ENFOQUE

De riqueza y pobreza

Opinión. Muchos protestan por la desigualdad. Si queremos encontrar el punto de mayor igualdad en la humanidad tendríamos que recurrir al paleolítico, pues con los primeros avances en la industria lítica comenzó a crecer la brecha entre los que más tenían y los que menos.

La brecha que tanto le molesta se debe al desarrollo de unos frente a la carencia de otros. Este hecho nos separa de la edad de piedra más arcaica. Muchos se preguntan por la causa de la pobreza sin caer en la cuenta de que la pobreza es la situación original de la humanidad, y que lo necesario es entender la causa de la riqueza. Sobran los recursos necesarios para la riqueza de todos. La oportunidad de adquirirlos también existe con amplitud. ¿Qué es lo que falta? La riqueza es el producto del trabajo humano y la especialización en las funciones, con su corolario, que es el comercio, o sea, el intercambio de los productos del trabajo. Es impactante encontrar a tantos que piensan que el comercio es algo despreciable.

Lo que falta es una cultura sana y fructífera. El problema de la pobreza nace con una cultura de pobreza, que no es lo mismo que la pobreza cultural. La cultura de pobreza es aquella que promueve y garantiza la pobreza por mucho que se haga para eliminarla. La pobreza cultural tiene más remedio. La primera es una cultura disfuncional y nociva. Los ejemplos están a la vista: Las maras, la promiscuidad abierta de nuestros adolescentes y la incitación a ello de nuestros medios de comunicación, la dispersión en que viven nuestros campesinos y la disfuncionalidad de las comarcas con la complicidad de las leyes que le dan forma... la lista sería interminable. Lo peor es el desastre de nuestra clase política, la cual ha logrado institucionalizar la corrupción a tal grado que ha infectado todo el cuerpo de la vida nacional. En el fondo de la pobreza está el pecado, pero no solo el pecado de los poderosos, sino el mismo pecado de los pobres. El uno sin el otro no es suficiente para explicar la pobreza.

Tantos se refieren a la falta de distribución de los ingresos sin tener idea clara de lo que hablan. Los ingresos de cada uno son de cada uno, y el tratar de distribuirlos a la fuerza va en contra del séptimo mandamiento. El mecanismo natural de distribución es el comercio, por medio del cual las personas libremente intercambian los bienes y servicios que han producido por los de otros. Pero el que no produce bien alguno no tiene qué intercambiar por lo que han producido los otros. San Pablo ha dicho que “el que no trabaja que no coma”. Hay quienes no producen por no saber cómo ni qué, pero el aprender es parte del trabajo necesario. Los verdaderamente impedidos en cualquier sociedad deben ser pocos y necesitan ser ayudados, pero cuando en una sociedad hay grandes multitudes incapacitadas para la convivencia cotidiana, dicha sociedad necesita examinar su cultura. Esta es una buena tarea para todos.

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