EL MALCONTENTO

Fracasos y farsantes: Paco Gómez Nadal

A los pueblos nos gustan las pirámides, los palacios y las catedrales. Lo grande, lo pétreo, los terroríficos símbolos del poder. Nos fascina visitar la arquitectura de los opresores como imagen ahistórica de lo suntuoso: aquella pirámide del incendiado Egipto, este palacio francés desde donde se lanzaban los ataques a Cátaros y rebeldes varios, esa tétrica catedral del gótico español, aqueste conjunto de pirámides aztecas donde la sangre contaba con canales para su evacuación...

En Panamá no somos menos... e imagino que el Metro que sepulta dólares a la velocidad que la tuneladora Gloria engulle tierra, la terrible faja de asfalto que asfixia el Casco Antiguo o los carriles de ampliación que desembocan en Boquete o que extenderán Santiago harán que se olvide todo lo demás.

Fracaso A: Buceo en la historia reciente y encuentro las promesas encendidas del presidente de “Panama Corporation”, Ricardo Martinelli, hechas el 29 de abril de 2009, en el mitin de cierre de campaña que hizo en la calzada de Amador. Allí, el bravucón aseguró que él sabía cómo bajar el precio de la canasta básica. “En este gobierno [hablaba de la administración de Martín Torrijos] la canasta básica ha subido 79 dólares. En el próximo gobierno tenemos que bajar el costo de tu comida... proponemos hacer una alianza con los productores a nivel nacional para que la comida más barata llegue a tu mesa”. Y los panameños alistaron la mesa. Ese empresario de éxito, especialista en vender y comprar alimentos [no dijo que lo que sabía era especular con ellos], seguro que sabría hacerlo. Entonces habló de cosas que nadie conocía para reforzar su imagen de “experto”: la cadena de frío, dijo que él acabaría con intermediarios y especuladores. En abril de 2009, la cesta básica estaba calculada en algo más de 268 dólares y esta semana ya ha superado los 330 dólares. El drama es monumental porque la canasta básica ni siquiera incluye el precio del indispensable transporte público (que solo entre 2010 y 2011 aumentó un 12.4%) o gastos imprescindibles en ropa, artículos escolares o materiales de construcción. El Gobierno se ufanará de que esto ocurre en un país sin desempleo, pero se le olvida matizar que, según el propio INEC, el 37% de los que trabajan lo hace en el sector informal, es decir: sin derechos, sin protección, sin “seguridad jurídica”. Promesa incumplida, fracaso total, farsante uno.

El farsante uno es muy amigo del farsante dos. De hecho, en enero de 2009 sellaron un fuerte pacto y se dieron abrazos allá donde se les quisiera fotografiar. El farsante dos ahora repite lo que dijo en 2008: que no renunciará a ser el candidato presidencial hasta el final de los comicios. Será su segunda oportunidad para incumplir su palabra porque Juan Carlos Varela, a pesar de mentar a Dios más de lo debido, no puede ufanarse de ser sincero ni de mantener su palabra. Vuelve a decir el candidato –hasta ahora– del panameñismo que gobernará “para el pueblo” y, para demostrarlo, propone descuentos fiscales a quien invierta en la educación privada... eso sí, para cubrir el flanco “popular” diseña un proyecto de letrinas, que eso suena a pobre y queda bien. Fracaso permanente B.

Panamá está llena de salvadores de la patria que acumulan fracasos como amasan millones. Ni uno solo de los tres candidatos partidarios conocidos hasta el momento tiene éxitos políticos reales y sí muchas vergüenzas que esconder.

Varela apuesta al olvido de su connivencia con el gobierno Martinelli. Lo mismo hace Vallarino o todos aquellos que vieron cómo el Ejecutivo ordenaba la represión de los movimientos populares o violaba los derechos humanos fundamentales. Apostarle al olvido. Martinelli le apuesta a las pirámides. Los próximos meses serán un carnaval de inauguraciones a bombo y platillo, de fuegos de artificio para que nadie pueda recordar, para que nadie tenga la mente despejada. Ese es el Panamá de los feriantes: el de los destellos y el ruido, el de los fracasos y los farsantes disfrazados de próceres y de ejecutivos. Sin embargo, como muy bien sabe Martinelli, los partidos panameños se juegan el país a las cartas en las comidas y allí, frente a unos costosos platillos, lo que importa no es lo que se es, sino lo que se puede ganar. Lo único que no falla es el transfuguismo, el botelleo y el “juega vivo” de alta estopa.

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