VANIDAD

La verdad absoluta no existe: José Espinosa Riquelme

Pareciera existir en el escenario mediático patrio un afán desmesurado, no solo por aumentar o disputarse la audiencia o sintonía (rating) entre las televisoras, sino también el de medir fuerzas de poder, prestigio o popularidad, sin importar sus protagonistas, si forman parte de una misma empresa, corporación o medio de comunicación. En el fondo considero que se trata de pura vanidad. Ningún periodista serio puede decir, afirmar o arrogarse para sí el hecho de pensar o considerarse que su labor o funciones comunicativas sea más honesta o importante que la de otro.

Todo en esta vida es relativo y de acuerdo con el cristal con que se mire. Un hecho puede ser noticia para uno y para otro simplemente no lo es. De un mismo accidente u hecho ocurrido siempre se desprenden versiones o interpretaciones diferentes.

Lo importante es dar a conocer los hechos con todos los elementos posibles, de modo, tiempo y lugar en que se ven involucrados los actores, para que cada quien se forme un juicio de lo acontecido.

Quienes tienen el privilegio de difundir noticias e informaciones diarias sobre la realidad social, por el carácter de su profesión, deben tener claro que las opiniones, comentarios o ideas que viertan a través de un medio de comunicación, si bien es cierto influyen en la sociedad, no gozan de por sí de la verdad absoluta. Sencillamente, porque son seres humanos capaces de equivocarse.

Así es que resulta intrascendente ventilar ante los medios que X o Y comunicador tiene mayor prestigio que otro, porque se considera que mejor habla, o tiene mayores vínculos que el que no lo tiene, o dispone de los recursos económicos para expresar sus ideas. Tampoco eso nos da derecho a pensar que somos infalibles o unos dioses para que nos prodiguen algún tipo de reverencia.

Hay gente que está ciegamente convencida de que sus comentarios, ideas, manifestaciones o pronunciamientos deben ser tomados absolutamente como ciertos, y si no compartes lo que piensan o tienes un criterio distinto, te consideran abiertamente su enemigo.

He tratado en mi vida con este tipo de personalidad. Simples mortales, como tú y yo, embebidos por la fama; que al convertirse en ricos y famosos pierden los estribos y perspectivas de todo comportamiento equilibrado y ecuánime. Al final terminan siendo autoritarios, arrogantes y patanes. No aceptan la menor crítica en su contra, porque piensan que los demás deben hacer exactamente lo que ellos dicen, como si el libre albedrío no existiera.

Podemos ser personas exitosas, emprendedoras, proactivas y contar con todo un abanico de virtudes, pero si en la vida no aceptamos o comprendemos con humildad, que cada quien tiene su lugar, su espacio o su momento histórico, habremos perdido el honor y credibilidad en nuestras acciones presentes y, posiblemente, futuras.

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