IMPOSICIÓN

Clientelismo político, pacto perverso: Carlos Ayala Montero

A Macondo, pueblo donde se desarrolla la obra Cien años de soledad, del gran Gabo, los gitanos llegaban cada año a mostrar y vender novedades y se iban, sin importar si de algo les servían a sus habitantes esas novedades. Era un pacto perverso, que aprovechaba la falta de cultura y conocimiento en beneficio de los vendedores, que no tenían ningún compromiso con los compradores.

El clientelismo fue una práctica de la mafia siciliana que llegó a Estados Unidos a fines del siglo XIX. Mediante esta se daba protección a la familia o clientes, a cambio de cumplir las instrucciones de los “jefes” y ejecutar actos legales o ilegales. Hoy es una motivación fundamental en gran parte de los políticos locales; algo semejante a lo que hacían los gitanos de Macondo, pero más grave, pues lo que se vende es un voto electoral a cambio de que el político entregue al “cliente” cualquier cosa que le resuelva momentáneamente alguna necesidad (lo más duradero es un puesto en el Gobierno por cinco años). El clientelismo político le impone al país un gobierno que no tiene interés en otra cosa que no sea mantenerse en el poder y, por ese camino, se condena a la nación al subdesarrollo y la miseria.

Para el clientelismo político no existen realmente planes y programas de gobierno. Las obras se adelantan para obtener beneficios económicos personales o grupales; se publicitan como la gran cosa, con el objeto de obtener el favor popular para seguir en el poder, pretendiendo olvidar y que el resto olvide que el deber de los gobiernos es hacer las obras que requiera el bienestar popular. Por eso, con diferentes matices, los gobiernos clientelistas no consultan ni hacen partícipe a todos los ciudadanos de las decisiones que los afectan, porque si las discutieran con los interesados, seguramente, no podrían obtener beneficios.

La democracia burguesa, han escrito Julio Manduley y José Valenzuela, se concreta en hacer que la mayoría escoja a la minoría para gobernar en función de los intereses de estos últimos, y mediante el clientelismo político partidista se obtiene una base social de apoyo que aplaude, sin razonamiento alguno, todas las actuaciones del Estado, gracias al apoyo individual que cada uno de esos clientes recibe del partido en el Gobierno.

El clientelismo político necesita de la miseria, la pobreza, el desempleo y las necesidades insatisfechas hasta al más ínfimo nivel, porque mientras persista esa realidad, tendrá asegurada su existencia y seguirá ofreciendo soluciones para el momento a cambio de votos. Mientras los más necesitados no quieran salir de la sobrevivencia del día a día, en vez de pedir soluciones permanentes –aunque eso signifique condenarse a sí mismo y a sus hijos a vivir en la miseria– el clientelismo tiene el terreno abonado.

El estribillo de una canción dice: “Tú no puedes comprar la lluvia; no puedes comprar el sol, no puedes comprar las nubes, no puedes comprar los colores”. Sería muy satisfactorio que los panameños pudiéramos agregarle: “no puedes comprar mi conciencia”.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código