VII CUMBRE

¡América victoriosa!: Roberto José Federico Zúñiga Alvarado

Fue la primera vez en la historia de las cumbres americanas que el Vaticano envío a un representante, misión que recayó en el secretario de Estado del Vaticano Pietro Parolin, quien trajo un mensaje de su santidad, el papa Francisco, en el que –me atrevo a decir– expresaba las directrices con las que se debía desarrollar la VII Cumbre de las Américas. El Papa, en su carta dirigida al presidente Juan Carlos Varela, expresó: “… La situación geográfica de Panamá en el centro del continente americano, que la convierte en un punto de encuentro del norte y el sur, de los océanos Pacífico y Atlántico es seguramente una llamada a generar un nuevo orden de paz y de justicia, y a promover la solidaridad y la colaboración respetando la justa autonomía de cada nación…”. Este mensaje fungió como introducción a lo que estábamos por presenciar en las siguientes 24 horas, cuando los jefes de Estado se reunirían en la misma mesa de diálogo, dejando a un lado sus diferencias por el bien y la prosperidad de América.

Y así fue, Panamá puente del mundo, corazón del universo, reunió a los dirigentes del continente en todos los ámbitos, desde líderes de la juventud, la sociedad civil y empresariales hasta los jefes de Estado y de Gobierno. Fue un evento sin precedentes, congregar a todos los actores de la sociedad americana para que discutieran y analizaran la actualidad, llegaran a un consenso y elaboraran un documento técnico de beneficio a nuestras naciones. El 11 de abril de 2015 es una fecha que debemos tener siempre presente, pues marca un antes y un después en las relaciones panamericanas.

No hubo una declaración final, sin embargo no podemos demeritar lo provechoso que fue ese magno encuentro para todos los países de América. Se elaboró un documento técnico consensuado que se envió previamente a debate para la discusión mesurada entre nuestros representantes e incluyó parte de las declaraciones de foros paralelos y otros temas puntuales, como educación y sanidad básica, y debe fungir como mandato para la acción en los países. Su cumplimiento depende de la voluntad de los gobernantes.

La discusión plenaria fue muy provechosa, con discursos enriquecedores y declaraciones que superaron las expectativas de los presentes. La mayoría de los jefes de Estado mostraron solidaridad y regocijo con el pronto acuerdo que pone fin al único enfrentamiento armado en el continente, el acuerdo de paz en Colombia. Una de las propuestas mejor acogidas fue la realizada por el presidente Juan Manuel Santos, de Colombia, que propuso la creación de un nuevo sistema institucional para aumentar la calidad educativa de la región. El estrechón de manos entre los presidentes Barack Obama y Raúl Castro acaparó las principales portadas de los diarios del mundo. Esto denotó la inminente voluntad por parte de ambos países de restablecer sus relaciones diplomáticas. Una de las primeras consecuencias de esta cumbre se dio hace algunos días cuando el presidente Obama retiró a Cuba de la lista de países patrocinadores de terrorismo.

Sin lugar a dudas, aparecerán otros temas de la agenda paralela, es decir, puntos conflictivos que la cumbre no programó, pero que son de interés para los jefes de Estado. Como la exigencia de Bolivia a Chile de un territorio costeño, que Evo Morales considera se le arrebató a su país hace más de un siglo; el reclamo de la presidenta de Argentina a raíz de que el Reino Unido amaga con tomar acciones por el añejo conflicto de las Malvinas; el pago de la deuda venezolana a la Zona Libre de Colón y a Copa Airlines, o el efecto que producirá la reunión imprevista entre los presidentes Obama y Nicolás Maduro en el Centro de Convenciones Atlapa.

En definitiva, la VII Cumbre de las Américas produjo un resultado positivo para la región, se logró un gran consenso, que debe ser objeto de seguimiento en todos los Estados. El continente es ejemplo de paz y solidaridad para el mundo. Panamá demostró su rol mediador al reunir a todos los jefes de Estado y de Gobierno. Fuimos grandes anfitriones y debemos estar orgullosos por lo que logramos unidos, sin ningún tipo de diferencia, para dejar el nombre de Panamá en alto. Y cumplimos con esta responsabilidad, gracias a los héroes anónimos que trabajaron día y noche sin descanso: los estamentos de seguridad que resguardaron a los visitantes; los funcionarios que extendieron sus horarios de trabajo; y todas las personas, principalmente, los jóvenes que se pusieron al servicio voluntario. El mensaje es claro, constituimos una sola raza mestiza –desde el estrecho de Bering hasta Tierra del Fuego– destinada a trabajar unidos en busca de la igualdad y la paz, para lograr la prosperidad y la equidad en nuestra mayúscula América.

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