RESPONSABILIDAD

¿Mandar o gobernar?: Robin Rovira Cedeño

Una cosa es ejercer dominio (mandar) y otra cosa es ejercer autoridad (gobernar). Ejercer dominio es ejercer compulsión. Ejercer autoridad es ejercer derecho. Derecho en virtud de lo que se consigna en un papel llamándole “ley”, o derecho en virtud de la posición con que ha sido investida una persona y que demanda cierto respeto o deferencia. Como en el caso de un padre de familia, o como en el caso de un Presidente; es lo que llevó a George Washington a decir: “La idea misma del poder, y del derecho, del pueblo a establecer un Gobierno, presupone el deber que tiene cada individuo de obedecer al Gobierno establecido”.

En este sentido, señalaba en mi artículo “Al Presidente electo Ricardo Martinelli” (La Prensa, 17 de junio 2009) que: “no hay libertad absoluta sin responsabilidad. Hasta el punto que hayamos aprendido a ser responsables, hasta ese punto tenemos derecho a ser libres. Ciudadanos responsables se traduce en mucha libertad. Ciudadanos irresponsables se traduce en leyes severas que limitan su actuar o libertad; lo que nos induce a pensar que la democracia no es la misma en todos los países, porque la democracia de cada país está ligada intrínsecamente a la manera de ser o idiosincrasia de sus ciudadanos”.

Todavía, en relación a la ley, señalaba en mi artículo “Primeros 100 días de gobierno” (La Prensa, 10 de octubre 2009) que: “la función de un gobierno no es la de administrar sino la de gobernar. Y esto es así porque gobierna en función de leyes, no con base en meros procedimientos lógicos. Si algo tiene que administrar un gobierno, entonces, son las leyes”.

En ese camino de administrar las leyes un gobierno debe ejercer la autoridad, no la compulsión. Y éste tal vez sea el error más grande de un gobierno: no saber fijar en la mente de los ciudadanos o no convencerlos correctamente que de lo que se trata es de hacer valer la ley. O en el mejor de los casos, de no hacer méritos para que se respete su posición o investidura por aquellas mismas personas que una vez lo establecieron como gobierno.

No está de más mencionar que cuando decimos que la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, significa que la democracia es el gobierno de la mayoría. Pero una mayoría para ser legítima debe ser razonable (Thomas Jefferson). Lo que presupone que la democracia auténtica descansa sobre lo razonable y no sobre una voluntad de la mayoría per se. Conceptualizar la democracia solo sobre la base de una mayoría, a expensas de la razón, entraña peligros. Porque despojarse de la razón es despojarse de la conciencia. Y despojarse de la conciencia es despojarse de la verdad. Y despojarse de la verdad es despojarse de Dios. Y despojarse de Dios es pertenecerle a la muerte: Cronos devorando a sus hijos.

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