MIRADA HISTÓRICA

Memorias del 9 de enero: Olmedo Beluche

El 9 de enero de 1964 marcó un punto de quiebre de la política de Estados Unidos (EU) en Panamá. Ese día eclosionó la experiencia acumulada del pueblo panameño, que había enfrentado la presencia colonial en la Huelga Inquilinaria de 1925, el Movimiento Antibases de 1947, la Operación Soberanía y la Siembra de Banderas.

Al conocer la agresión sufrida por los estudiantes del Instituto Nacional, de la bandera mancillada por los zonians, de la brutal represión de la soldadesca yanqui, el pueblo reventó de indignación y se hizo presente en una multitud para cruzar la cerca y plantar una bandera. Tumbados en el piso cerca a lo que hoy es el Palacio Legislativo, miles se enfrentaron, con valor, a la metralla de los tanques. Eran dirigidos por caudillos de organizaciones de izquierda como el Partido del Pueblo, con Adolfo Ahumada o Víctor Ávila; los de Vanguardia de Acción Nacional, de Jorge Turner, y el Movimiento de Unidad Revolucionaria, de Floyd Britton. Se organizaron los llamados Comités de Defensa de la Soberanía, que llenaron un vacío por la ausencia del gobierno en las calles. Estos comités organizaron desde la consecución de armas hasta la defensa y el ataque. La organización civil se expresó con donaciones de sangre y transporte de heridos a los hospitales (ver Significado y consecuencias del 9 de enero, J. E. Stoute, Mujeres Adelante No. 13, 1989). Una columna de entre 40 y 60 mil personas rodeó la Presidencia de la República en demanda de armas para enfrentar la agresión imperialista. El gobierno de Roberto Chiari decidió dos medidas contrapuestas: una, encuartelar a la Guardia Nacional para que sus armas no fueran usadas por el pueblo en defensa de la soberanía; dos, para apaciguar la furia popular, rompe relaciones diplomáticas con Washington.

La insurrección, en las calles de Panamá y Colón duró tres días, tiempo en el que se quemó todo símbolo o propiedad de EU, desde el edificio de la aerolínea Panamerican, las sucursales del Chase Manhattan Bank, hasta decenas de automóviles con placas de la Zona del Canal.

El sacrificio de los mártires y la insurrección popular no fue en vano. Supuso una victoria que se fue configurando en el tiempo y que hoy se siente en el país. Se impuso el criterio que hasta ese momento solo defendían sectores populares de izquierda, de que había que acabar con el estatuto colonial de 1903, derogar el Tratado Hay-Bunau Varilla y negociar un nuevo tratado del Canal, que eliminara la Zona, las bases militares y traspasara la administración de la vía en un plazo perentorio. El Tratado Torrijos-Carter de 1977 reflejó esas demandas, pese a sus enmiendas y al Pacto de Neutralidad. La prosperidad económica que hoy campea en el país se debe a la gesta del 9 de enero, porque se basa en los ingresos que el Canal produce y que antes Panamá no recibía. Es lamentable que gran parte de esta prosperidad sea apropiada por unos cuantos en detrimento de la mayoría.

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