MUNDIAL DE FÚTBOL

Estimado ´Mister´ Blatter...: Daniel R. Pichel

Le escribo en una semana curiosa para el fútbol. Por un lado, termina un Mundial, de los mejores que tenemos memoria. El nivel de la primera fase y octavos de final fue tan entretenido, como aburrido lo que siguió. Obvio que cuando quedan menos candidatos, todos son más cautelosos y los partidos pierden atractivo. Por el otro, el lunes pasado murió don Alfredo Di Stefano, a quien muchos consideraban el mejor futbolista de todos los tiempos, pero sin la exposición mediática que tienen ahora Messi o Cristiano Ronaldo. Usted mismo lo calificó como el futbolista más completo que conoció. Yo no lo vi jugar (soy unos cuantos años más joven que usted), pero crecí en una familia de fanáticos donde constantemente escuché anécdotas sobre las maravillas de “la saeta rubia”. Sus éxitos en el Real Madrid lo hicieron el mejor equipo del siglo XX. Fue justo dedicarle un minuto de silencio en la semifinal del jueves. Don Alfredo lo merecía.

Me imagino que esto lo leerá cuando ya haya entregado la copa y después de unas merecidas vacaciones. Debe ser mucho el ajetreo que genera un evento que deja ganancias por varios miles de millones de francos.

Le escribo desde Panamá. Este pequeño país que estuvo a dos minutos de llegar al repechaje de la Concacaf contra Oceanía. Aquel día, un gol de Estados Unidos a dos minutos del final, nos congeló a tres millones de panameños que veíamos cumplido el sueño de ver a nuestra “marea roja” más cerca de un Mundial, dejando por fuera a México, ese supuesto “gigante futbolístico” de la región. Entiendo que para ustedes, eso no era bueno. Puedo asegurarle que Panamá y los panameños no hubiésemos representado lo que representó México en derechos de televisión, entradas, pasajes aéreos, etc. que comprensiblemente ayudan a incrementar los mil 300 y tantos millones de dólares que la FIFA guarda como reserva, supongo que para afrontar contingencias y desastres naturales.

Hoy termina el campeonato después de algunos partidos que pasarán a la historia. La vapuleada que Alemania le dio a Brasil será difícil de olvidar. Es el resultado justo de un verdadero equipo contra una selección mezquina, que creyó que el campeonato se ganaría gritando el himno antes del partido. Para el espectáculo, los mundiales debe ganarlo quien juega mejor durante el torneo. Eso pasó en Sudáfrica 2010, en Francia 1998, en México 1970 y en Suecia 1958. Que ganen equipos que no juegan bien, le hace daño al deporte.

Pero hay cosas que deben guiar cambios para evitar que esta fiesta que vivimos cada cuatro años, no se comience a deslucir.

Este campeonato justifica tomar más en cuenta las federaciones supuestamente débiles. Si bien Europa y Sudamérica son los continentes con más desarrollo futbolístico, el Mundial de Brasil demostró los progresos de Concacaf. África sigue con mucho potencial, aunque en los últimos campeonatos sus presentaciones han perdido atractivo. Los tres representantes de Concacaf en cuartos de final, debe hacerlos considerar un cupo adicional para los “concacafquianos”. Además, vea también que, si esa medida se toma, seguramente asegurarían que México y Estados Unidos (que aportan mucho dinero a los torneos), asistirían siempre. Piénselo, no es mala idea.

Otro tema en el que la FIFA tiene que tomar medidas, y pronto, es el arbitraje. Ha sido inaudita la actuación de algunos de los jueces. Parece mentira que en carnicerías como el juego entre Brasil y Colombia (donde hubo 54 faltas), el árbitro solamente sacara cuatro tarjetas amarillas. Inclusive, acciones como la fractura de vértebra de Neymar y el mordisco del caníbal uruguayo no se castigaron ni con tarjetas amarillas. Afortunadamente esos señores no son árbitros de boxeo, porque permitirían que los rivales se mataran a golpes. Pero eso no fue lo único. En un partido se le anularon dos goles válidos al mismo jugador mexicano, y pitaron penal después del primer gran clavado del campeonato. Sancionar a los árbitros no cambia en nada las injusticias que propician. Además, una forma de garantizar el juego limpio es como en el baloncesto: todo jugador que haga cinco faltas en un partido, recibe una tarjeta amarilla automática. Igual, si un partido va a tiempo extra deben permitir otro cambio. No sean malos...

Me imagino debe estar aburrido de escuchar sobre la necesidad de ayuda tecnológica para evitar errores. Implementar la tecnología de la línea de gol, sin afectar la fluidez del juego, demuestra que no debe ser difícil utilizar parte de las reservas “sin fines de lucro” de la FIFA, para determinar los fuera de lugar y los penales. Y no me refiero a las caídas de Robben, sino a muchos otros resultados equivocados que se hubieran podido evitar, de existir esas ayudas. Ande, anímense y hagan más justo el fútbol. Aunque eso dificultaría un poco los resultados que propician ganancias, siempre quedan las oficinas donde, las mordidas que se dan, seguramente no recibirán sanciones como las de Suárez (a quien debían enviarlo a un tratamiento con César Millán). Aunque los resultados de los partidos es bueno que no se manipulen, siempre queda la selección de las sedes y los sorteos de los grupos donde, con un poquito de maña, se logran objetivos.

En fin, señor presidente, no lo molesto más. Espero tenga unas felices vacaciones y ojalá se tome un rato para pensar qué se puede hacer para mejorar el mayor espectáculo deportivo del mundo... Los que lo disfrutamos se lo vamos a agradecer. @drpichel

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