EL MALCONTENTO

Panamá bajo cero: Paco Gómez Nadal

Durante algunos días fue una broma habitual entre los amigos. Un candidato con soluciones para todo había descubierto que la clave para Panamá era criogenizar al país. Esto se le ocurrió mucho antes de descubrir el metro, o las bases gringas ´encurratás´, o las cintas costeras sin fin, o... en fin, o tantas cosas buenas que este buen hombre ideó para su finca-país. Lo cierto es que entonces, cuando sólo era un candidato cuya torpeza quedaba camuflada por el billetón que lo respaldaba, la Cadena de Frío nos parecía lo máximo. El capo de los supermercados asegurándose el producto fresquito y controlando todos los eslabones de la distribución en la finca-país (o país-finca, que a los efectos prácticos se conjuga igual).

Es cierto que si dudábamos de sus capacidades en ingentes tareas de megainfraestructuras o de políticas públicas, sí imaginábamos que tendría destrezas para algo tan lógico y sencillo como la Cadena de Frío: ese es su sector y algo sabría. Las dudas comenzaron cuando confundió su súper con la finca-país y puso de jefe de la seguridad nacional al encargado de evitar los robos menores de sus grandes comercios... o cuando puso a su contadora de confianza a contar los reales que se malversan en la finca... perdón: en el país.

La confusión entre realidad y supermercado iba demasiado lejos y, de seguir ese tono, el capo de los pasillos de mercancía también tendría la tentación de vender cualquier cosa que cayera en sus manos, o de especular con la finca-país como hacía con sus importaciones.

Todo llega. La constatación de la desgracia también. El capo le ordenó a su junta legislativa elegida a dedo y controlada por chequera (entiéndase: la Asamblea Nacional) que aprobara una ley a medida de sus intereses para privatizar una Cadena de Frío que aún no existe cuatro años después de anunciarla a bombo y platillo y para instalar una junta directiva en la que el control quedara bajo su égida. Su junta de legisladores ni siquiera quiso camuflar la ley con pequeños cortafuegos que impidieran a toda la familia del capo controlar la caliente Cadena de Frío. No hace falta ya disimular en la finca-país, donde ningún negocio se hace sin participación del clan gobernante.

Así las cosas, la contadora privada hecha contralora pública nunca nos dirá cuánta plata se robó en las obras de mercados y centros de acopio dilatados y engordados artificialmente para mayor beneficio de concesionarios y amigotes. Tampoco importará quiénes compren el 49% de un negocio en el que no habrán tenido que invertir ni un céntimo, que para eso ya se ha endeudado el Estado y, por tanto, cada ciudadana y ciudadano panameño. Lo importante no es que las verduras lleguen en buenas condiciones a los nuevos mercados prometidos, sino la plusvalía especulativa que los nuevos dueños del negocio hagan con ello.

La única esperanza de que el apaño sea un desastre es que para cuando la Cadena de Frío esté terminada (se inaugurará al completo aunque no funcione, como ha ocurrido con los dos primeros centros de acopio), ya no quedará casi producción nacional. La merma en hectáreas cultivadas con este gobierno es de escándalo y si el capo de los supermercados dejara una monumental hipoteca en forma de deuda externa, también asegurará que la soberanía alimentaria del país sea una pesadilla que él solucionará con su importadora de lujo.

La ecuación Martinelli es compleja, porque nunca sabremos qué es más grave: si todo lo que está robando sin disimulo o el daño mortal a la ya frágil institucionalidad democrática del país.

Los “imperdibles” del Gobierno, los asuntos que el capo fijó como de obligado cumplimiento, tenían todos detrás una buena razón de negocio para ser impulsados. Ninguno se quedará sin realizar. Esta administración es capaz de hacer plata con todo: con la salud, con el transporte, con la alimentación, con la seguridad... Y Panamá, mientras, queda bajo cero, paralizada ante el frío reflejo de los edificios de metal y vidrio, apabullada ante la creciente autocracia, comprada con cheques de bajos fondos que compran voluntades y silencios mientras los fondos de verdad son transferidos de las arcas públicas a las cuentas privadas del clan del poder y de algunas empresas nacionales y extranjeras elegidas.

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