ALCANCE SOCIAL

Pensar críticamente la filosofía: Abdiel Rodríguez Reyes

El 29 de julio de 2005, en la 33 Conferencia General de la Unesco, realizada en París, se aprobó que el Día Mundial de la Filosofía se celebraría cada tercer jueves del mes de noviembre. En la misma reunión se señaló que esto “permitiría organizar diálogos abiertos y pluralistas a escala mundial sobre la relación de las sociedades con el saber y con el conocimiento”.

La proclamación fue el resultado de una propuesta del Reino de Marruecos en 2004. Uno de sus objetivos: “alentar el análisis, la investigación y los estudios filosóficos sobre los grandes problemas contemporáneos para responder mejor a los desafíos con que se enfrenta hoy en día la humanidad”. Así el tema de la transdisciplinariedad cobra vigencia en los retos que tienen las humanidades en las investigaciones científicas.

Este año, entre 4 y 10 de agosto, se llevó a cabo el XXIII Congreso Mundial de Filosofía, en Atenas. El presidente del comité organizador, Konstantinos Vuduris, en declaraciones a la agencia EFE, señaló que “el filósofo tiene que establecer un diálogo con el mundo político”. Esto significa que parte de su difícil tarea es articular un discurso crítico sobre los temas más acuciantes de la política contemporánea.

Para enseñar filosofía, es imperante conocer si la sociedad quiere aprender algo de esta materia, y si esta es capaz en última instancia de enseñarle. Este breve ejercicio de reflexión que parece simple es todo lo contrario, resulta ser complejo porque se plantea el desarrollo histórico de la propia disciplina y su contexto. La filosofía no es una cuestión ajena al desarrollo histórico de la sociedad, sino crítica de la estructuración de esta. Muy bien lo recalcó Theodor W. Adorno: la filosofía es “algo no particular”. Un análisis en esa dirección es cercano a las ambiciones de la filosofía idealista alemana del siglo XIX, en especial de Hegel, quien la plantea como una ciencia. Con una explicación satisfactoria en sí misma, desprendiéndose de los accidentes subjetivos. Se trata de comprender lo que es y lo que da. Una renuncia a pensar en ese sentido es la muerte del espíritu.

Una forma sencilla de explicar el complejo mundo del pensamiento hegeliano es plantearse que para tener acceso al todo, no es viable el análisis particular del conocimiento. Esto afectaría el movimiento – devenir, ya que el conocimiento no está en estado de reposo. La frase lapidaria de Hegel: “el capullo desaparece al abrirse la flor” queda inmortalizada en cada momento que se trate de forzar al conocimiento a quedarse estático o validar una parte de este como un todo.

Demostrar esta particularidad que tiene la filosofía se ha convertido en fuente enriquecedora de los debates contemporáneos sobre su accesibilidad; lo que pone al filósofo en una difícil posición.

Adorno señala que “esta fatalidad tendrá que asimilarla el que no se deje apartar de la filosofía” que, en resumidas cuentas, supone no tener concesiones con el pensamiento superfluo y convencional propio de la sociedad contemporánea.

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