SOCIEDAD Y GOBIERNO

De crímenes, asaltos y percepciones: Domingo Espinosa G.

Gran consternación han causado los últimos asesinatos y asaltos contra la población, al punto de que muchos ciudadanos se sienten desprotegidos y tienen miedo de salir a las calles, sobre todo en horas nocturnas. Prefieren recogerse temprano y permanecer bajo la protección de los barrotes de hierro, en una especie de casa por cárcel. ¿Cómo llega un país, administrado por el Gobierno escogido por los propios ciudadanos, a estos niveles de violencia? ¿Cuándo se perdió la visión de país hospitalario?

Las autoridades deben responder estas y muchas otras preguntas para afrontar el problema, salvo que los delincuentes estén en el Gobierno, y parece que de eso hay algo. El político debe entender que él tiene que buscar el bien común.

Aún desconocemos si el Gobierno tiene una política criminalística de Estado para prevenir y atacar el delito. Si la tiene parece que no funciona, porque los delincuentes, organizados o no, les llevan la delantera a las autoridades. Preocupa la participación de los menores de edad en muchos actos delictivos. ¿Cuál es la génesis de ese fenómeno? Las autoridades analizan de dónde proceden las armas que utilizan y que meten hasta en las cárceles ante la mirada disimulada de los encargados del sistema penitenciario. Deben poner más atención, pues siendo Panamá un país de servicios solo la seguridad y la paz social garantizan el pleno desarrollo de las actividades productivas, y esa es función del Estado, que dicho sea de paso tiene un presupuesto abultado, con diferentes estamentos de seguridad de frontera a frontera, mar y aire, pero con resultados magros.

Los periodistas y comunicadores sociales de medios serios reportan las noticias, tal como ocurren. Malamente alguien se dedicaría a inventar hechos, sobre todo de crónica roja. Por esto, no deben decir que son “percepciones” y tapar el problema. Más bien deberían redoblar esfuerzos y diseñar un paquete de políticas públicas que logre minimizar la delincuencia.

Como quiera que hay delitos como el narcotráfico, lavado y blanqueo de capitales, que tienen conexión internacional, y que a ese nivel tal negocio ilícito no lo hacen menores de edad, sino delincuentes de cuello blanco, les toca a las autoridades investigar. La solución del problema no solo estriba en corretear a los presuntos pandilleros, sino ahondar en el origen del problema. La estrategia de mitigar la violencia que azota al país debe tratarse con una política criminal consensuada y flexible; evaluada en su implementación y, si no funciona, hacer los ajustes necesarios. El solo hecho de que Panamá sea un país de tránsito y de servicios, lo coloca en la mira de los delincuentes. Si el Gobierno no los enfrenta con firmeza, encontrarán el terreno abonado para sus fechorías. También les conviene a las autoridades limpiar la casa, pues es más grave el delito que se promueve desde el propio Gobierno (como ya ocurrió), y un Estado delincuente es un mal ejemplo para sus ciudadanos y el mundo.

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