CONMEMORACIÓN

Los estudiantes de hoy: Dorindo Jayan Cortez M.

Cada 27 de octubre es la fecha para conmemorar el Día de los Estudiantes y reconocer su valor como fuerza del cambio generacional. Bajo esta generalidad, nos referimos a todos aquellos que han superado de forma exitosa las etapas en su proceso de formación y se sitúan en el peldaño de la “vida profesional”: los estudiantes universitarios.

Habría que preguntar: ¿qué tanto han variado las aspiraciones y motivaciones de esa masa juvenil que lleva sobre sus hombros ser estudiantes panameños? Además, ¿qué tanto se han transformado los comportamientos respecto a lo que era aquel mundo sin las tecnologías que ahora impregnan cada aspecto de nuestro quehacer social? Debemos preguntar por el modelo de juventud de los años recientes y superar el criterio –muy extendido– de que en el pasado “todo era mejor” o que “las cosas no son como antes”.

Es cierto, los estudiantes de ahora son diferentes a los de ayer. No se trata de si éramos o no más inteligentes, más creativos y responsables, al respecto hay ideas diversas. Se trata, más bien, de la forma en que una u otra generación interpreta su entorno y la manera como reacciona. Desde luego, la cotidianidad, es decir, lo que hace o deja de hacer una u otra generación (con el estudio, por ejemplo), varía en razón de que la sociedad también es distinta, por los adelantos de hoy.

La sociedad que tenemos es producto de la evolución de la sociedad de ayer. En ese tránsito los patrones cambian en distintas direcciones, debido a que aparecen otras formas de educación, una televisión masificada, los celulares y, con ellos, la concentración en las pequeñas pantallas y la distracción. En fin, surgen nuevos valores y, por tanto, una manera particular de ver las cosas. Con los patrones que ahora vivimos se incentivan motivaciones y retos antes inexistentes. De esto deben ser conscientes los estudiantes universitarios. Apenas estamos en la raíz del conocimiento y de las tecnologías que prometen ser revolucionarias para las próximas décadas. A pesar de todos esos cambios, se debe combatir el modo de convivencia humana que nos pone de cara a un mundo poco solidario, indiferente y apático a las colectividades, porque ahora lo que parece predominar es el acervado individualismo. Hay que resistirse a ese modelo y, en esa tarea, la juventud estudiosa tiene un reto mayúsculo en los años venideros. Los estudiantes tendrán un futuro prometedor, siempre que la ética y la moral de esta sociedad conflictiva (con poderes que irradian los malos ejemplos) les permita sobreponerse al caos y al oportunismo, y que no sea la antiescuela la que predomine en las conductas del profesional del mañana.

Es preferible una juventud estudiosa que protesta por las reivindicaciones, en lugar de aquella dedicada a las malas acciones; la que opta por la organización frente a los problemas nacionales, en vez de la drogadicción; la que grita consignas, en vez de tomar las armas. En fin, un estudiantado con visión crítica de su realidad, que una juventud que se sumerge en el vicio, en la indiferencia y en el “no me importa”. Estudiantes, miremos hacia lo alto.

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