consumidores modifiquen sus patrones de consumo y se incremente la ingesta de carbohidratos, entre ellos el arroz blanco, del cual se consumen anualmente 154.32 libras per cápita, uno de los niveles más altos de la región.

Una mala selección y preparación de los alimentos contribuye a la aparición de patologías como hipertensión, diabetes, obesidad y alto colesterol, indicó la nutricionista Lissette Ramsey Quintero.

Datos del censo de salud preventiva de 2016 dan cuenta de que de 27 mil personas captadas, el 90% presentó alguna de estas enfermedades.

La mala alimentación, ya sea por comer poco, mucho, o mal, contribuye a que siga existiendo hambre y malnutrición en América Latina y el Caribe, regiones ricas en recursos naturales y biodiversidad, y con un gran potencial para la producción de alimentos, manifestó Ricardo Rapallo, oficial de Seguridad Alimentaria de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para América Latina y el Caribe

En las últimas décadas la región ha visto enormes cambios en sus patrones alimentarios, fruto de transformaciones sociales, económicas y demográficas. Hoy el 80% de la población regional vive en áreas urbanas; sus hábitos suelen ser sedentarios y las dietas tradicionales han sido paulatinamente reemplazadas por un consumo cada vez mayor de productos ultraprocesados con alto contenido de sal, azúcar y grasas, destaca el oficial de la FAO.

Para lograr cambios en estos patrones alimenticios se requiere de políticas públicas y la participación de todos los sectores del gobierno, trabajando con productores, consumidores y la industria alimentaria, asegura Rapallo.

(Con información de Aet Elisa Tejera, Manuel Vega, Ohigginis Arcia, Daniel González, Julio César Aizprúa).

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