EDUCACIÓN

Urge un trato preferencial a nuestra ´cenicienta´: Carlos E. Rangel Martín

Conversando con una pareja de alemanes, concordamos en que la mayor necesidad de Panamá hoy día es una educación pública de máxima calidad, porque esta es la piedra angular del verdadero desarrollo, algo que también ayudaría a resolver o reducir otros problemas, como la alta criminalidad.

No es coincidencia que los sistemas educativos de los países más adelantados, también sean los mejores del mundo. Una carreta no avanza sin bueyes que la halen, y una prosperidad que, además de sostenida, sea equitativa es inalcanzable sin una robusta educación pública allanando el camino.

Recientemente, el rey de Akyem Abuakwa, un pequeño estado sureño en Ghana, África, expresó algo que ojalá calara en la conciencia de todos nuestros ciudadanos: “La pobreza y la discapacidad no deben ser un obstáculo para el aprendizaje y la educación. De hecho, la educación y el aprendizaje deben ofrecer un escape de la pobreza”.

Lamentablemente, nuestros políticos típicos prefieren que la mayoría de la población permanezca sumida en la ignorancia, para poder engañarla más fácilmente al momento de las elecciones y al momento en que ellos dilapiden los fondos del Estado; y la única forma de superar esta situación es ayudando a elegir a candidatos interesados en mejorar la educación.

Tenemos que reorientar hacia la educación pública los fondos programados para obras que son innecesarias (como la masiva propaganda gubernamental), nocivas (como la propuesta autopista sobre el mar, que perjudicaría el carácter histórico del Casco Antiguo, o escandalosamente costosas (como la ampliación con asfalto a la vía Tocumen, que nuestro Ejecutivo descaradamente contrató a $21 mil por metro linear).

Igual que si comparamos joyas verdaderas y joyas de fantasía, muchos títulos que hoy día otorgan los institutos y las escuelas públicas (con la excepción de algunas escuelas públicas con profesorados selectos) son certificados de fantasía. Una adecuada educación pública no puede reducirse a recibir mendrugos, como unas ensalzadas ayudas para pagar la matrícula, los libros y los útiles de cualquier número de estudiantes, quienes, de otra forma, permanecen atascados en un sistema educativo desarrapado; sino que requiere de adecuados programas, escuelas y facilidades, mayor capacitación de los maestros y suficientes fondos para poder, al menos, triplicar la calidad promedio actual de la educación.

Un ejemplo de que esta empresa es realizable lo tenemos en la India, que hasta hace poco era considerada como una nación del tercer mundo, pero que, habiéndose dado a la tarea de perfeccionar su educación pública, ahora es considerada como una de las nuevas potencias económicas mundiales para finales del presente siglo, junto con Brasil, Rusia, China y Sudáfrica.

La educación debe ser un proyecto de Estado para beneficiarnos al máximo de algunos proyectos que, como la ampliación del Canal, debieran aumentar la calidad de vida de todos los panameños; y para evitar que, como considera nuestro Presidente, en vez de capacitar a más panameños para terminar el trabajo de ampliación, sea preferible traer trabajadores capacitados de un país mucho menos desarrollado que supuestamente ya los tiene.

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