PREGUNTAS

Moral cristiana y ateísmo: Clarence C. King

Los valores morales, esos patrones o normas de bien, maldad o ética que gobiernan el comportamiento del individuo, pueden derivarse de la sociedad y su gobierno, de la religión que profesa o de sí mismo. Cuando se derivan de la sociedad y sus gobiernos, pueden, por necesidad, cambiar las leyes y la moral de la sociedad. En las sociedades romanas antiguas, las leyes y la moral se basaban en los 10 mandamientos. La religión tiene sus códigos morales bajo los cuales sus adherentes deben vivir. El cristianismo va más allá de otras religiones por representar más que una serie de códigos morales; una relación con Dios a través de su hijo Jesucristo. La vida de Jesús es nuestro ejemplo supremo de moral y valores. El cristianismo promociona esos valores y resalta su importancia.

Si los ateos quieren deshacerse del cristianismo, deben mostrar que tienen un sistema de creencias altruistas para sostener y guiar a los humanos. Si solo tienen una fe utópica de que el mundo será mejor sin religión y, simplemente, echan por tierra los valores tradicionales, sin edificar alternativas, estarán fomentando sin preverlo, una revolución cultural.

A los ateos y reaccionarios les encanta citar los males pasados de la Iglesia como prueba de que la religión es nociva. La Iglesia católica, no obstante las presiones y las debilidades morales de parte de algunos de sus maestros humanos, nunca ha variado la fe en su doctrina. Es claro entonces, que nuestras creencias son críticas a nuestro comportamiento moral.

Mientras que la gran mayoría de la población mundial cree en Dios, o en algún Dios, el asunto de la creación, como teoría de origen, sigue debatiéndose en la sociedad y nuestras creencias acerca de la creación, definitivamente tienen efecto sobre nuestro comportamiento y pensamiento moral. Aquel que tiene dudas sobre un creador supremo, la única opción que parece le queda es adherirse a sus propios patrones morales. Si no contamos con normas absolutas de moral y verdad, el caos y conflicto resultarán, al ser dejada la humanidad a sus propios deseos.

Todos aquellos que dudan de la existencia de Dios deberían preguntarse ¿cómo llegamos aquí? Solo tenemos dos respuestas: o alguien hizo el mundo o el mundo se hizo solo; y hasta que alguien demuestre que el mundo es capaz de crearse solo, Dios es el creador. El diseño increíble de todas las cosas del universo implica un diseñador. Las leyes naturales de causa y efecto, de gravedad, de termodinámica, etc., implican un legislador. A menos que podamos explicar cómo cada una de esas cosas existe, sin recurrir a una fuerza sobrenatural, y encontrar evidencias empíricas para apoyar nuestra conclusión, Dios es el creador. Si Dios existe o no, dependerá de la habilidad de aquellos que dudan de su existencia poder refutarlo. La carga descansa sobre los ateos para validar su posición. La respuesta a esa pregunta fundamental, es un prerequisito para contestar otras grandes preguntas: ¿De dónde venimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es nuestro propósito? ¿Cuál es nuestro valor intrínseco? Y ¿qué pasa cuando nos morimos?

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