EL MALCONTENTO

Votar antes de botar: Paco Gómez Nadal

Botar un país no es tan difícil. Para hacerlo con profesionalidad es imprescindible una alta cuota de desprecio. Desprecio por su gente, desprecio por su alma, desprecio por su historia... Lo que parece más complicado es hacerlo tan rápido y de una forma tan integral. La casta política panameña lo está consiguiendo gracias al acelerón de podredumbre que ha provocado Cambio Democrático y su líder.

Botar Panamá al tinaco del fracaso precisa de sus rituales. Unos se celebran con cisternas y culecos que remojan las conciencias hasta humedecerlas tanto que ya no funcionen, pero el ritual principal se cumple en unos días, cuando los verdugos obligan a las víctimas a poner papelitos en una urna y certificar así que se está de acuerdo con la tortura.

Para que la técnica funcione es importante que el desprecio esté activado al 100% y en campaña es cuando se comprueba si es así. En este caso no hay duda. El desprecio a la diversidad, a la dignidad y a la libertad individual se consumó con la firma del vergonzoso “pacto por la vida”, un panfleto inquisitorial que dejó claro el matrimonio heterosexual indisoluble entre la más rancia Iglesia y el más oportunista politiqueo del país. El desprecio por la cultura –ese casi cotidiano– se escenificó con la cancelación de uno de los actos más importantes del panorama de las letras locales utilizando como vulgar disculpa el cuerpo aún caliente de un Nobel ajeno. El desprecio por la voz y el alma de un pueblo no ha cesado y toma cuerpo en el río Tabasará, donde en una trinchera real como la vida misma, se enfrentan los ciudadanos que defienden lo común con una policía al servicio de los poderosos (a los que protege con denodado esfuerzo el “gobierno de los empresarios”).

Una campaña electoral sirve, además, como estrategia de entretenimiento masivo. Permite, de esa manera, seguir violando derechos mientras los medios de comunicación y la opinión pública están entretenidos con la nada. Miren si no hasta cuándo esperó la Policía para entrar a desalojar a punta de perdigón los campamentos de resistencia de los ngäbe en el Tabasará, o cómo pasó de inadvertido el conflicto en la isla de Pedro González, o cómo se han ignorado los datos sobre pobreza infantil o embarazos adolescentes... Nada tiene que ver con los candidatos, ni una propuesta, ni una referencia, ni un poquito de corazón.

La semana que viene, cuando todo haya pasado, no habrá cambiado nada. Las luchas serán las mismas, el desprecio será igual. Los pueblos, en realidad, no pueden permitirse el lujo de olvidar cada cinco años. Saben que los políticos no son sus aliados y que el poder solo existe para su propio beneficio.

Llegará el día, aunque faltan muchas lluvias para eso, que sea el pueblo el que bote a los aprovechados del poder para despejar el camino de corruptos, ladrones, vulgares usurpadores de la historia de un país. De momento, cuando despertemos el lunes, tendremos que imaginar nuevas formas de fiscalizar lo que se hace y de juzgar lo hecho. Es cierto que tenemos casi garantizada la impunidad judicial, pero tenemos derecho al juicio moral. Para no botar la dignidad nos tocará activar esos mecanismos de justicia popular. Ya saben: de momento a votar... ya llegará el día de botar.

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