NUEVO GOBIERNO

Rechazo al continuismo: Carlos Guevara Mann

En cinco elecciones presidenciales consecutivas, el electorado panameño ha rechazado el continuismo. Sobre esa base, es posible colegir que opera en Panamá una inclinación favorable al voto opositor.

Ni el uso descomedido de recursos estatales, ni el bombardeo propagandístico, ni la intimidación, ni las campañas sucias surten efecto cuando el repudio al oficialismo está firmemente arraigado en la psique colectiva.

Pueda ser que finalmente los presidentes entiendan que si intentan prolongar su mandato –ya sea directamente, como lo pretendió Pérez Balladares en 1998 o indirectamente, como trató de hacerlo Martinelli en esta ocasión– lo más probable es que les saldrá el tiro por la culata. Ojalá aprendan la lección y no vuelvan a someternos a la zozobra, el desasosiego y el malestar que, en esta vuelta, produjo el infortunado empecinamiento por aferrarse al poder.

El rechazo al continuismo explica el triunfo de la oposición, pero no revela por qué el electorado prefirió a Juan Carlos Varela sobre Juan Carlos Navarro. Para entenderlo habría que considerar elementos adicionales.

Varela se presentó como un candidato más genuino y comprometido con el sistema democrático, quien –además– logró forjar una alianza electoral. Navarro, por el contrario, no logró proyectar autenticidad y tampoco pudo cohesionar su partido alrededor de su candidatura.

Según los resultados preliminares disponibles al momento que escribo, el caudal de votos que obtuvo es inferior al número de adherentes del PRD. En el caso de Varela, el caudal de votos que obtuvo supera ampliamente el número de inscritos en el Partido Panameñista y el Partido Popular.

A pesar de haber formado parte de la administración de Martinelli, Varela logró distanciarse del gobierno de turno. Acerca de Navarro, por el contrario, se destacó que su “círculo cero” coincidía en gran medida con el del actual Presidente, lo que afectó la candidatura del PRD.

La fórmula de Varela fue hasta el último minuto objeto de ataques arteros, a los que respondió, no con la misma moneda, sino con propuestas de combatir la corrupción, el descalabro institucional y las malas condiciones de vida. El público ponderó positivamente su actitud ante la campaña sucia y lo interpretó como un aspirante con credibilidad y solvencia moral.

Su gran desafío es mantener y solidificar esa reputación. Si la deja caer, pasará a la historia como un fracaso más y otra gran desilusión.

El llamado del Movimiento Nueva República a votar por Navarro parece haber favorecido a Varela en alguna medida. A la porción del electorado que se preocupa por la democracia no le agradó que le dijeran cómo votar, menos aún si la sugerencia era apoyar a un partido que desde su fundación en 1979 hasta el desalojo de la dictadura militar, 10 años más tarde, se dedicó con denuedo a impedir el establecimiento de un régimen democrático en Panamá.

Si a nivel presidencial el clientelismo no surte efectos determinantes, sí los proporciona en las elecciones a otros cargos de votación popular. Esta observación, que también puede deducirse del ejercicio efectuado el 4 de mayo, es particularmente evidente en las elecciones para diputados.

Estimulado por el clientelismo, el electorado ha elegido (o reelegido) a tránsfugas, delincuentes y traficantes, lo cual –según informaciones aún no definitivas– configurará una Asamblea Nacional de espanto en el período 2014-2019. Según datos preliminares y faltando 7 escaños por adjudicar, al oficialismo corresponderán 29 curules; 22 al PRD y 12 a la alianza de Varela.

He aquí otro desafío importante que Juan Carlos Varela deberá superar en estricto apego al sistema democrático. Si bien el gobierno debe actuar en “armónica colaboración” con la Asamblea, dicho esquema –enunciado en la Constitución– no debe abarcar, en el próximo período ni nunca más, el transfuguismo y alquiler de diputados que han caracterizado por muchos años a la política panameña y se han acentuado bajo la administración próxima a expirar.

Para sortear los obstáculos que en este y otros campos se le presentarán, el presidente Varela deberá recurrir a la prudencia y destrezas de colaboradores sensatos y comprometidos con el sistema democrático, aunque no pertenezcan a su entorno inmediato.

Su hermano José Luis, con muchos años de experiencia en la Asamblea Nacional –quien además es asesorado por uno de los juristas más brillantes del foro nacional– será instrumental para forjar consensos democráticos en la cámara legislativa, sin incurrir en las triquiñuelas, chapucerías y corruptelas a las que los políticos de la era democrática nos tienen acostumbrados.

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