PLANO URBANO

PLANO URBANO: El problema del transporte se agrava

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OPINIÓN

Resolver el sistema de transporte es un problema complicado. No es problema de las ciudades, es problema nacional y no estamos preparados para ello. Nos faltan instrumentos y no se ven aún.

Falta una entidad nacional de planificación nacional y regional que estudie las regiones del país y pueda definir la más productiva vocación de cada una de ellas para fomentar el desarrollo nacional. Definir las metas económicas y preparar las acciones necesarias para estudiar, promover y producir leyes que fortalezcan al tesoro nacional.

Tenemos economistas muy bien preparados para dirigir esa necesaria entidad.

Necesitamos una autoridad panameña de ordenamiento territorial que recoja la organización remanente de las áreas revertidas, su equipamiento y su equipo humano valioso y experimentado. Ahora venden servidumbres de calles y quebradas y áreas inundables. Esta autoridad estudiaría las normas y reglamentos nacionales, y cooperaría con el buen funcionamiento de las autoridades que controlen el desarrollo de los distritos del país. Su director debería ser un arquitecto urbanista destacado como los hay en el país, junto con sociólogos, geógrafos, ingenieros, ambientalistas y otros.

Requerimos aplicar, cuanto antes, la descentralización del desarrollo de los municipios, tal como definió la Ley 6 de 2006, decisión que debe estar acompañada del nombramiento en cada uno de los distritos del país, de los especialistas necesarios para dirigir el ordenamiento territorial respectivo.

La planificación urbana u ordenamiento territorial dejó de hacerse desde hace medio siglo cuando los militares clausuraron el Instituto de Vivienda y Urbanismo, dirigido por el destacado arquitecto urbanista Jorge Ricardo Riba, donde se analizaban los desarrollos de las ciudades del interior, a la par de la ciudad capital. Desde ese momento carecemos del organismo de planificación urbana (ordenamiento territorial), como toda ciudad del mundo moderno tiene en pleno funcionamiento.

El problema del transporte público se entrelaza con el transporte privado y con la vialidad existente que es extremadamente estática. Nos quedamos cortos en la creación de nuevas vías. Nuevos desarrollos van agregándose desde las vías viejas existentes, sin que haya nuevos caminos que unan a las barriadas entre sí, sin necesidad de salir a la vía principal, para entrar a un desarrollo adyacente. Por ello, desde cada barriada van agregándose ciento de carros para engrosar el tranque permanente. El transporte público se ve constantemente afectado o impedido de funcionar, por la abundancia de autos particulares que copan las superficies de rodadura y hasta los hombros de las vías, donde existan.

Definitivamente nuestro país ha sido excesivamente facilitador del auto propio, alentado por un transporte público ineficiente. Con el acceso al poder de los militares se cancelaron valiosas y efectivas empresas de transporte que prestaban un respetuoso servicio de traslado a los ciudadanos, para traspasar la concesión al conductor de cada unidad, lo que llevó al acaparamiento de autobuses a los más hábiles o astutos dirigentes Así se fue formando una mafia que ha dominado el transporte sin que ningún gobierno la controle. Ya tenemos dos agrupaciones fascistas que trancan las calles cuando gustan.

El gobierno demostró gran debilidad ante la huelga de los choferes. Debió decretar un descuento a todo aquel que no trabajara y enviar todos los autobuses, camionetas y autos oficiales a transportar gratis a los que esperaban transporte en las paradas. Pedir cooperación a todos los automovilistas privados para ofrecerles espacio y acercarlos a sus trabajos. Luego citar a una delegación al palacio. El Presidente perdió autoridad y desautorizó a su ministro, quien perdió posición al acudir donde estaban los huelguistas.

El sueño de las ciudades de avanzada del mundo es la de eliminar el auto privado, dejando esa posibilidad únicamente a los más prósperos ciudadanos, los que puedan pagar una muy costosa herramienta. La carretera Arraiján-Panamá es un premio al auto personal. La construcción allí de un carril adicional en cada sentido para uso exclusivo del transporte público, es muchísimo más urgente e importante que una tonta ciudad gubernamental que todos los urbanistas, a nivel mundial, rechazan por absurda y por ser contraria a las conveniencias de la comunidad.

Panamá tiene un vicio inicial: ha apostado a la solución del transporte individual, antes que al transporte colectivo y público. Todos los técnicos internacionales que se dedican a analizar los más efectivos sistemas de transporte han llegado, hace muchos años, a la conclusión de que el transporte individual es el principal enemigo de los ciudadanos, razón por la cual el automóvil propio debe ser gran la excepción.

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