¿MAYOR PRODUCTIVIDAD Y ALTO COSTO DE LA VIDA?

Paradojas de un país en transición

Panamá es anómalo. Su economía crece pero se reduce el poder de compra de sus consumidores, lo cual podría apuntar a futuros retos económicos.

Alguna vez se ha preguntado: ¿Cómo es posible que el país esté creciendo pero cada vez su bolsillo le rinde menos? Si es así, no se preocupe: no está solo.

La realidad es que el costo de la vida está en aumento. Tan solo a inicios del año se vio un alza de 3.36% en los indicadores de precios de alimentos y bebidas del Instituto Nacional de Censo y Estadística (Inec). Para una familia en transición hacia la clase media con cuentas ajustadas, 3.36% es una cifra con efectos palpables.

El panorama ampliado es más relevante aún: en los últimos cinco años, desde 2008 hasta el presente, estos indicadores han registrado una subida notable de 32%, convirtiendo la compra mensual de un hogar en un supermercado por $150 en una de casi $200.

En comparación a esta realidad, la economía del país ha reportado excelentes cifras de desempeño económico. La medida del producto interno bruto (PIB) cerró 2012 con $36 mil 252 millones, viendo un alza sustancial de 15.8%.

La subida en la productividad del país debería hacer mucho para reducir el costo de la vida, pero por alguna razón, este crecimiento económico no se ha visto traducido en mejores precios para los consumidores panameños.

No solo esto: los salarios han seguido la tendencia al alza del resto de los precios y han escalado. En los últimos cinco años, los salarios de mandos medios y operativos han visto un alza de 7.7% y 7.5%, respectivamente. Estas cifras son producto de un estudio de la firma de contadores KPMG que reveló que el salario promedio en Panamá es de $540.

Con una economía en expansión y los salarios en aumento, queda la pregunta clave: ¿Por qué estamos viendo un alza tan marcada en el costo de la vida?

La respuesta requiere de un análisis económico para entender los mecanismos de mercado que podrían estar detrás de este misterio y ver cómo son parte de una tendencia inclusive mayor.

El análisis parte con una mejor comprensión de la transformación que el país está viviendo y la presión que está generando sobre la economía.

Hace 10 años, para tener un marco temporal más abierto, Panamá era una economía que apenas iniciaba su transformación. El PIB anualizado del país rondaba los $13 mil millones. El Gobierno tenía pagos anuales de deuda por mil 352 millones de dólares, gastos corrientes por $2 mil 425 millones y una cartera de inversión pública de apenas $276 millones. Esto se financiaba con una entrada por impuestos de mil 163 millones de dólares.

Por su parte, la captura de dólares internacionales todavía no se había desarrollado, con una inversión extranjera directa de $791.5 millones.

Adelantemos la cinta hasta el presente y veremos una película totalmente diferente. El PIB ha crecido 180% en tan solo esta última década.

Los pagos anuales de deuda por el Gobierno han ascendido un 147% hasta los $3 mil 339 millones. Los gastos corrientes del erario se han alzado 103.4% hasta superar los $5 mil millones y la cartera de inversión pública creció un 758.6%. La entrada de impuestos ahora supera los $3 mil 536 millones, viendo un alza de 204%. Como comparación y para evidenciar la trascendencia de este crecimiento, la entrada de impuestos apenas habría crecido un 35% en la década anterior. Para terminar la película, la inversión extranjera directa ha visto un aumento de 281% hasta los $3 mil 19 millones.

Esta es una transformación profunda y radical de la dinámica de crecimiento propiciada por una larga lista de factores tanto internos como externos. Entre los internos está la recuperación del Canal de Panamá y el aumento de la competitividad del sector financiero y logístico. Los factores externos incluyen una entrada masiva de fondos producto de la crisis financiera en Estados Unidos y Europa, además de la disponibilidad de crédito más barato que resultó luego de que la Reserva Federal de Estados Unidos decidiera responder a la crisis mediante un estímulo económico.

Este enorme empuje en demanda de productividad en el país se ha dedicado a copar casi toda la mano de obra disponible en Panamá: la tasa de desempleo en 2003 rondaba el 13%, hoy esta cifra ha caído hasta ser una de las más bajas de América Latina con un 4.6%.

Pero hay más detrás de estos números. En 2003, la población económicamente activa (PEA) estaba superando los 1.2 millón de personas. Esta cifra apenas ha crecido hasta 1.6 millón durante el año pasado, un aumento de 33%, en comparación al crecimiento económico desmedido, una cifra bastante baja.

Esto comienza a apuntar hacia tres realidades que podrían estar creando una desconexión entre el costo de la vida y el poder adquisitivo del consumidor panameño .

Ante todo, una distorsión gubernamental podría estar alejando la mano de obra productiva de trabajos de menor paga en el sector agrícola. Esta distorsión, causada por subsidios que el Gobierno provee para beneficiar al sector de la construcción además de su propio consumo de nueva infraestructura, ha logrado que este sector crezca en el último año un 30%, cuando el agro apenas ha visto un crecimiento de 4.9%.

Un sector agrícola de bajo crecimiento aunado a altos aranceles de entrada de productos generaría una oferta estancada de alimentos, resultando en precios altos y constantes aperturas por el Gobierno de cuotas de importación.

A esta realidad se agrega que el mercado ya ha absorbido a la mayoría de trabajadores calificados ya que de por sí ha captado a casi todos los trabajadores disponibles.

La diferencia entre los panameños con destrezas y experiencia y aquellos que no la poseen cada día se intensifica más, mientras que los empleos solicitados se vuelven más sofisticados.

De hecho, el Foro Económico Mundial ahora lista como principal reto para Panamá su “fuerza de trabajo con educación inadecuada”. Para mejorar esto, se debe trabajar en la educación del panameño promedio para elevar su productividad y permitirle obtener un mayor poder adquisitivo.

La fórmula es completada por una mayor demanda de alimentos por la entrada importante de extranjeros, algunos comandando un poder adquisitivo más alto y por lo tanto, generando una presión que eleva los precios de los bienes básicos.

Esta realidad no es extraña. Son problemas típicos de una economía en transición entre eficiencia e innovación.

Panamá no está pasando por esta madurez sola, sino que está acompañada de otras naciones como Costa Rica, Brasil, Chile, Polonia y Turquía.

Lo adecuado será responder de forma certera a estos retos. Quedará en manos del poder público definir las prioridades que podrían apoyar al país, entre ellas, la capacitación superior de la fuerza laboral, una disminución de incentivos a la construcción para evitar el desarrollo de burbujas costosas y la apertura del mercado laboral a extranjeros para reducir la presión sobre el mercado laboral.

PANAMÁ: 2003-2013

180%

crecimiento del PIB en la última década.

103.4%

aumento del gasto corriente público.

204%

alza en la entrada de impuestos al erario público.

281%

salto de la inversión directa extranjera.

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